La rama política reivindicó el secuestro frustrado del industrial bilbaino. 
 ETA busca dinero a la desesperada     
 
 Diario 16.    03/04/1980.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

MADRID

ETA busca dinero a la desesperada

Bilbao — La organización terrorista vasca ETA busca dinero a la desesperada, a juzgar por las acciones que ha venido realizando en las últimas horas.

Junto a las cartas de amenaza pidiendo su impuesto revolucionario a los médicos, extendiendo así su extorsión desde los industriales a los profesionales medios, en distintos puntos del País Vasco se sucedieron varios atracos.

El intento de secuestro, evitado por la Policía, del industrial bilbaíno Martín Arbulu fue reivindicado ayer por la rama político-militar de ETA. Algunos observadores han indicado que la frustración de esta acción podría atribuirse a la inexperiencia del comando, ya que la organización se ha resentido de las últimas detenciones policiales.

El procedimiento de ETA para sacar dinero empieza a ser utilizado, incluso con la temida sigla, por delincuentes comunes.

etA busca dinero a la desesperada

La rama política reivindicó el secuestro frustrado del industrial bilbaíno

NACIONAL

Con el intento de secuestro del industrial bilbaíno Martín Arbulo, la amenaza de cobro del impuesto revolucionario a profesionales medios y atracos a nóminas y entidades bancarías y de ahorro, se vislumbra en el panorama del País Vasco a una ETA que da la sensación de buscar desesperadamente dinero. Al industrial vasco le salvó, al parecer, la presencia en la calle de una dotación policial.

Bilbao (Corresponsal) — ETA (p-m) reivindicó ayer mediante una llamada telefónica a Radio Popular de Bilbao el intento de secuestro del industrial bilbaíno Martín Arbulo, copropietario de las empresas de Mervacero y Construcciones Galindo.

Aunque la reivindicación no se hizo por el método habitual, todos los indicios hacen suponer que la llamada reivindicativa era buena y que, probablemente, fue hecha por un miembro del propio comando que intervino en la acción. Al mismo tiempo, la misma voz anónima negó que en su huida se produjese ningún atropello como recogía algún medio informativo bilbaíno en su edición de ayer.

El intento de secuestro se produjo en la noche del martes en plena Gran Vía bilbaína, en cuyo número 75 reside el mencionado industrial. Tres jóvenes armados intentaron acceder al domicilio de Martín Arbulo, sin conseguir su propósito, hasta que no amedrantaron al portero de la finca, que presentó su imagen ante la mirilla de la vivienda.

Dotación policial

Posteriormente, al sacar al industrial de su vivienda y pretender introducirle en

un vehículo que les esperaba en la puerta, hizo su aparición una dotación de la Policía Nacional. Su presencia, probablemente, era rutinaria, habida cuenta del constante patrullar de estas fuerzas por las calles de Bilbao. Sin embargo, otras fuentes aseguran que un vecino de Arbulo llamó a la Policía al escuchar los gritos de una de sus hermanas, a la que el comando amordazó.

Ante la presencia de las FOP, los frustrados secuestradores dejaron en libertad a Martín Arbulo e iniciaron una carrera huyendo por diversas direcciones. No se produjo tiroteo alguno y los etarras consiguieron despistar a la Policía, sin que se produjese ninguna detención.

Dinero como sea

Desde el principio estuvo clara la paternidad del secuestro y los posibles móviles del mismo. Las empresas del grupo Arbulo se encuentran en conflicto desde hace varios meses, tanto en Mervacero como en Construcciones Galindo. Los trabajadores de la primera empresa han protagonizado encierros en la Diputación de Vizcaya, y los de la segunda organizaron una huelga general en la zona minera.

Sucesos como el del intento de secuestro hacen vislumbrar la sombra de una ETA que da la sensación de buscar desesperadamente dinero y que también se manifiesta en las últimas operaciones contra cajas de nóminas y establecimientos bancarios en el País Vasco durante los últimos días.

Así, a las diez de la mañana de ayer, tres jóvenes encapuchados robaban a punta de pistola la cuantía íntegra de los salarios de Astilleros del Cadagua, asaltando el vehículo —un Ford- Fiesta que seria encontrado después a cuatrocientos metros del lugar del atraco— en el que el cajero de la empresa portaba tres millones setecientas mil pesetas.

Una hora antes, en la sucursal de la Caja de Ahorros del barrio de San Jorge, en Pamplona, dos jóvenes se llevaban cinco millones, después de sorprender al encargado a la salida de su domicilio. Le introdujeron en un coche, también pistolas en mano, fueron con él hasta la entidad de ahorros y allí le obligaron a que les entregara el dinero. Se fueron sin dejar ni huellas, ni pistas.

En San Sebastián, una persona que según las primeras informaciones se hacía pasar por miembro de ETA y que después parece que actuaba en nombre de los GAE (Grupos Armados Españoles) fue sorprendido in fraganti cuando recogía ciento ochenta mil pesetas, fruto de un supuesto impuesto revolucionario. Fue detenido en el barrio del Antiguo y finalmente parece que el tema quedó en «un problema entre homosexuales».

En otro orden de cosas relacionadas con ETA o con otros grupos terroristas, Alberto Biurrun, que se encontraba internado en la prisión de Soria, acusado de vinculación con ETA (m), fue puesto en libertad bajo fianza de cien mil pesetas.

Mejora el niño

Esto ocurría casi al tiempo en que desde la residencia Nuestra Señora de Aránzazu, de San Sebastián, los médicos que atienden al niño Fernando García López, herido grave en la explosión del pasado sábado en Azcoitia y en la que perdió la vida José María Piris, decían que el pequeño «mantiene una evolución correcta».

Respecto a este último atentado, sobre el que no se tienen datos reivindicativos, se sabe que los terroristas que colocaron el artefacto no advirtieron que había quedado en el suelo después de que el guardia civil al que iba destinado se desprendiera de él sin darse cuenta de lo que era.

Fuentes policiales han puesto de manifiesto su extrañeza, ya que en casos similares los terroristas suelen avisar a la Policía para que sus expertos acudan a desactivar el artefacto, con objeto de evitar víctimas inocentes.

 

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