Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   De Damocles a Txiki Benegas     
 
 Informaciones.    26/10/1979.  Página: 34. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Cartas Parlamentarias

DE DAMOCLES A TXIKI BENEGAS

Por CANDIDO

DE piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera. U y yo me be quedado de piedra al leer su exabrupto de que exigiremos a E.T.A. que deje de matar». De modo que usted cree que nadie se lo ha exigido hasta ahora o que basta que se lo exiga usted para que se transforme en una organización vegetariana y de pulso y púa. Txiki, Txiki. Usted, y todos, seguiremos estando bajo la espada de Damocles, que no era mía, sino del tirano Dionisio de Siracusa. Yo era el que estaba debajo de la espada. Una espada en suspenso sobre mi cabeza, sostenida por una crin de caballo. En cualquier caso, si usted consigue que E.T.A. deje de matar le hago una ovación.

ESTAMOS sobre el triple trapecio de 1» dialéctica. Conseguida la primera síntesis, la E.T.A. volverá a ser la antítesis, y ustedes serán nada más que la tesis. Y, además, una tesis oficial. Esa nueva antítesis avanzará un punto para situarse no contra el Estado, sino contra el Estatuto de Guernica. Hegel no era oscuro, simplemente hablaba en alemán. Según lo que ustedes hagan «desde» el Estatuto, la E.T.A. les será o no favorable. Y no se le escapa que si ustedes se reducen a moverse dentro del Estatuto, reconociendo sus límites, la E.T.A. regresará efectivamente al «anti-establishment», pero entonces frente a la tesis de Guernica. ¿Va comprendiendo, Txiki? ¿Se hace cargo de que ustedes son ahora el maldito Estado, los burócratas, la clase dominante? ¡Qué se le va a hacer! Ustedes, di. gamos, eran la Convención, algo así como un cuerpo popular, relativamente democrático. Pero ahora corren el peligro de convertirse en «la dictadura de la Convención». Hay otras alusiones, en la Revolución francesa, a «la dictadura de la Comuna de París». Es la dialéctica, Txiki, que no inventé yo.

SE bien que en las campañas de propaganda no se formulan ideas, sino «slogans», frases rotundas, profecías pluscuamperfectas. Pero es que usted se ha pasado de optimismo, Txiki. Usted va a exigir que la E.T.A. deje de matar porque sabe que si lo pide por favor no va a conseguir nada. Ande con tiento, no le vaya a pasar lo que a aquel señor que gritaba enfurecido, dispuesto a la horrible venganza: «¡Y me dio una bofetada!» Para añadir con. una cierta perplejidad científica: «Por cierto, que me dolió.» Uste exija, pero poco. Y sobre todo sin levantar la voz, no sea que vaya a asustar a los «etarras», que precisamente ahora están estudiando el Estatuto y no tienen la cabeza para ruidos. Por una vez que están bañándose en la duda metódica y con la fusila colgada de 1» espetera, quiere usted ha. cerles ¡sus! y ponerles el alma en un hilo. No me los cabree, Txiki, que esa gente es capaz de armar un tiberio por nada. Cuanto más porque les chillen en la oreja mientras hacen ejercicios espirituales.

NO olvide lo hablado. Son ustedes, los del cogollo estatutario, los que están ahora debajo de la espada, que, según le he dicho, no era mía, sino que es. taba malignamente suspendida sobre mí. De repente los cochinos centralistas son ustedes, y van a tener que demostrar su fibra democrática, que es una fibra que nunca se acaba de tejer, tanto como la ha demostrado, a pesar suyo, el centralismo-matriz del que ha salido el Estatuto. Por eso conviene que vaya olvidando el exigir cosas a E.T.A, y querer someterla a normas de obligado cumplimiento, porque es capaz de dejarle a usted, a Garaicoechea y a los demás como el gallo de Morón, o sea, sin plumas y cacareando. Este que lo es. Damocles.

 

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