La elección vasca     
 
 ABC.    11/03/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA ELECCIÓN VASCA

La victoria arrolladura del nacionalismo vasco, en su tradicional expresión y ín sus versiones de izquierda, sería rigurosamente inexplicable sin el dato de a tortísima abstención que la ha posibílitado. El signo de la victoria de los seguidores de Sabino Arana ha cabalgado ¡a inhibición, la fuga, la deserción de casi ´la mitad del electorado. Y con la abstención cabe considerar, en lo que al PNV concretamente se refiere, los efectos del llamado «voto útil».

Al Partido Nacionalista Vasco compete, en esta hora de responsabilidades, en que el proceso constitucional ha completado uno de sus renglones autonómicos, una especialísima, tan grave y delicada como es la de la pacificación del País Vasco desde sus atribuciones, como primera fuerza política y como depositario de una esperanza que es más nacional, y, por consiguiente, de todos los españoles, que únicamente vasca, aunque afecte más inmediata y directamente a cuantos viven en ´las Vascongadas. Esa especialísima responsabilidad de ia pacificación exigirá al PNV una dinámica de clarificación de ambigüedades.

Ni el cansancio del electorado ante eL gran número de citas ante las urnas producidas en &\ último trienio, sobrevenido después de ´la gran sequía de cuarenta años, ni ¡las lluvias caídas este fin de semana en el norte de España, son bastante para explicar esa abstención superior en varios puntos al 40 por 100.

Pero, tras una elección, lo que cuentan son los votos, aunque pueda explicarse —que no justificarse— ´la abstención por diversas vías. Lo cierto es que el electorado vasco ha otorgado su confianza, en la cantidad mayor, al PNV, siguiendo acaso el camino más fácil, el que le había sido marcado por las circunstancias históricas y -políticas de España, Porque cuando por una sobreestimación del dato regionalista y autonomista, derivada en buena parte de la incomprensión profunda de qué era ETA y cuáles sus primeros aledaños políticos, e>! Gobierno de UCD, sólo o consensuadamente con la izquierda, otorgó al PNV un rango de interlocutor, prácticamente único, tanto el partido del Gobierno como el principa»! de la oposición, el PSOE, abrieron una trinchera, entre ellos y el electorado vascongado no nacionalista y sí -profundamente español, por ío que, a1! cabo, se ha vaciado casi ;la mitad del censo y se ha orientado parte de la otra mitad.

El PNV, protagonista destacado al fin y a ´la postre, vencedor indiscutido en la confrontación, no ha obtenido, teóricamente, Jos escaños suficientes para gobernar en solitario, aunque concluya por hacerlo.

A sus veinticinco puestos en el Parlamento le faltan, como mínimo, seis para obtener la mayoría simple.

Justamente, tos que han conseguido tanto Euzkadiko Ezquerra como UCD. Impensable resulta una coalición con el Partido Socialista de Euzkadi, filial del PSOE, tras el duro enfrentamiento de sus representantes con el ´líder «peneuvista». E indeseable una alianza con Herri Batasuna.

No cabe pensar, pues, sino en un Gobierno, bien monocolor, bien da concentración, que, dando satisfacción a quienes han afirmado rotundamente su autonomía, ligue ´los destinos del País Vasco con Jos del resto de España. La confianza de una sociedad moderada, plenamente inscrita en los cauces occidentales, como la que ha votado al PNV, en que los pasos que se den, en los próximos días y meses, vengan a constituirse en elementos de diálogo, evitando confrontaciones que a nadie, en España, beneficiarían, es la que ahora quisiéramos compartir. Lo contrario, la búsqueda de elementos de separación, de dicotomía, no sería sino una aberración de incalculables consecuencias políticas, sociológicas y económicas, que nos negamos siquiera a considerar, porque la unidad de España está por encima de cualquier especulación.

Pero la elección vasca obliga a otra reflexión. El partido gubernamental ha visto claramente subrayada, en el espacio de unos pocos días, su ausencia de estructuras, de organización, de personalidad como tal.

Unión de Centro Democrático no es, hoy, sino el pálido reflejo de aquella fórmula política integradora que vino a configurar, fundamentalmente, el espacio político nacional en e1! periodo más difícil y esperanzados de la transición.

En este mismo mes, apenas dentro de nueve días —Vascongadas ha servido de eje entre Andalucía y Cataluña—, serán •los catalanes quienes elijan su Parlamento. Un nuevo rechazo de cuanto como elemento integrador significa, situaría a UCD en postura sumamente incómoda, y al Gobierno Suárez en franco desequilibrio ante los sucesivos auges autonómicos, con grave deterioro de su necesaria autoridad moral. No existen fórmulas secretas para lograr la fortificación del Estado si ese proceso de asentamiento comporta un grave deterioro para el Gobierno que lo dirige.

Hay que esperar, por supuesto, a que se produzcan los acontecimientos. Pero esperar activamente, buscando no la vigilancia autoritaria de las partes, sino su coordinación en el todo, cuya gestión, por decisión mayoritaria de los españoles, le fue encomendada ai partido de Suárez,

ABC. MARTES. U DE MARZO DE 1980. PAG. 2.

 

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