Echarri Aranaz     
 
 Diario 16.    27/06/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Echarrí Aranaz

Una de las noticias más sorprendentes de las últimas semanas la proporcionó ayer el Ayuntamiento de Echarri Aranaz, que acordó no reconocer a los tribunales españoles. Así, como suena. El hecho es, a nuestro juicio, de una peligrosa gravedad y hay en él dos circunstancias que merecen un poco de atención.

La primera de ellas es que seis de los once votos del Pleno del Ayuntamiento correspondieron a los concejales del PNV. Echarri Aranaz puede convertirse, gracias a este acuerdo municipal, en un símbolo de «resistencia civil». Pero es ya, sin más, otro ejemplo clamoroso del confuso modo de actuar de ese partido indeciso y oblicuo que es el PNV.

Los nacionalistas escondieron la mano después de tirar el voto. Ya hicieron notar —dice la noticia— sus reservas con el texto en la propia explicación de voto. Pero apoyaron plenamente la moción, por mucho que, en medio de la oscuridad mental que parece atenazarles, pretendan explicaciones de imposible comprensión.

Y eso es lamentable, aunque cada vez menos sorprendente, en un partido que está obligado a dar muestras de sensatez y coherencia.

La segunda circunstancia tiene que ver con la tímida reacción gubernamental. Si hoy el hombre de la calle anda confuso y no es capaz de encontrar explicaciones a casos como el de Echarri Aranaz, hay que adjudicar parte de culpa a los protagonistas (los concejales del PNV y de la agrupación electoral BAI, próxima a Herri Batasuna) y otra parte de culpa a la autoridad gubernamental, que debe de ser muy gubernamental pero que parece no ser autoridad.

A lo más que ha llegado el gobernador civil de Navarra, de momento, ha sido a anunciar la «posible suspensión» del acuerdo. Mientras tanto, sigue rodando la bola y creciendo la sensación de desconcierto.

 

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