El PNV y el nuevo estado     
 
 Diario 16.    14/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El PNV y el nuevo Estado

En las pasadas vísperas de las elecciones al Parlamento vasco, los obispos y sacerdotes vizcaínos hicieron un dramático llamamiento contra la violencia. El PNV, incluso con su ambigüedad terminológica habitual, insistió en su campaña electoral en una llamada a la concordia y al silencio de las armas. En el mismo sentido, salvo Herri Batasuna, se pronunciaron todas las fuerzas vascas.

ETA ya ha contestado a esta llamada: una ráfaga hirió en las piernas a un profesor en Vitoria, una bomba estalló en el INP de Bilbao y —aún sin reivindicar— algunas fuentes apuntan la autoría de ETA para el atentado contra el Gobierno Militar de Santander. Para que no queden dudas de por dónde van a ir las respuestas de ETA a la llamada general de paz, un fundador de la organización, Alvarez Enparantza, ha sido ayer bien claro: «ETA seguirá actuando.»

La alarma, por consiguiente, sigue sonando como antes y las llamadas a quien tiene ahora la máxima responsabilidad para cortar con la violencia en Euskadi se multiplican. Así hay que interpretar las declaraciones del dirigente del PSOE Enrique Múgica, advirtiendo al PNV que debe renunciar a sus residuos independentistas, que pueden, si pasan de utopía electoralista a práctica de Gobierno, convertir en profecía a las dramáticas declaraciones de Tarradellas a un semanario lisboeta en las que asegura que ya no hay solución política para el País Vasco.

Las sensacionales afirmaciones del viejo líder catalán tienen, qué duda cabe, un componente nacionalista propio, pues son una manera, muy característica en este político desconcertante y aguafiestas, de identificar «a contrario» el hecho diferencial —acceso pie ñámente pacifico— catalán ante las inmediatas elecciones en el Principado. Así identifica Tarradelias su propia concepción de la conquista pacífica de la autonomía, en las antípodas de la actitud ambigua del PNV.

Quienes creemos, en desacuerdo con Tarradellas que sí hay todavía solución política para el País Vasco, no ignoramos que, como dice Alvarez Enparantza, ETA va a seguir actuando y que el cambio hacia la paz está erizado de dificultades y necesita emprenderse con toda decisión. También nuestro interlocutor es evidentemente el PNV, porque este partido se ha convertido en el único cauce que nos queda para que esa irrenunciable solución política sea algo más que un sueño.

El PNV va a formar Gobierno monocolor, según todos los síntomas. Desde aquí hemos dicho que esa es su única opción coherente. Pero el PNV, a solas en el poder, no va a tener más «segunda opción» que agarrar el toro por los cuernos, a no ser que subrepticia mente se empeñe en dar la razón a Tarradellas, cosa que iría contra todos sus pronunciamientos pacificadores, incluidos los de corte más electoralista. Naturalmente, ése toro, por mucho que le disguste al PNV, se llama ETA, sólo ETA.

No ignora el PNV lo que opinan de él los líderes de Herri Batasuna. Llamarle la «UCD vasca» es, en boca de esta coalición, sinónimo de la peor traición. Su respuesta a esta acusación, sea cual sea la terminología elegida, sólo puede encerrar un contenido: desmentir al inaceptable vaticinio de Tarradellas. El PNV ya no tiene que demostrar nada, pero le queda mucho que hacer. Que comience por volver al Parlamento, por negociar con el Gobierno central todo lo que se le debe al Gobierno autonómico vasco y por actuar como lo que realmente es: una instancia vital del nuevo Estado.

 

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