Autor: Narbona, Francisco. 
   La gira de Carrillo     
 
 Arriba.    15/05/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

LA GIRA DE CARRILLO

4 Santiago Carrillo le ha salido redonda su gira por Andalucía. Málaga. Córdoba, Almería,

Sevilla... han visto desfilar al secretario del Partido Comunista de España, en un paseíllo torero

pródigo en aclamaciones y aplausos. Multitudes de quince mil y de veinte mil personas —

aunque reunidas a base de «excursión» a la capital, porque paga el Partido— atestiguan que el

PCE recaba su papel de protagonista y no se conforma con el de comparsa, que algunos

sondeos de opinión le atribuyen. Carrillo lo ha dicho: «Esos señores se llevarán una sorpresa.

Sacaremos un porcentaje superior al que nos conceden.» Y si se hace la cuenta se

comprende. Si a un mitin comunista van veinte mil personas hay que pensar que el 15 de junio

el Partido podrá obtener un número de votos superior a esa cifra. En una crónica señalé que

entre socialistas de diversas obediencias y comunistas. Andalucía mandaría a las próximas

Cortes más de treinta parlamentarlos, entre diputados y senadores. Creo que me quedé corto.

El PCE va a llevarse la tajada del león, del voto situado más allá de la frontera de al

moderación, para entendernos mejor. En Cádiz. Rafael Alberti tiene segura la plaza. En

Málaga, que ya tuvo un diputado comunista, el doctor Bolívar, en el Parlamento elegido en

noviembre de 1933. a lo mejor salen dos. En Sevilla puede suceder lo mismo. No se olvide que

también Sevilla tuvo su diputado comunista en las Constituyentes republicanas: José Antonio

Balbontín, que si bien fue elegido por una coalición de extrema izquierda —capitaneada por el

Partido Revolucionario de Ramón Franco, Rada, Soriano, etc.—, luego se Inclinó hacia el

comunismo moscovita. (Entonces no existía lo del Eurocomunismo.) Y quedan Córdoba.

Huelva, Granada, Jaén y Almería. A diputado por provincia ajusten ustedes la cuenta.

Santiago Carrillo ha celebrado en su apresurado itinerario andaluz varias conferencias de

Prensa. En ellas, más que en los mítines decide, como es lógico, se dice siempre lo mismo, el

secretario del Partido demostró su rapidez y agilidad para la polémica menuda. Le tiraron con

bala, pero se defendió bien, insistiendo en sus arrobos místicos-patrióticos-democráticos, que

—¡qué mala uva tienen algunos!— nadie se cree. En Málaga dijo que el PCE puede convivir

con la Monarquía, "si se trata de una Monarquía democrática». (Me imagino que las sombras

de Víctor Manuel de Italia, y las todavía arrogantes, aunque destronadas. Majestades de

Simeón de Bulgaria y de Miguel de Rumania, habrán sonreídos indulgentes.) Justificando la

postura táctica de moderación —que algunos achacan al P CE—, añadió: «No es cosa nueva.

Siempre nos ha criticado la ultraizquierda. En la guerra, porque decíamos que lo primero era

ganarla. No nos hicieron caso y la perdimos. Pero yo he visto los programas de esos partidos

no legalizados injustamente, y veo que en ninguna de nuestras reivindicaciones ellos van más

allá en sus programas.» En Córdoba, tocando de nuevo la tecla de la reconciliación, afirmó; «A

mí, io que me preocupa en este país, es que haya todavía gente que piense que los problemas

pueden resolverse por la fuerza. Que se sientan Inclinados a resolverlos por la fuerza. Eso es

lo que me inquieta, y tanto en lo que a mí concierne como a mi Partido haremos todo lo posible

por evitarlo.»

En Sevilla, los grupos extremistas tenían preparadas interrupciones. Pero luego, cuando vieron

el éxito de Carrillo, que llenó el campo de fútbol de Dos Hermanas, debieron desistir de hacer

públicas sus quejas.

Naturalmente, Carrillo contó siempre con la bandera bicolor como fondo, aunque abundaran las

otras: las rojas. De enseñas tricolores, nada. No faltaba más.

El tema más picante del prólogo electorero surgió en Sevilla, con motivo de la «componenda»

de la candidatura de !a Federación de la Democracia Cristiana. Aquí se había creído, al calor

de la "Resistencia» democristiana, un grupo titulado Partido Popular Demócrata de Andalucía,

con ramificaciones en Cádiz y otras provincias limítrofes. Había también un grupo de

seguidores de Ruiz Jiménez que, incluso después de crearse la Federación, jugaba por libre.

Lógicamente, a la hora de confeccionar la lista de candidatos parecía lógico que se contara con

ellos. Pues... no fue así. De Madrid se impuso como capitán de la candidatura a| notario de

Alcobendas. don Carlos María Bru, de la Comisión Ejecutiva del partido de Ruiz Jiménez, y

como segundo se coloco a un hijo de GilRobles, Enrique, que vive aquí La Directiva del PPDA

se consideró despreciada, puso el grito en el cielo y lanzó sus truenos contra «Madrid»,

diciendo que vaya espíritu «federalista» el de la Federación, y que vaya castaña, con los

candidatos cuneros. Hay en el aire un revuelo de «excomuniones» políticas y hasta el propósito

de impugnar la candidatura, cosa que legalmente creo que no será posible, puesto que los

nombres que figuran en la lista está claro que son —y tanto— de la Federación de la

Democracia Cristiana.

Francisco NARBONA

(Sevilla)

Domingo 15 mayo 1977

 

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