Vascos y catalanes votaron en paz. 
 Tarradellas votó, legalmente en Barcelona y Cervelló     
 
 Diario 16.    26/10/1979.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

DIARIO16/26-octubre-79

NACIONAL.

BASCOS Y CATALANES VOTARON EN PAZ.

Tairadellas votó, legalmente, en Barcelona y Centelló.

El honorable Josep Tarradellas i Joan, presidente de la Generalidad provisional de Cataluña, votó ayer en dos ocasiones. Y lo hizo legalmente. Después de hacerlo en la Ciudad Condal, se trasladó a Cervelló para depositar el voto delegado de su hijo, residente en Suiza. D16 siguió a Tarradellas en su jornada de ayer.

Barcelona (MANUEL QUINTERO, enviado especial) — Una lluvia implacable despertó ayer la jornada del presidente Tarradellas, alrededor de las nueve de la mañana.

No obstante, su habitual buen humor le indujo a manifestar, antes de desayunar, que «habrá unos buenos resultados para Cataluña, hecho este que no cabía presumir hace cuatro días, ya que todo varió a partir del acto de afirmación del Estatuto en todos los Ayuntamientos el día 21. Así que al mal tiempo buena cara».

El honorable desayunó café con leche y galletas, y sobre las diez de la mañana empezó a leer los periódicos, uno a uno, y con especial dedicación la prensa de Madrid. Después despachó con el consejero de la Generalidad, Ortínez, y organizó su fin de semana con protocolo.

Tarradellas irá a Bellmont a ofrecer un homenaje a Domenech, un viejo periodista catalán que permanece en el exilio y que se batió el cobre con tinta de periódico en los tiempos del Estatuto de Nuria.

A votar

A las doce y cuarto, Tarradellas avisa a su esposa, Antonia Maciá, de que hay que ir a votar. Le dice que «no vayas a votar no, eh» y sale de la Casa de los Canónigos, su residencia habitual, que se comunica con el palacio de la Generalidad por un puente, como el de los Suspiros, sobre la calle del Obispo Irurita.

En ese momento en palacio suena un timbre. Todos los mozos de cuadra, en su sitio. Aparece Tarradellas.

Llueve de forma torrencial sobre Barcelona. El presidente lleva un terno azul gris y sale sin gabán. Ni un mal gesto por el mal tiempo. Se moja. Le ponen un paraguas. Y empieza la comitiva camino del vto asado por agua.

Estaba previsto que fuera caminando hasta el colegio electoral, pero los planes de protocolo son una cosa y el hombre del tiempo otra (el miércoles se había anunciado sol sobre la Ciudad Condal).

Asi es que no hay más remedio que coger el coche y luego seguir a pie por un vericueto de estrechas calles del barrio Gótico hasta llegar a un colegio nacional innominado, de aspecto lúgubre, del distrito primero, donde le esperaba una nube de fotógrafos y periodistas.

Es allí donde Tarradellas hace sus primeras declaraciones públicas de lo que puede ser su último acto público. Habla el presidente : «Siento emoción en estos momentos de mi segunda vez ante el Estatuto y siento optimismo porque sé que Cataluña votará que sí» (la sombra de la abstención flota entre el agua de nube y la comodidad burguesa).

Autogobernarnos

Dice más Tarradellas: «Son dos etapas distintas las de los dos Estatutos. Pero una misma voluntad general: autogobernarnos.» Saludos por doquier, sonrisas. Todos quieren tocarle. Tiene carisma el venerable y muy honorable presidente. Habla con los niños y se deja reverenciar por una dama.

Después, a Cervelló, su pueblo natal, en el Llobregat, 35 kilómetros. Ha de ir porque su hijo el ingeniero ecologista de la ONU y trabajador en Lausana le ha dado poderes, a través del cónsul en Ginebra, para que vote por él.

Llega directamente a la escuela nacional. Un teniente de la Guardia Civil pega un taconazo, se cuadra y le dice: «A la orden de usted, mi presidente. Sin novedad en el servicio.» Después, la entrega del voto delegado, paseo por el pueblo: «Ahí jugaba yo, ahí me caí una vez», y charla con el alcalde. En Cervelló declara Tarradellas que «la de hoy es una jornada familiar».

Mientras, Tarragona alcanza la cota más alta de agua, que llegó a ser a las siete de la tarde de 55 litros por metro cuadrado. Barcelona estaba a esa hora en 24; Gerona, en 26, ¡y nevaba en las montañas de Lérida!

Su video

El presidente se reincorpora a su domicilio por la tarde y su máxima preocupación es que venga el electricista de una pajolera vez, porque quiere que le instale el video. Quiere versé en su última intervención del cierre de campaña. Quiere verse en sus declaraciones a la tele ayer.

Recibe a un periodista y el resto de su tiempo lo dedica a firmar. Lo firma todo, después de haberlo leído. No deja a nadie firma delegada.

De vez en cuando pregunta cómo va la cosa. Y la cosa, a las diez de la noche, no superaba el 60 por 100 de participación, y eso que, por orden de la Generalidad, y a causa de la lluvia, se autorizó a que los colegios electorales no cerraran a las ocho en punto, para que pudieran depositar la pápela los indecisos del último minuto.

Mientras, Tarradellas escuchaba por el filtro de su ventana las sardanas de la plaza de San Jaime, la más romana y medieval de Barcelona.

 

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