Junto al cuartel de la Guardia Civil de Hoyo de Pinares (Ávila). 
 El cuartel general de ETA (p-m), a cinco kilómetros del pueblo de Suárez     
 
 Diario 16.    25/03/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

El cuartel general de ETA (p-m), a cinco kilómetros del pueblo de Suárez

Junto al cuartel de la Guardia Civil de Hoyo de Pinares (Avila)

IMPORTANTE OPERACIÓN POLICIAL CONTRA TERRORISTAS ETARRAS

NACIONAL

El diputado centrista y secretario de relaciones exteriores de UCD, Javier Rupérez, permaneció secuestrado en manos de ETA político-militar a seis kilómetros de Cebreros (Avila), pueblo natal del presidente del Gobierno, a nueve de la estación de seguimiento espacial de Robledo de Chávela y a cien metros del cuartelillo de la Guardia Civil de Hoyo de Pinares.

Avila (Enviado especial) — Los habitantes de la pequeña localidad de Hoyo de Pinares se vieron sorprendidos a mediodía de ayer, cuando el «Telediario» de la tarde informó de que «aquel de la UCD que secuestró la ETA había estado en un pequeño chalet de La Perdiguera», como de boca en boca se trasmitían la noticia los habitantes del pueblo sin salir de su asombro.

Los comentarios comenzaron a surgir en Hoyo de Pinares en la mañana del domingo cuando se advirtió un especial movimiento policial en torno a los chalets de la calle Lobato, y especialmente en torno al número 83 de ésta.

Funcionarios de la Policía Jé Madrid se habían presentado de madrugada en el cuartelillo de la Guardia Civil y tras localizar la zona de la urbanización La Perdiguera, procedieron a la detención de la pareja que habitaba en el número 83 de la calle Lobato y a registrar la vivienda, donde encontraron un verdadero arsenal.

El chalet era uno de los pocos que estaba habitado en esta época ya que el resto de la urbanización es ocupada generalmente por veraneantes. La vivienda forma parte de un grupo de cuatro, unidas por su parte central, y consta de dos pisos con tres habitaciones (en la planta superior) y un salón-comedor en la planta baja, junto al pequeño garaje.

El diputado centrista permaneció los treinta y un días de cautiverio en la habitación más interna de la casa, la única que no da hacia la carretera y cuya ventana se abre sobre el garaje.

Un hombre y una mujer

Los vecinos consultados por DIARIO 16 no recuerdan a los habitantes del chalet o únicamente y de forma muy vaga a la mujer, que solía hacer las compras en el pueblo. Los miembros de la Guardia Civil de la localidad abulense declararon no haber participado, ni, tener noticia del servicio policial hasta la madrugada del domingo y señalaron que hasta los encargados de vigilar ahora el chalet habían venido especialmente desde Avila.

El chalet es una vivienda de dos plantas, descuidada un tanto en su pintura exterior. Consta de tres habitaciones exteriores y un baño en la planta superior y de un salón-comedor, junto a la cocina en la planta inferior.

Delante de la casa hay un pequeño jardín cerrado por un muro blanco y una verja que sirve para el acceso al garaje, uniplaza, adosado a la parte lateral derecha de la vivienda.

Al llegar a la urbanización donde se encuentra la vivienda considerada como el «centro de operaciones» etarras, cara a sus atentados en Madrid, uno de los agentes de la Benemérita encargado de la vigilancia del inmueble señaló que no sabía quién había estado secuestrado en aquella casa, «pero al parecer es alguien importante».

En las primeras horas de la tarde los curiosos comenzaron a pasear por los alrededores del chalet mientras se gastaban bromas sobre el cuestro: «¡ Oye Juan, tú también tienes pinta de Rupérez, ten cuidado no te vayana coger!»

La noticia se extendió más rápidamente entre la población de edad del pueblecito abulense, ya que nada más comer se dirigieron hacia el Ayuntamiento para, tras hacer más de una hora de cola, percibir las escasas pensiones mensuales.

Un anciano, mientras contaba el dinero, indicó a DIARIO 16, que «paseo todos los días, bueno menos

cuando llueve mucho, por la parte de La Perdiguera y nunca he visto nada raro».

Pasaban muchos jóvenes

«Ayer, prosiguió el abuelo, anduvo mucha gente por allá arriba, entrando y saliendo de la casa esa, pero yo no sé nada. Quizás en el bar...»

En el bar tampoco supieron decir nada sobre los habitantes de la vivienda etarra, ni de sus costumbres. La dueña dijo que por allí pasaban muchos jóvenes, «del pueblo y de fuera que vienen de paso o se quedan en las viviendas de los alrededores. Quizá cuando vea las fotos de esos les pueda reconocer».

Mientras el cura párroco de la localidad recordaba a sus feligreses las charlas de esa tarde, por medio de unos potentes altavoces instalados en la torre del campanario, por los que además difundía canciones eclesiales, al otro extremo del pueblo los miembros de la Guardia Civil comentaban a DIARIO 16 las perfectas cualidades del lugar escogidos por los etarras para sus fines.

El «cuartel general» de los poli-milis es ahora uno más de los deshabitados chalets de la zona. Junto a la puerta de entrada un cartel de «en venta» está abandonado, esperando quizá a que se termine el papeleo judicial para poder ser vendido.

Dueña del bar Maruxiña

El bar Maruxiña, en la calle Mayor, 42, de Madrid, pertenece desde hace más de quince años a Begoña Urteneche.

Hace un par de meses que la detenida no regenta el bar, alquilado a uno de sus antiguos camareros. El Maruxiña cierra los martes por descanso de personal, pero ayer lunes por la tarde estaba cerrado y con un viejo cartel de «Cerrado por descanso» colocado en la puerta. No se veía ningún precinto judicial.

Begoña Urteneche es conocida en los bares cercanos al suyo, en los que, según pudo averiguar DIARIO 16, gozaba de simpatías. Sudetención, y sobre todo su presunta relación con ETA (p-m), ha sorprendido a quienes la conocían.

La dueña del chalet de Hoyo de Pinares (Avila), donde permaneció encerrado Javier Rupérez, cuenta unos cincuenta y dos años, según sus conocidos. Algunos de ellos fueron invitados recientemente a pasar un fin de semana en el chalet abulense. «No me explico cómo pueden relacionarla con una cosa así —afirmó a DIARIO 16 uno de sus conocidos—. Ella no necesitaba meterse en esas cosas, al menos por dinero.»

En los bares de alrededor algunos clientes «no habituales», posiblemente policías, ejercen una discreta vigilancia.

 

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