Autor: Garrudo, Manuel. 
   ¡Que vienen las autonomías!     
 
 El Alcázar.    26/10/1979.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Crónica del Dinero

¡QUE VIENEN LAS AUTONOMÍAS!

Y A están aquí, de manera irremediable, los entes autonómicos de Cataluña y Vasconia. Y ya están aquí también, o lo estarán en fecha próxima, los problemas que traen en el terreno económico, y que serán más grandes, sin duda, a medida que vayan entrando en funcionamiento los demás gobiernos regionales.

Como todo el mundo les veía venir, son muchas las personas, y también las instituciones, que dedican su atención a estudiar las posibles repercusiones. Dos son las principales desde el punto de vista que interesa a esta sección: las que se refieren a la financiación de esas autonomías y las que se refieren a los obstáculos que encontrarán las empresas —bancos, industrias y organizaciones comerciales— con ramificaciones en todo el territorio nacional. O dicho con el lenguaje puesto en uso por quienes presumen de avanzados y van llevando a España a la situación en que estaba durante la época anterior a los Reyes Católicos: a las empresas con ramificaciones en las distintas nacionalidades.

El Círculo de Empresarios es una de las instituciones que ha mostrado interés por estudiar los problemas que se nos vienen encima y aunque lo ha hecho con ánimo de no molestar a nadie —el capital siempre es cobarde— y en términos un tanto retorcidos, como si quisiera esconder tras las expresiones retóricas las ideas que no se atreve a expresar, dice cosas enjundiosas. Por ejemplo, y esto demuestra que son muchos los españoles que comparten las mismas ideas: «Los conceptos de autonomía y autogobierno, homologados por la Constitución con referencia a las Comunidades Autónomas, son precisos en su significación literal. Pero en su aplicación en la práctica y en su funcionalidad se inscriben en un arco muy amplio de posibilidades y restricciones enmarcadas, en principio, por la Constitución y en el fondo sujetas a una dinámica de tensiones, presiones y coacciones que lo mismo pueden conducir a un equilibrio inestable que provocar una ruptura de hecho con el proceso en su conjunto. En su sentido más elemental y primario, autonomía es la facultad de una comunidad de darse leyes a sí misma; autogobierno es esa misma facultad referida al conjunto de decisiones políticas, administrativas, económicas, etcétera, que permiten gobernarse por sí misma a esa comunidad, directamente por sus miembros o por su representación institucionalizada. En consecuencia, tomadas en su sentido absoluto, autonomía y autogobierno significan la independencia de una comunidad.»

El Círculo de Empresarios trata después de echar agua al vino con sus disquisiciones en torno a los atributos del Estado, cuyo oscurantismo resulta patente y es impropio de los hombres de negocios que representa, acostumbrados a llamar a las cosas por su nombre, sin preciosismos ni camuflages como éste:

«Las notas de supremacía e independencia connotan la idea de soberanía como jerarquía máxima no sujeta a ninguna instancia de poder. Este absolutismo del concepto se explica históricamente porque el Estado hacia afuera se constituye en un mundo de Estados; esto es, un sistema de relaciones pacíficas o polémicas en el cual es requisito indispensable intitular y tener reconocida esa soberanía para obligarse y ser sujeto de obligaciones y derechos en la Comunidad ínter-nacional. Hacia el interior, por cuanto que el poder del Estado, en cuanto que soberano, goza de un primado absoluto e intangible sobre los poderes institucionalizados territorial o sectorialmente, que disponen de un repertorio "tasado" de facultades propias, pero sujetas y amparadas bajo el poder soberano; esto es, bajo el poder del Estado.» Como se ve, todo muy claro.

A la hora de enjuiciar el régimen financiero de las comunidades autónomas, el Círulo de Empresarios señala que ese régimen tiene que incidir forzosamente en la economía del orden estatal en que se integra y en la distribución de recursos y cargas entre las distintas comunidades. «Este aspecto es, sin duda —añade con su estilo gongoriano— desde el punto de vista empresarial el más relevante, en tanto que la empresa tiene que enmarcarse en su implantación, desarrollo y actividades en el nuevo orden de economía pública autonomizada y por ello será preciso estudiar la legislación marco sobre la materia y las características de cada Estatuto en particular, que en su régimen de recursos y en la ordenación de sus gastos públicos podrán asumir peculiaridades propias.»

Apañadas están, decimos nosotros, las empresas extendidas por todo el territorio de este país, antes llamado España, que deban acoplar su organización, sus normas de conducta y hasta su tributación a las reglas que emanen de todas las comunidades autónomas, además de atender a las directrices que dicte con fuerza de obligar el Gobierno de Madrid. Porque aparte de las facultades derivadas de la autonomía financiera que reconoce el artículo 156 de la Constitución, las comunidades podrán incrementar los restantes ingresos con «sus propios impuestos, tasas y contribuciones especiales». Ante esto, las empresas podrán decir aquello de que éramos pocos y la abuela vino a incrementar la familia. Porque ahora que los Presupuestos Generales del Estado obligan a elevar la presión fiscal, como medio de atender a los múltiples compromisos políticos y a las jugadas más o menos dudosas en favor del sector público, vendrán los entes autonómicos imponiendo nuevos tributos.

Se dice, y con razón, que las autonomías y hasta la propia democracia, resultan siempre caras. Pero no conviene exagerar y hacerlas imposibles, porque luego protesta la gente y por ello se le acusa de querer desestabilizar el régimen, tan pachucho el pobre, cuando en realidad le están desestabilizando un poco cada día la incompetencia y la falta de visión de nuestros gobernantes: preocupados, sobre todo, de conservar el poder.

Manuel GARRUDO

 

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