A Ucelay no le gusta Picasso     
 
 Diario 16.    29/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

A Ucelay no le gusta Picasso

Si no fuese tan grave, tan lacerante y doloroso todo cuanto se narra y se protesta en el «Guernica» de Pablo Picasso, las recientes manifestaciones —recogidas por «El País»— sobre esta pintura y su autor de José María Ucelay, ex director general de Bellas Artes del Gobierno vasco durante la guerra civil, acaso pudieran alcanzar el exiguo nivel de una —pésima— broma.

Ahora resulta, según el ex director general, que Picasso pintó el «Guernica» al «dictado» —de acuerdo a lo que le contara de los bombardeos su «protector» y poeta Juan Larrea—, dado que el artista «era un inculto, no tenía ni idea de la motivación política del «Guernica».

Vaya, a Ucelay parece que no le gusta Picasso, y quiere descalificarlo. En plan parabólico, como por la tangente. Pero con un argumento tan vacío que ruboriza al más lerdo. Porque si es cierto que el pintor no estuvo en la villa de Guernica durante la masacre —a propósito: ¿estuvo Juan Larrea?, ¿estuvo José María Ucelay?— también lo es que nadie puede dictar a un artista, además del talento, la rabia y la desesperación con las que gesta e impregna su obra. Esto lo debería saber Ucelay, que, con el cargo gubernamental, alternaba el oficio y ¿la vocación? de pintor.

Ahora bien, lo anterior es sólo el preámbulo de una inmediata consecuencia a la que a este señor le interesa llegar. Volvemos a sus declaraciones: «Nosotros estábamos convencidos que nadie mejor que un vasco podría interpretar el desastre de Guernica.» Y señala que, por esta razón, se apresuró a llamar a Arteta —el gran Aurelio Arteta, reconocemos aquí—, que no pudo hacerse cargo del proyecto por tener que partir para México. En vista de lo cual, «pensé en mí mismo —prosigue José María Ucelay— como posible autor del «Guernica»...

Clarísimo. El ex director general se consideraba capacitado para realizar la pintura tanto como Picasso en el plano técnico, y mucho más en el plano moral. Porque Pablo Picasso no era vasco. Y las tragedias, las muertes y las injusticias no promueven respuestas universales. Son tragedias, muertes e injusticias ni siquiera nacionales: regionales.

Seamos más audaces que Ucelay: tampoco son regionales, ni locales: son tragedias, muertes e injusticias caseras, unifamiliares. Qué falsedad moral la del aragonés Francisco de Goya al gritar su ira pictórica ante los madrileños «Fusilamientos del Tres de Mayo».

Así es la historia. No la grande, que por fortuna suele contar con historiadores solventes —entre ellos, el invocado Juan Larrea, cuyo libro sobre el «Guernica» de Picasso es irreprochable—, sino la particular historia de José María Ucelay. Alguien al que convendría recordarle que la matanza de Guernica —una acción monstruosa, incalificable— promovió, y mantiene en el presente, una clamorosa indignación mundial precisamente por haberla relatado y condenado en pintura Pablo Picasso. No lo debió hacer tan mal, tampoco en el área de los sentimientos.

En fin, flaco servicio el que el vasco Ucelay ha hecho a los mayoritarios vascos de Guernica —villa— en su demanda de posesión del «Guernica» —cuadro—. ¿Cómo puede ir allí si Pablo Picasso no era vasco? Lo prudente es que el «Guernica» vaya al Museo del Prado. No sólo porque así lo expresó Picasso, sino porque el Prado, cualquiera que sea su lugar de nacimiento, acepta a todos los artistas. Eso sí —y no es una reiteración— a iodos ios artistas.

 

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