Angustioso llamamiento de obispos y sacerdotes vascos. 
 "Que callen las armas y hable la concordia"     
 
 Diario 16.    05/02/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

«Que callen las amias y hable la concordia»

Angustioso llamamiento de obispos y sacerdotes vascos

Obispos y sacerdotes vizcaínos reiteraron este fin de semana un llamamiento contra la violencia, que puede resumirse en un grito angustiado: «¡En el nombre de Dios, que callen las armas y hable la concordia»«

Bilbao (Corresponsal) — «A pesar de tantas y tan insistentes llamadas para abandonar el camino de la violencia en la solución de nuestros problemas, constatamos con dolor que nada es capaz de detener a los violentos», dijo en la homilía pronunciada este fin de semana el obispo de Bilbao, Luis María Larrea.

En similares términos de pesimismo se expresó el obispo auxiliar, Juan María Uñarte, quien dijo: «Pocas veces hemos sentido más vivamente la impotencia de nuestra palabra. Focas veces hemos experimentado más crudamente el espesor y la fuerza del mal en el corazón del hombre.»

Recordó Larrea la pastoral de los obispos vascos en la que se decía que «si queremos la paz, debemos ser

más valientes para llamar a las cosas por su nombre. Tenemos que decir, con el Papa, que las motivaciones politicas e ideológicas que pretenden justificar tales hechos no cambian su naturaleza».

Finalmente, monseñor Larrea se dirigió a las madres y esposas porque «a vosotras os toca salvar la paz del mundo», dijo.

Por su parte, el obispo auxiliar, monseñor Uñarte, tras recordar la veintena de muertos habidos en el País Vasco en el primer mes de año acusó a «la intolerancia política, la revancha partidista y la frialdad estratégica, que empuñan las armas y matan sin piedad».

Antes de recordar que «quien mata se envilece a sí mismo», dijo: «¡En el nombre de Dios, callen las armas y hable la concordia!

Los cristianos tenemos que decir no a toda estas muertes insensatas y crueles. ¡A todas! Con palabras y con hechos eficaces. No caben posturas ambiguas. No cabe legitimar unas y reprobar otras.»

Otra homilía de paz

El párroco de la iglesia de Durango pronunció el domingo una homilía de condena de la violencia durante el funeral de uno de los etarras muertos en el atentado de Lequeito, en el que perdieron la vida, también, seis guardias civiles.

Se produjeron insultos al párroco y gritos de viva ETA cuando aquel hizo un llamamiento a los jóvenes para que no se dejen llevar por los líderes que propugnan la violencia.

«Miramos a nuestra propia situación —dijo el sacerdote— y nos encontramos en un panorama triste: vidas humanas siguen siendo liquidadas sin piedad, con frialdad. Caen seres humanos como si fueran animales abatidos en la cacería. El noble ejercicio de la justicia es sustituido por un simple ajuste de cuentas.»

Jóvenes, no os dejéis engañar

A continuación afirmó rotundamente, también en nombre de un grupo de sacerdotes de Durango, «que no está permitido matar para imponer una solución». Señalando la necesidad de educar para la paz, el párroco añadió: «Es fácil atizar los enfrentamientos. Lo difícil, lo urgente, es promover la concordia.»

«Jóvenes —continuó—: no os dejéis atrapar por organizaciones comprometidas en la violencia. No escuchéis las voces que hablan el lenguaje del odio, de la revancha, de la venganza; no sigáis a ningún líder que os lleve por caminos que causan muerte.»

 

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