Al señor Bandrés y a otros tres     
 
 Diario 16.    27/06/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

RICARDO UTRILLA

Al señor Bañares y a otros tres

La actitud mantenida por el diputado vasco de Euskadiko Ezkerra, Juan María Bandrés, con relación a la campaña de los etarras «poli-milis» contra el turismo es más que confusa. En el Congreso, rechazó las bombas, pero justificó los incalificables «motivos» de los terroristas.

Este es un viejo país con más conchas que un galápago, a prueba de invasión, de bomba y de esquizofrénicos. Este país, por no ir más lejos, ha deglutido, digerido y expelido a mosén Xírinachs, luego de haber hecho lo mismo con alcaldes encerrones y otros tarambainas de la llamada eclosión democrática.

Pero, pese a este recio sistema digestivo, al país se le hace cada vez más difícil tragarse las bandresadas elenco cínico - preservo -oportunistas del señor Bandrés, elegido del pueblo vasco.

A este sufrido país ya empiezan a no hacerle gracia las pobres piruetas lingüísticas del honorable representante de una fracción del pueblo vasco. Cuando el muy bandrés justifica las bombas de la ETA en las zonas turísticas como único medio de destituir al director de una cárcel, e invoca para ello a la democracia, a este reconcomido país empieza a sudarle el pelo que mientan tomarle. «Haz versos, Bandrés, pero no odas», que diría un chulapo con hache muy aspirada.

Lo que el honorable diputadísimo vasco demuestra con sus ingeniosísimas definiciones («el que es causa de la causa es causa del mal causado») y sus lamentos de que «para que destituyan al director de una cárcel, que en cualquier país democrático habría sido apartado del cargo por el propio Gobierno, haya que recurrir a esto», es decir, a las bombas contra los turistas, es que no tiene ni la más bandresísima idea de lo que es la democracia.

Destituciones a bombazos

En los países democráticos, señor representante del pueblo vasco, las destituciones se operan por los cauces ordinarios, y no a bombazos. Eso deberla saberlo usted a poco que hubiese, asomado las narices por el casino de Biarritz, las cervecerías de Colonia, los pubs de Londres o los moteles gringos.

Así que, ilustrísimo señor háganos a todos la gracia de olvidarse de mencionar a la democracia cuando trata de encontrarle motivos racionales (¡oh,

proeza histórica, digno trabajo de un Hércules!) a las exacciones etarras. Recurra usted, distinguido cortesiano, a tratados de psiquiatría, pediatría, clerecía o, incluso, de cocina, pero no invoque a la democracia. Tenga usted, al menos, el pudor de sus votos.

Cuando a este país le toca sufrir, pues sufre. Pero lo que no tolera —y esperemos todos que no pase a demostrarlo- es que, encima, le pongan el «inri» del arrebato de peluquín. Vaya usted, señor Bandrés, a tomar por el hule cuando pretende justificar lo que va a ser el paro de millones —sí, millones— de andaluces y levantinos porque haya 19 etarras en una cárcel de la democracia española, y vayase usted a fumar un puro cuando, encima, cree justificar su salario de diputado, pagado por todos los vascos y todos los demás españoles, incluidos los parados, con sarcásticas citas leguleyos.

Otra guerra carlista

Está claro que lo que pretenden los etarras es enfrentar al resto de los españoles con los vascos. Que el clamor de revancha llegue hasta donde no debe. Que se empiece a hablar de otra guerra carlista...

Alguien debería interrogar al señor Bandrés sobre los intereses a los que está sirviendo. A ser posible, con detector de mentiras para quien de esa forma se ríe tan descaradamente de la democracia, cuatro miñones son pocos.

Porque quienes algo saben de democracia conocen perfectamente que, como acaba de escribirse en un semanario francés a propósito de otro tema, cuando un puñado de gentes intenta imponer violentamente su voluntad a la mayoría, se puede hablar de fascismo, nazismo, totalitarismo o simple locura, pero nunca de democracia.

n»pm honorable señor Bandrés, aprenda usted francés, inglés, italiano, alemán, sueco o portugués, consulte usted a su confesor, haga tres o cuatro llamadas telefónicas, lávese cuidadosamente la boca, tómese una ducha fría y procúrese una almohada de dulce plumón de oca. Quizá así consiga usted dormir.

27-junio-80/DÍario16

 

< Volver