En el funeral por el etarra Goyo Olobarria. 
 La homilía del párroco de Durango, interrumpida con vivas a ETA     
 
 ABC.    05/02/1980.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

LA HOMILÍA DEL PÁRROCO DE DURANGO, INTERRUMPIDA CON VIVAS A ETA

EN EL FUNERAL POR EL ETARRA GOYO OLABARRÍA

Durango (Vizcaya), 4. (Efe.) Graves insultos contra el párroco de la iglesia de Durango se produjeron ayer tarde, durante el funeral por el aima de Goyo Oiabanía, miembro de ETA Militar muerto durante el atentado de Lequeitio en el que murieron seis guardias civiles.

El párroco Solaberri hizo en su homilía una condena de la violencia y, al referirse a que los jóvenes no debían dejarse llevar por los que propugnaban la violencia, comenzaron los insultos y los gritos de «Gora ETA Militar», dentro del templo.

Los incidentes verbales prosiguieron hasta que un hermano de Goyo Olabarría relató la vida de su hermano y un «bersolari» cantó unas estrofas a miembro de ETA Militar

Los necios comenzaron sobre la 4,30 de la tarde, en la capilla de la Magdalena, de Durango, donde unas mil personas esperaban el féretro de Olabarría, para trasladarlo, a pie, hasta la parroquia de Durango, donde se entonó el «Euzko guadariak» (Canción del soldado vasco), y se inició la ceremonia.

«Todos estamos consternados —inició el cura su homilía— por los acontecimientos dramáticos de esta semana: las muertes violentas de Guatemala y en nuestros mismos pueblos.»

El párroco, a continuación dijo que la Carta de San Mateo, correspondiente a la misa del día, había movido a una serie de sacerdotes de Durango a unos puntos, que asumían plenamente.

«Afirmamos —señaló más tarde—, que no está permitido matar para imponer una solución. Añadimos, sea quien sea el que mata, sea quien sea el que muere, sea cual sea la solución que se quiera imponer, porque cada vez que muere un hombre bajo la frota de otro hombre, Cristo es crucificado.»

INTERRUPCIÓN.—Más adelante, el padre Solaberri dijo:

«Jóvenes: no os dejéis atrapar en organizaciones comprometidas en la Violencia —en esta momento, alguien dijo en voz muy alta "ya está bien"—; no escuchéis tas voces que

hablan en lenguaje de odio, de la revancha, de la venganza; no sigáis a ningún líder que os lleve por caminas que causan muerte.»

En este punto de la homilía, comenzaron los insultos graves contra el predicador, que hicieren que ahí se acabara la alocución, mientras se apagaban las luces del templo y ios presentes daban gritos de «Gora ETA Militar». Otros, temiendo incidentes más graves abandonaron a Iglesia.

Un hermano de Goyo Olabarria subió al altar con un megáfono, y dijo a ia gente que se calmara. Relató la vida de su hermano y, tras pronunciar unas palabras en euskera, pidió a los asistentes que se calcaran y dejaran concluir la misa.

A continuación un versificador cantó unos poemas, cor lo que se restableció la calma, V el sacerdote pudo continuar la ceremonia.

AI final de la misa, se repitieron tos insultos contra el párroco de Durango y los gritos en favor de ETA Militar,

 

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