Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   El PNV     
 
 ABC.    21/05/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

De ayer a hoy

EL PNV

El Partido Nacionalista Vasco no ha querido inmiscuirse en los asuntos internos de otro país y quizá por eso no asiste al «gran debate», que es un breve intermedio parlamentario de la vida política española oor el que incluso los extranjeros sienten curiosidad. Parece mentira que Garaicoechea, que tiene un aspecto tan fino, adopte esa actitud hirsuta y no se haya dado cuenta de que el PNV tendría que haber dejado aparte en esta ocasión sus reivindicaciones cotidianas, que, por lo demás, no se entienden muy bien.

El Congreso es un sitio habitualmente helado y, sin embargo, propicio a la somnolencia, una especie de tarima colegial en la que, debido a leyes ignotas que tienen más que ver con la geología que con la historia, se enciende periódicamente un fuego purificador. Luego sigue todo lo mismo, pero cuando menos la oportunidad, existió.

Este debate, que algunos comentaristas han convertido contra toda conveniencia en un juicio del presidente por el fatal procedimiento de extremar su rutinaria fidelidad hacia él, puede servir para algo en el buen sentido. La mera perspectiva tribal con la que el PNV parece haber visto el debate, quieto en su cubículo, a la espera de una contingencia cualquiera que favorezca sus intereses particulares, prueba su ínsolidaridad vergonzante, en el sentido de que tampoco se atreve a correr los riesgos de una Ínsolidaridad manifiesta, como puede ser la de Herri Batasuna.

Estos días parlamentarios, de los que la gente espera un poco de integridad intelectual y moral y no una exhibición más de argumentos de ambición y de partido, acaso pudieran ser de esperanza. Porque la esperanza, aunque no quita tristeza a la vida, le da una finalidad. Y es necesario creer que en el fondo del debate hay una intención que va más allá de una simple lucha por el poder político, algo que ya no es estrictamente político, como no es estrictamente política la sociedad.

En ese sentido, el PNV carece de argumentos para justificar su actitud. Ha sustituido una reflexión que era esencial por su estrategia atómica de partido, mostrándose inoportunamente digno como ciertas personas bien educadas que de todos modos no tienen inteligencia. El PNV, amedrentado por el mito local, de una parte, y de otro obligado a la burguesía liberal vasca, está en una permanente encrucijada y por eso su conducta resulta ambigua. CANDIDO.

 

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