Autor: Meseguer Sánchez, Manuel María. 
 Referéndum. País Vasco. En la Moncloa. 
 El presidente, "tranquilo bajo presión"  :   
 Suárez manifestó que "esperaba más participación en Cataluña". 
 La Vanguardia.    26/10/1979.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA VANGUARDIA * REFERENDUM • PAÍS VASCO • VIERNES, 26 DE OCTUBRE DE 19

En La Moncloa

El presidente, «tranquilo, bajo presión»

Suárez manifestó que «esperaba más participación en Cataluña»

Madrid, 25. («La Vanguardia».) — «En Cataluña esperaba una participación quizá más elevada», dice Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, vencida ya la tarde y con los datos, todavía calientes, que le acaban de proporcionar Josep Meliá y Alberto Aza. A media hora del cierre de las urnas, continúa mudo el terminal conectado con el ordenador que en el Ministerio del interior dará información a los periodistas madrileños. Alberto Aza matiza al presidente el ascenso de participación en Guipúzcoa. Suárez aparece relajado, tranquilo. Si no fuera porque en este momento, a las siete y media del histórico veinticinco de octubre, se encuentra estudiando con Pérez Llorca el Estatuto de Autonomía de Galicia, hoy podría haber sido la jornada menos autonómica de cuantas han jalonado su mandato.

Ya no le preocupa tanto el jueves, el hoy, como el viernes y los siguientes días de los post-referéndums: «La respuesta de ETA; pera el de ETA es un tema que me preocupa todos los días», dice el presidente del Gobierno sin cesar de medir la alfombra del despacho de Alberto Aza a grandes zancadas, quizá sin creerse todavía del todo >la tranquilidad en las votaciones, confesando que no descartaba que esa misma noche, o mañana, por hoy... Recuerda el episodio del túnel de Barcelona: «Yo he pedido que se ahonde, que no se tapa todavía el túnel del todo, que se busque cualquier posible conexión, por difícil que sea». La conversación discurre sin notas —«Esto no es una entrevista, ¿verdad?—, sin más pretensiones que la de conocer el estado de ánimo del presidente del Gobierno en un día nuevamente histórico: «Si se pudiera concebir de nuevo a España, habría que hacerlo en función de las autonomías». Y sin embargo, nada de especial se produjo hoy.

Como todos los días

Como todos los días, el presidente bajó a su despacho oficial sobre las diez de la mañana.

Los periódicos, confidenciales e informes/Urgentes habían acompañado el primer café del día y era momento ya de reunirse con sus colaboradores: Meliá, secretario de Estado para la Información; Alberto Aza, director de su Gabinete; Bregolat, director de Estudios; Recarte, director de organización; Aurelio Delgado, Jefe de la secretaría particular. Sólo, faltaba a la cita José Coderch, secretario general del Gabinete, que se había desplazado a Cataluña.

Con la rutina diaria se fueron estudiando los ternas por áreas hasta bien entrado el mediodía.

En ningún momento se aludió a los referendums: «Ya habían sido tratados y hoy no era tema propio de despacho». Ni siquiera se llegó a decir: «¿A ver cómo sale?». En medio, alguna llamada telefónica del ministro de Defensa o de Gabriel Cisneros, que se encargaba de la coordinación con los gobernadores civiles de las provincias en pie de urnas. Dos cafés en el curso de la reunión. Y cigarrillos, todos los cigarrillos.

González Seara despacharía después con el presidente. La autonomía universitaria aparece estancada sin decidirse a llegar a las Cortes. Almuerzo de Suárez con su familia y audiencia a un representarte del Morgan Trust. Todo muy tranquilo «La tranquilidad bajo presión», recuerda Bregolat, catalán de Lérida, quien confiesa que al principio le costó acostumbrarse a esta apariencia de que nunca pasa, nada en las jornadas más tensas. Hoy, Bregolat, después de la reunión del Gabinete, se encerró a «hacer papeles»», a sacarlos adelante. Alberto Aza tampoco destaca nada especial que distinga el día de las autonomías de cualquier otro día.

Habla con Bregolat en un perfecto catalán. Quizás lo único distinto es que se encuentre hoy aquí un periodista hablando con el presidente, informalmente, mientras ellos asisten a sus largas zancadas, arriba y abajo, hablando con su voz un poco opaca, directa. Sin embargo, aunque entrecortada por la respiración: «Los resultados solamente se van a poder apreciar bien a medio plazo; & corto plazo, no tanto: hay varios miles de personas accediendo a lo que llamamos clase política y eso precisa un aprendizaje».

Suárez se extiende en consideraciones sobre la clase política, su alejamiento del pueblo. Falta conexión. Los informes que se abren sobre su mesa aseguran que al pueblo español le preocupa, sobré todo, la violencia, la situación económica, el paro, «y a bastante distancia, la estructura del Estado, las autonomías». Y esto hace que alguna vez dude si la clase política no estará desconectada de las demandas reales de la sociedad.

«Una carrera de obstáculos»

Todo se está haciendo de nuevo, asegura el presidente, a quien le gusta repetir que nos encontramos —se encuentra el Gobierno— como en una carrera de obstáculos: «Apenas se ha dejado un pie en tierra ya hay que buscar impulso para el siguiente obstáculo». Por ejemplo a las siete y media, estudiante el último Estatuto el gallego, y luego, a las nueve, consultando los resultados, a ver si coinciden con los datos y las previsiones, o escuchando el primer escrutinio de la jornada realizado en Oreja (Guipúzcoa): de los quince votos emitidos, catorce síes y uno en blanco. En las últimas legislativas también hubo quince votos: todos para Herri Batasuna.

Se supone que al presidente ha estado en contacto con el Rey todo el día, por teléfono. Tan pronto se despida del periodista y crea que «para la mañana del veintiséis pedirá a los catalanes responsabilidad», volverá a su despacho a pegarse al teléfono, a liarse en los papeles, que ya le dibujan el próximo obstáculo de su «tranquilo, bajo presión», mandato presidencial.

— Manuel María MESEGUER.

 

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