Autor: Laso, Javier. 
   Tres veces "sí"     
 
 ABC.    27/10/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PAG. 1.

LAS CUATRO ESQUINAS TRES VECES «SI»

HA habido entusiasmo, pero no Indescriptible», decía Eugenio d´Ors para resumir su impresión de algunos estrenos teatrales. ¿Por qué la noche del 25, viendo y oyendo otra», opiniones y porcentajes •obre la consulta electora!, nos hemos acordado tanto de don Eugenio?

Ya no» hablan Ilustrado ampliamente sobre eI tema. Sabíamos por esos políticos que ahora se han rebautizado con nombres vernáculos —Txiqui, Jordi o Antoni— que los Estatuios representaban las ansias seculares de dos reglones, la resucitada e indomable voz de unos pueblos oprimidos, amordazados, ocupados militarmente durante siglos por el Invasor castellano-parlante. Todos esperábamos, más o menos, la desbordante unanimidad, el estallido apasionado, la apoteosis y el delirio. Y resulta que, arañando las cifras, los Estatutos han pasado justito, justito, como esos malos estudiantes que salvan la asignatura raspando e! «suficiente» o como esos caballos de concurso que rozan al saltar la barra del obstáculo.

Claro que ha llovido y eso es siempre una circunstancia que facilita la «abstención técnica», como se dice ahora. La lluvia, sobre todo en Bilbao y en San Sebastián, es un lenómeno tan sorprendente, tan raro, que resulta comprensible la desorientación del personal. Ellos no están programados para semejante Inclemencia del tiempo. No tienen paraguas, ni gabardinas, ni zapatos fuertes. El vasco, acostumbrado al sol radiante y al camino seco, se encontraba cogido en una alternativa Inesperada entre sus ardienttes deseos autonómicos, por una parte, y la maléfica asechanza del temporal, por la otra. Charcos, humedad, resfriado, pulmonía... La muerte, quizá. No se puede exigir heroísmo a más de un millón de votantes.

Lo de tos catalanes es distinto. Tan firme es en las masas la voluntad autonómica que la dieron por expresada sin necesidad de cumplir, por superfluo, el requisito de las urnas. Tanto es así que bien claro estaba el resultado en las cifras de la computadora: 104 por 100 de votos afirmativos. No ere un errar, no.

La máquina se traspasaba del afán colectivo, enderezaba fallos, suplía ausencias, colaboraba, en fin, a la ilusión común con todo el ardor de sus circuitos.

Según las noticias, hasta los muertos han votado como un solo hombre. Y algunos presidentes de mesa, más. Tres veces cada uno. Que es e! modo normal de afirmar les compromisos serios. Tres veces nos piden el «sí» cuando nos vamos a casar, que es brava decisión, semejante —con todos los respetos— a ésta de los vascos y los catalanes uniéndose, en la salud y en la enfermedad, a doña Autonomía Estatutaria. Que ahora, por cierto, tendrá derecho a completar su nombre con el del marido. Doña Autonomía Estatutaria de Tarradellas. O de Garaicoechea, según el paisaje que se le ponga al fondo. Suena bien, ¿verdad? Ahora lo que hace falta es que los matrimonios no se tiren los trastos a la cabeza. Por lo menos hasta que pasen la luna da miel.—Javier LASO.

 

< Volver