Autor: Sáenz de Heredia, José Luis. 
   Hoy a García Serrano     
 
 El Alcázar.    26/10/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

FRANQUEO concertado

HOY A GARCÍA SERRANO

QUERIDO Rafael: Siempre, lo sabes bien, estoy contigo; con tus puntos de vista, con tus argumentaciones, con tus nostalgias, con tus colores y hasta con tus repartos de deyecciones. Manifestarte el gozo, aparte de todas estas identificaciones, que me produce, como lector, tu estilo periodístico, sería como verme obligado a escribirte casi a diario, cosa que ni conviene ni hace ninguna falta. Lo que se sabe bien, se sabe sin oírlo, y lo que se siente bien, se siente sin decirlo. Pero hoy tengo que saltarme por alto todo esto y escribirte, porque acabo de leer tu «Necrológica anticipada» y me he sentido aludido, con vergüenza y dolor, en esa salutación que con tanta razón como tristeza entregas (en «doblaje» de la de Silio Itálico a los héroes saguntinos) «a todos los españoles vivos el día 25», y que, por su tremendo valor de fustazo a los mercaderes, voy a repetir ahora: «¡Vosotros, almas de gallina, hermanas de los chirriones; almas cuya vileza no igualará edad alguna venidera como no conoció semejante ninguna pasada; almas vomitadas, frías, deshonor del mundo, puerca e innoble muchedumbre, esputos infrahumanos; id a emporcar con vuestra mierda las peores letrinas del Universo!»

Del latigazo, según tú dices, «no nos libramos, del Rey abajo, ninguno». Y en eso creo que, quizás, el estallido de tu indignación te rompe un poco las gafas y te vuelca la artesa de medir. Esa jaculatoria tan tremenda, por tan verdadera, no puede ser dicha con justicia a «todos los españoles», por dos razones que estimo, fundamentales. La primera, que, aunque nosotros lo consideremos así, hay españoles que han estado enfrente de ti y de mí antes y ahora, precisamente para no ser españoles, y a ésos es otra jaculatoria la que les irá bien el día 25 y la que para su desgracia y la nuestra (o al menos la tuya y la mía) les seguirá incumbiendo mucho después, porque eso de «dejar de ser españoles» no es tan fácil como ellos creen y dicen, aunque se parcele la finca con notarios forzados y escrituras atemorizadas; las metralletas festoneando las urnas alumbrarán el «sí», el Parlamento lo aceptará como convenga (que aún no sé cómo será). Monzón, Letamendía y Castells serán felicitados y exonerados efusivamente... y a pesar de todo eso, el Atleti de Bilbao y la Real Sociedad seguirán jugando la Liga y los idiotas comprando chocolates de esas fábricas tan estatutarias.

La segunda razón, que me hace sacar del «todos los españoles» a unos cuantos, es la de que entre los que siempre hemos estado al otro lado de las autonomías, creo que hay un apreciable montón, a los dos lados del « 18 de julio», que ni queríamos este desguace, ni acreditamos ser «almas de gallina» en aquella ocasión. La mayor causa de aquel doloroso enfrentamiento no fue la de partir y repartir a España como a un pan de pastores, sino otras que para decir verdad y gracias a los cuarenta años de acercamiento y de meditación, hoy subsisten, sí, pero mucho más entendidas de un lado y encorbatadas del otro. Esas razones no creo que pudieran llevarnos, hoy, a otro enfrentamiento así, y de eso es de lo que se han aprovechado los auténticos facciosos para organizar en beneficio suyo esta becerrada que, aunque de momento yo no creo que consigan elevarla a corrida seria, sí creo que con el tiempo podrá dar lugar a que vuelva a filtrarse ese mal virus que nos visita cada medio siglo.

Pero si no es «con el tiempo», sino con más apremio y de un modo o de otro hubiera un «requerimiento por siniestro», creo que todos los que estuvimos volveríamos a estar, porque ni entonces ni ahora tuvimos «alma de gallinas». Y si algunos de entonces han dejado ver, como ese pobre Víctor de la Serna, que ahora la tienen por evoluciones inconfesables de contextura aún más despreciable, súmese al activo de los nuestros todos esos buenos troncos que ya están dando ramas en el mismo campo de tu España y la mía.

O sea, la de José Antonio y la de Franco.

El día 26 de octubre, pero del año que viene, volveremos, querido Rafael, a comentar éste de ahora. Y Dios quiera que los dos tengamos motivos de satisfacción por haber acertado.

Un fuerte abrazo.

José Luis SAENZ DE HEREDIA

 

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