Autor: Dávila, Carlos. 
 El PNV revisa su estrategia. 
 ETA, cada vez más aislada en su nacionalismo radical     
 
 ABC.    24/03/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ETA, cada vez más aislada en su nacionalismo radical

MADRID (Carlos Dávila). La reunión que Leopoldo Calvo-Sotelo mantendrá en la Moncloa con el «lendakari» Carlos Garaicoecnea es absolutamente trascendental para el entendimiento entre el Gobierno central y el vasco en aspectos de tan clara importancia política como el reforzamiento de la estrategia terrorista y la reconducción de los procesos autonómicos. Garaicoechea llega a Madrid en una actitud de colaboración ligeramente superior a la mantenida hasta la fecha. La gravedad de los últimos acontecimientos está haciendo variar sensible y moderadamente los planteamientos del PNV.

Hace solamente unos días, Carlos Garaicoechea, liberado de toda disciplina de partido, mantenía ante la Asamblea de su partido la más dura intervención contra ETA que se haya oído en tal reunión. La tesis del presidente vasco fue simplemente ésta: o apoyamos la democracia española, o nos jugamos para siempre la autonomía. Los más duros e inflexibles nacionalistas, algunos al borde táctico del independentismo, entendieron —aunque no se sabe si aceptaron— el lenguaje de Garaicoechea. Xabier Arzallus, «el permanente acusador de Madrid», tal y como se le califica en medios políticos del País Vasco, comprendió —esta vez sí— el mensaje. Ayer, Arzallus viajaba hasta Vitoria, sede de la Presidencia vasca, y con Garaicoechea estudiaba todas las respuestas posibles a las entrevistas y requerimientos de Calvo-Sotelo.

APALA, EL ARTÍFICE

Las palabras de! «lendakari» han tenido, desde luego, un primer efecto. El PNV ha convocado una próxima Asamblea extraordinaria en la que, con toda seguridad, se van a revisar las posturas políticas insertas en el programa político de 1977; unas posturas mesiánicas en muchos casos, intransigentes en otros y exigentes en los más, que, hoy por hoy, son absolutamente impresentables. Pero, por debajo de esta «puesta al día», el PNV tendrá que analizar seriamente su contribución a la lucha antiterrorista. ETA sabe que mientras los «abertzales» de derecha no declaren su colaboración interesada en la batalla contra las bandas terroristas, la cobertura popular está todavía asegurada. Aun ahora, a estas alturas de nuestra débilísima democracia, existe un abismo mortal —el calificativo merece esta literalidad— abierto entre los nacionalistas y los denominados estatalistas, el PSOE, UCD y el PCE, entre ellos. Cualquier asociación para el aislamiento de los asesinos etarras fracasa, precisamente, porque no existe una posibilidad real de plantear un frente unido, único arcabuz disuasorio que estalla letalmente en ETA.

Parece, por otra parte, absolutamente evidente el predominio de «Apala», Miguel Ángel Apalategui, en la dirección de ETA militar. Apala, que ha desplazado poco a poco a otros históricos, como Iturbe Abasólo (asustado desdé su último atentado), es, según los expertos, el diseñador de toda la estrategia última de la organización terrorista española. El objetivo de ETA no es ahora otro que impedir, a costa de cualquier sangre, la unión de un pueblo harto de violencia («Este país está asqueado», ha dicho Mario Onaindía) y, principalmente, que el Gobierno prosiga con su política de aceleración atlantista que será, si fructifica, clave para el desmantelamiento de las hordas homicidas etarras.

«RED DEL TERROR»

Estamos, pues, ante una ocasión decisiva. El PNV debe dar un paso al frente y entrar en una operación de largo alcance que justifique el frente antiterror que tanto temen los etarras. La dialéctica de los ideólogos nacionalistas (Arzallus es más un «conductor de masas» que un auténtico dirigente) puede consistir en aceptar un compromiso de este tipo, siempre y cuando «Madrid nos cubra las espaldas», una táctica a dos bandas con la que el PNV conseguiría salvar su responsabilidad histórica —hasta el momento injustificada— en el proceso de pacificación y, por otro lado, encontraría mejores prestaciones centrales a su intento de llenar de contenido al gobierno regional. En este sentido, son significativas la ultimas declaraciones de Xabier Arzallus, que ha pedido, con angustia teatral, «apoyo para un Gabinete que está en situación desesperada».

ETA, en segundo lugar, no disimula —lo reconoce en sus comunicados de reivindicación asesina— su horror a una hipotética entrada de España en la NATO. Los «milis» forman parte, con toda seguridad, del engranaje homicida que Claire Slerling ha llamado la «red del terror».

Las imbricaciones internacionales de ETA son desconocidas, pero presentidas. ¿Es ETA uno de los brazos armados de determinados conciliábulos geopolíticos mundiales? La respuesta parece obvia. Y lo es tanto, que los políticos más directamente relacionados con el «caso vasco», entre ellos el delegado general, Marcelino Oreja, se han cansado de repetir que no habrá solución posible si no se revisa el marco de nuestras relaciones bilaterales y multilaterales. Toda la presión ejercida por nuestros Gobiernos sobre Francia ha sido, hasta ahora, rigurosamente inútil. Ninguno de los trescientos cincuenta etarras (la mitad de los cuales son presuntos asesinos) presos en las cárceles españolas ha sido detenido gracias a la colaboración gala. Ninguno. Esto indica la calidad y cantidad de colaboración que nuestras Fuerzas de Seguridad han encontrado en las vecinas. ¿Cómo se puede impedir el sostenimiento de santuarios terristas en las provincias vascas francesas?

APOYO INTERNACIONAL

La respuesta es comprometida. La diplomacia española, aconsejada por los políticos expertos en el tratamiento del conflicto vasco, parece ahora dispuesta a elevar el grado de presión política sobre la Administración francesa, tenga ésta el carácter y signo político que tenga tras las próximas elecciones presidenciales. «Una mayor comprensión» a la resistencia corsa, o incluso la adopción de medidas extraordinarias de fuerza y control en las fronteras, pueden ser adoptadas si nuestros vecinos continúan con su política suicida, que ha propiciado la actividad terrorista de refugiados, exiliados o simples delincuentes fugados y encubiertos.

El pesimismo que sufre España tras el golpe de Estado contra la democracia, y las ultimas acciones asesinas es una desgraciada constatación que puede superarse si se cumplen estas tres condiciones: Que el PNV acuerdé su colaboración en un frente común contra el enemigo de todos; que España consiga audiencia y apoyo en los ámbitos internacionales, y, finalmente, y como fruto maduro de estos dos logros, que se asiente un sistema político capaz de soportar cualquier operación desestabilizadora, confiado en sus instituciones y seguro por la firmeza y coherencia de su clase política.

 

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