Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La cruz o la bicicleta     
 
 ABC.    30/10/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. MARTES, 30 DE OCTUBRE DE 1979. PAG. 3.

ESCENAS POLÍTICAS

La cruz o la bicicleta

Podemos elegir, que en eso, además de. otras cosas, consiste la democracia. Una de dos: o tomamos la cruz y nos vamos detrás de don Blas Piñar, o nos subimos a la bicicleta y nos lanzamos en pos de don Ramón Tamames. Está claro que aquí hay que seguir a alguien, o sea, que quieren convertirte a uno en un secuaz. Lo de la cruz será mejor dejarlo para Semana Santa. En mi tierra, cuando llega la Semana Santa, hay que tomar una gran cruz de madera y echar a andar con ella al hombro, durante siete horas, detrás de los salzillos. Al don Guido de Machado, que era un trueno, le ponían un cirio en la mano; pero en mi tierra, .como somos más de dinamita, nos cargan la cruz. A lo mejor en esta primavera me encuentro por allí a esos truenos del Consejo Regional Murciano que se han declarado pro abortistas, o sea, que han tomado las artes de abortar y se han ido detrás de don Ciríaco de Vicente. Lo que yo digo, que quieren convertirle a uno en un secuaz.

Hombre, algunas cosas sí que están como para hacerse cruces, pero esperemos que aquellas cosas no se pongan de manera que haya que tomar las cruces y encaminarse de nuevo hacia el calvario de los españoles. Si es posible, que aparten de nosotros ese cáliz. Desde luego, si nos dejan elegir, es mejor que nos subamos a la bicicleta. La primera bicicleta política de este país la montó don Laureano López Rodó, que nos mandó una foto de ciclista desde Copenhague o cerca. Claro, que en aquella época don Laureano iba sobre ruedas, haciendo et reparto del Plan de Desarrollo. Durante muchos años nuestro deporte político ha sido la caza. Y también la pesca. Cuentan las lenguas malévolas que en las cacerías se podía cobrar un Ministerio o, más modestamente, una Subsecretaría. También cuentan que una vez llegó al monte don Manuel Fraga, miró el reloj con impaciencia y dijo: «Tengo sólo veinte minutos. ¿Dónde está mi urogallo?» Eso lo dicen para recalcar el ímpetu fraguiano y el desprecio del personaje hacia la paciencia, que es virtud tan útil en política. Igualmente cuentan que e! ascenso de don José Solís se debe a unos aparejos. ¡Vaya usted a saber!

El caso es que don Laureano López Rodó quiso introducir en la política el deporte de la bicicleta, y ahora resulta que quien se lleva la gloria municipal del invento es don Ramón Tamames. (También es verdad que don Laureano trajo el tenis a la clase política, pero no se dio cuenta a tiempo de cómo lanzaba las voleas un joven y simpático político llamado Suárez, que ahora juega al tenis con Manolo Santana en la pista de la Moncloa.) Esto del deporte se ha metido, por lo visto, en política. Ahí tienen ustedes la que ha armado Raimundo Saporta con su dimisión del Mundial-82. Ha tenido que intervenir don Felipe González, que para eso se dejó todo hasta después del Congreso del Partido Socialista, y desde que eso se ha arreglado ya saben muchos españoles que el ministro de Cultura se llama don Manuel Clavero. En cambio, don Ignacio Camuñas ha presumido de que a él le gusta jugar al fútbol un rato, y al ajedrez otro, o sea, «mens sana in corpore sano», para que se vea la conjunción y el equilibrio entre la fuerza y la inteligencia, y a lo mejor por eso lo quitaron de ministro. La Invitación municipal a la bicicleta fue cosa de don José Luis Alvarez, el más sonriente alcalde que ha tenido Madrid y que no ha sido alcalde después porque el zorro de don Santiago Carrillo se empeñó en que los alcaldes fuesen elegidos en elección de segundo grado, que parece más bien cosa de la democracia orgánica y del sistema franquista. Aquí, señores, el que no corre, vuela. Pero ha sido don Ramón Tamames el que se ha lanzado a la carrera ciclista por las calles de Madrid, y ha sido don Enrique Tierno quien ha disparado el tiro para dar la salida a ios setenta mil ciclistas en este Madrid que cada vez se parece más a una cámara de gas. ¡Bendito sea Dios, y el susto que se lleva uno cuando ve al «viejo profesor» con una pistola en la mano! ¡Cuidado, don Enrique, que el diablo las carga, y luego tendremos que pedir amnistía!

La amnistía ya la están pidiendo otra vez en San Sebastián. Los de Euzkadiko Esquerra... ¿Se escribe así «Euskadiko Esquerra»? Porque me voy a morir sin entender tres cosas de este mundo, las dos de que hablaba don Ramón María del Valle-lnclán, o sea, el amor de los efebos, y la música de ese teutón que llaman Wagner, y además la ortografía del euskera. Digo que los de Euskadiko Esquerra han pedido amnistía, aunque después nos explique don Juan María Bandrés que también podría quedarse eso en indulto. Y n! siquiera han esperado a que se calmen un poco los ánimos de los socialistas vascos, a quienes les han matado a un militante. Unos han salido a la calle a pedir la amnistía y otros a pedir el paredón. Por cierto que los de la ETA dicen que ellos luchan contra un Estado fascista, y los socialistas, siguiendo la doctrina de don Felipe González, dicen que los fascistas son precisamente los de ta ETA.

Dicen tos que han corrido por esas calles en bicicleta que Madrid no es Copenhague, y que el tramo que va desde Cibeles, o sea, «la seña» Cibeles en ortografía municipal, a la puerta de Alcalá se hace tan duro como si fuese e! Tourmalet. Pero, conciudadanos, ¿es que se enteran ustedes ahora que en este país todo «e hace cuesta arriba? Bahamontes subía las cuestas de Toledo con dos cántaras de leche en la bicicleta, y, claro, cuando le quitaron las cántaras ganó la Vuelta a Francia y fue «rey de la Montaña». Aquí, señores, hay que echar los bofes. Y mientras subamos podemos llorar por un ojo. Peor es lo de tomar la cruz, como predica don Blas Piñar, que ahora se ha ido a Zaragoza (ya dije yo aquí que no tardaría en aparecersele al señor arzobispo) a decir que los Estatutos de Autonomía son antinacionales, anticonstitucionales y antidemocráticos. Y que el Congreso Mariano es antimariano. ¡Toma nísperos!

Uno, que se resiste lo que puede a tomar la cruz y que tampoco está ya para montar mucho en bicicleta, ni siquiera en triciclo, que es vehículo más estable y descansado, se habría ido al Museo de Cera, a oír esas cosas que ha dicho Francisco Umbral entre el mentón pensativo de don José Ortega y la boina de don Pío Baroja. Pero tiene razón Alfonso Sánchez cuando dice que el Museo de Cera es como una película efe horror, pero sin argumento. Por cierto, que a Alfonso Sánchez le van a dar el «Garbanzo de plata». Este es el país. O tomas la cruz o montas en bicicleta o, en el mejor de los casos, te dan un garbanzo.—Jaime CAMPMANY.

 

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