Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Para que haya paz     
 
 ABC.    27/10/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Planetario

PARA QUE HAYA PAZ

Hemos necesitada más de cuarenta años para, estar ya, poco más o menos, allí a donde habíamos llegado algo antes de 1936: en la concesión de autonomías a porciones de España —eludamos por polémicos los vocablos regiones o nacionalidades— con una personalidad foral e histórica cierta, cuyo reconocimiento no niega la unidad del conjunto y, al mismo tiempo, no sofoca respetables formas de personalidad cultural. Pero al fin ya hemos avanzado tanto que nos hallamos de nuevo en el punto de partida. Ya tienen estatutos Cataluña y Euskadi.

Ahora, quienes a toda costa pretenden sustituir la paz y el trabajo por la agitación y la huelga, empezarán con sus tiquismiquis de fas abstenciones, los votos discutibles que siempre aparecen en todos los comicios del mundo y no sólo los nuestros, etc., etc. Aunque así sea, bastaría callarse todos un rato para oír el enorme suspiro de alivio que exhala el pueblo vasco al empezar a liberarse de !a mayor opresión que ha sufrido en su larga historia: la de los que pretenden independizarle a la fuerza; la de los que dicen que luchan por desencadenarle del Madrid opresor y 110 ocultan que quieren -encadenarle, sin pedirle su parecer, con las rudas cadenas de! marxismo-leninismo, de una sociedad sin libertad para disentir, ni referéndum alguno para decidir por sí misma la ideología de su propio Estado.

Los tiquismiquis se resuelven con un justo examen y unas ¡iotas y no pueden impedir el renacimiento de la paz en la libertad. Pero ya se alzaban voces antes del referéndum, cuyo resultado final, pese a las metralletas, a los túneles, al terror, estaba cantado, lanzando al triste coso nacional el toro negro de la reclamación de una apresurada, despacificadora amnistía. El señor Lerchundi, conspicuo comunista vasco decía en vísperas del referéndum que la amnistía es el elemento necesario para la pacificación. Entendida en su verdadero significado esa frase quiere decir que utilizarán el grito de amnistía para impedir mientras puedan çque el pueblo vasco alcance su aspiración a la paz, se pacifique. Y el señor Bandines, habilidoso manipulador &e provocaciones y condescendencias ya se ha dado el ¡rusto de proponer una nueva amnistía COMIÓ precio de un armisticio. ¿Con quién quiere que el pueblfl español firme un armisticio?

El juego ha sido en todo momento desigual. Un Estado atacado desde la tiniebla, acosado por el asesinato individua! o en masa —piénsese en California 47, en el túnel de Barcelona— renunciaba ai arma terrible de la muerte, cedida a su adversario. Y ahora, cuando la paz es una esperanza hay quienes quieren sofocarla exigiendo amnistía, es decir, olvido a las viudas, a ios huérfanos, a los amigos y deudos, a los compañeros de los que fueron asesinados ayer todavía. Se dice que los pueblos olvidan y es cierto, pero no tan pronto. Ya están los Estatutos. Traigan ahora quienes pueden y deben hacerlo, la paz, el trabajo, la seguridad. Y si ocurre asi llegará un día en que todos olviden, en que la reconciliación restañe esta piel malherida. El Gobierno ahora no puede olvidar, no tiene derecho a olvidar. No dispone de esa moneda. Y por otra parte, la paz sólo se compra con justicia. Hágase justicia y habrá paz.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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