Veinticinco de octubre     
 
 ABC.    27/10/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. SÁBADO, 27 DE OCTUBRE DE 1979. PAG. 2.

VEINTICINCO DE OCTUBRE

No es fácil centrar en un solo comentarlo editorial los significados de las dos primeras consultas populares destinadas a refrendar ¡as normativas autonómicas. De suerte que si en el primer comentario de urgencia [ver página 6 de nuestra tercera edición de ayer) advertíamos el notorio desajuste entre el nivel de participación habida en Cataluña y Vascongadas y la importancia otorgada por los partidos todos a los respectivos Estatutos, en esta seégunda glosa de tan serios acontecimientos hemos de partir del primer hecho político directamente relacionado con ellos. Nos referimos a lo manifestado en le madrugada de ayer, en Bilbao, por Carlos Garaicoechea, máximo representante del PNV y presidente del Consejo General Vasco.

Plantear como el señor Garaicoechea hizo, sobre el escrutinio recién concluido, la cuestión y el problema de Navarra, es cosa que define al referéndum vasco menos como solución a un problema que como la definición de otro. Como el enunciado de un conflicto donde se cuestiona la definida españolidad de la autonomía y de las libertades de Navarra. Y como quiera que la presión sobre el foralismo navarro (el fuero existe en cuanto que presupone la existencia, la esencia y la Idea de España] no se actúa principalmente por las demandas políticas del Partido Nacionalista Vasco, sino por las acciones del más crudo y sincero expansionismo etarra, dos son las conclusiones a las que nos vemos obligados a llegar: la de que el señor Garaicóechea abre una coartada política, una pantalla de justificación, para que el activismo etarra pueda esquivar, los contenidos de solución que el Estatuto ofrece para Vizcaya, Álava y Guipúzcoa y polarice sus actuaciones en Navarra. Y la de que el propio asunto de Navarra, aunque segundo peldaño en la estrategia de los herederos de Sabino Arana, no agota la escala de sus ambiciones expansionistas.

Habrían de venir, tras de Navarra, las reivindicaciones de Huesca, de Santander y de la Rioja toda. Pero a lo que íbamos, al margen de las bromas y de la fantapoíítica sabiniana, lo indiscutible es que el presidente del ente preautonómico vascongado, al trasponer el umbral de la autonomía plena, !o primero que ha hecho ha sido enunciar la colisión con la autonomía de otra tierra española, la más vividamente española de todas.

Hecha esta demorada observación sobre la impaciente sinceridad del «lendakari» peneuvista y regresando a la contemplación global de lo deparado por los dos referéndum, es necesario señalar cómo la abstención ha sido en Vascongadas menor que ante el referéndum constitucional, mientras que en Cataluña ha sido mayor en este caso que en la ocasión aquella. También conviene poner de manifiesto la existencia de palmarias diferencias cualitativas, entre Cataluña y Navarra, en las abstenciones y los votos emitidos en blanco. Respecto de este último punto reproducimos feralmente lo adelantado en nuestro análisis de ayer:

«•El porcentaje de los votos en blanco expresa, en cierta indiscutible manera, un distinto género de abstención, aunque no por inhibición, sino por militancia; notablemente más en el referéndum vasco que en el referéndum catalán. Quienes en Vascongadas han sufragado en blanco han aportado una definición personal contra la presión terrorista para que no se votara de ninguna manera; otra, contra la gran mayoría de las fuerzas parlamentarias auspiciadoras del Estatuto, y una tercera, frente a las motivaciones biográficas y políticas de las derechas que han votado no"...» «Para Cataluña —añadíamos— entendemos que son válidas todas estas hipótesis explicativas del voto en blanco, excepto la primera, toda vez que la presión terrorista contra su Estatuto no llegó a producirse. Empero, en lo que a la abstención genéricamente entendida se refiere, no cabe despreciar la eventualidad de que las reticencias de penúltima hora por parte del presidente Tarradellas hayan tenido su repercusión, tanto en términos de voto en blanco como en términos de voto inhibido.»

«La significación política de estas diferencias y contrastes es, sin embargo, ambigua. En Vascongadas, tanto puede suponer !a mayor participación de ahora que muchas gentes unitarias han contemplado el Estatuto con menos indiferencia que aquella con que miraron la Constitución, como el fenómeno contrario: gentes nacionalistas que consideraron el texto constitucional con despego se han visto positivamente motivadas ahora ante la norma estatutaria.»

Habría que añadir en cualquier caso al análisis la pregunta de hasta dónde la respuesta negativa a los respectivos Estatutos hubiera tenido reflejo en porcentajes mayores si las fuerzas políticas que la patrocinaban hubieran dispuesto de un más atemperado equilibrio de oportunidades.

En cualquier caso, los referéndum del jueves legitimados estaban por la Constitución, y de las características de ésta participan. De ahí la sustancial paridad de comportamientos habidos con el refrendo de aquélla. Las abstenciones permanecen en un nivel que sitúa a nuestra democracia en intemperie excesiva, peligrosa; tanto más cuanto que el desentendimiento generalizado, aunque no tan amplio en las democracias occidentales, se acompaña de un síndrome de división ideológica sobre los propios fundamentos de nuestra democracia que la Constitución no logró resolver más que en el plano de los partidos y primando las pretensiones de la izquierda.

Si algo indiscutiblemente positivo ofrecen las aprobaciones populares de los Estatutos catalán y vasco en su valor de prueba, su condición de «test» sobre la viabilidad de las respectivas autonomías que regulan y de fas que esperan su turno y su correspondiente Estatuto. Habida cuenta [a abstención observada en los dos casos de más clara diferenciación histórica, ¿qué nos depararán los otros refrendos para las demás autonomías? De momento miraremos con atención redoblada los procesos abiertos en Vascongadas y Cataluña este 25 de octubre: qué ocurre con ETA y qué pasará con la mayoría marxiste que se asentará, con certeza plena, en el Parlamento catalán.

 

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