Todos contra ETA  :   
 Ofensiva general contra el terrorismo etarra. 
 Cambio 16.    30/03/1981.  Página: 20-22. Páginas: 3. Párrafos: 27. 

Este país

TODOS CONTRA ETA

Ofensiva general contra el terrorismo etarra

APENAS cuarenta y ocho horas después de que enmudeciera el estampido del disparo que acabó con la vida del teniente coronel José Luis Prieto Gracia, las instituciones más importantes del país replicaron con insólita celeridad y contundencia. La respuesta al desafío etarra abarca desde las medidas legales que discute y discutirá el Parlamento en las próximas semanas hasta las 30,000 personas que se manifestaron por las calles de Pamplona el miércoles 25 de marzo para protestar contra el rastro de fuego y sangre que está dejando ETA en el País Vasco.

Y toda la ofensiva del Estado, respaldado por todas las fuerzas políticas democráticas, ha tenido como protagonista al Ejército. La reunión del Rey don Juan Carlos con los Consejos Militares de las Fuerzas Armadas en el Palacio Real; el encuentro de los altos cargos militares que componen estos consejos con el presidente Calvo Sotelo, en la Moncloa, y la decisión de incorporar al Ejército a la lucha antiterrorista en el País Vasco han sacado al estamento castrense a primer plano de la actualidad.

Apenas despedidos de Pamplona los restos mortales del teniente coronel José Luis Prieto Gracia, ex jefe de la Policía Foral de Navarra, camino de su pueblo, Torrecilla de Cameros, los ministros Juan José Rosón y Rodolfo Martín Villa volaron hacia Madrid. En el Palacio de la Moncloa, Leopoldo Calvo Sotelo les esperaba reunido con los titulares de Justicia, Defensa, Asuntos Exteriores y Presidencia.

Después de tres horas de deliberaciones, el Gobierno, a través de su portavoz, el secretario de Estado para la Información, Ignacio Aguirre, anunció cinco nuevas medidas antiterroristas: 1.a) Las Fuerzas Armadas colaborarán en intensificar la vigilancia en las fronteras más afectadas por el terrorismo. 2.a) Se constituye un mando único en la lucha antiterrorista en el que colaborarán los servicios militares. 3.a) Los controles sobre el tráfico de personas y mercancías se incrementarán en determinados puestos fronterizos. 4.a) Se ampliarán las dotaciones de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en las zonas vasca y navarra. 5.a) El Congreso tramitará por el procedimiento de urgencia dos proyectos de ley: uno sobre delitos de rebelión y terrorismo y otro sobre los estados de alarma, excepción y sitio.

Estas medidas, en general acogidas con satisfacción por la mayoría de los grupos políticos, despertaron, sin embargo, las suspicacias de algunos sectores. Mientras UCD y AP las calificaban de «muy positivas» y el PNV las calificaba como «dentro de las competencias ordinarias del Estado», los socialistas, comunistas y la izquierda parlamentaria vasca advertían, sin rechazarlas, de los peligros que conllevan.

Estos grupos críticos dudan de la eficacia de la incorporación de ios militares a la lucha antiterrorista y señalan que esto es hacerle el juego a ETA. Antiguos etarras resaltaron a esta revista que la presencia de militares en la frontera será un nuevo objetivo de ETA, que podría dispararles directamente desde el otro lado de la línea fronteriza sin correr el riesgo de esperarles a la salida de misa (ver recuadro). Pese a que el Gobierno dejó bien claro desde el principio que la lucha antiterrorista estaría bajo el mando del Ministerio del Interior, no han faltado voces advirtiendo de lo delicado que es sacar a los militares de sus cuarteles para misiones de orden público. Frente a quienes quieren ver en las medidas gubernamentales un caso similar al de Irlanda del Norte, hay también quienes señalan que en Inglaterra no hay un cuerpo como la Guardia Civil, y que si hubiera que buscar semejanzas habría que recordar los casos de Argentina y Uruguay.

En la polémica terció el Ministerio de Defensa, el miércoles, con una nota en la que aclaraba que la colaboración de las Fuerzas Armadas con las de Seguridad del Estado sería «exclusivamente durante et tiempo que se estime oportuno». En este comunicado se indicaba también que la vigilancia militar de aeropuertos y fábricas de material estratégico tenía por objeto permitir la incorporación de los efectivos de la Guardia Civil y la Policía Nacional a la lucha antiterrorista directa.

Al mismo tiempo, el Ministerio de Defensa anunciaba que, «dentro de los planes generales de instrucción y adiestramiento, las Fuerzas Armadas podrán hacer acto de presencia en las zonas afectadas por el terrorismo, mediante la realización de ejercicios y maniobras de carácter ordinario». «Con estas medidas

-terminaba el comunicado-, las Fuerzas Armadas cooperarán activamente para reforzar el dispositivo y acción de los cuerpos de seguridad.»

En principio parece que estas misiones estarían encomendadas a las Compañías de Operaciones Especiales (COE). fuerzas especializadas en la lucha contraguerrillas.

Más entusiasmo suscitaron entre los distintos grupos políticos las medidas legislativas que el Gobierno ha enviado al Congreso y así, al día siguiente, martes 24, la junta de portavoces acordó el procedimiento de urgencia para la tramitación de los dos proyectos de ley que darán al Gobierno un mayor margen para atajar al terrorismo.

La ley de Defensa de la Constitución se discutirá en el pleno del día 1 de abril y la de los Estados de Alarma, Excepción y Sitio en los 15 primeros días del mes. El texto de este último proyecto no es nuevo.

Se trata del mismo que envió el presidente Suárez al Congreso en 1979, dentro del proyecto de ley de seguridad ciudadana.

La ofensiva gubernamental contra el terrorismo tiene otras caras que no han transcendido a la opinión pública. CAMBIO 16 ha podido averiguar que se están estudiando las ventajas e inconvenientes de medidas de presión internacionales.

A nivel internacional, además de la consabida exigencia a Francia de una mayor colaboración en la vigilancia y persecución de etarras, el Gobierno podría estar estudiando la posibilidad de una ruptura de relaciones diplomáticas con países que ayudan logísticamente a ETA. La Unión Soviética podría estar entre esos países.

Desde hace tiempo los servicios secretos españoles han estado buscando la conexión que liga a ETA con el movimiento terrorista internacional que propicia la URSS en la Europa occidental y es probable que la investigación haya tocado fondo. La invitación a abandonar el país, el martes 24, Yuri Ivanovich Bytchkov, director de la empresa hispano-soviética Sovhispan, podría ser un indicio de que los servicios secretos españoles pisan fuerte en este terreno (ver página 46).

La expulsión del espía soviético coincidió también con la aparición en Estados Unidos de un libro de la prestigiosa periodista norteamericana Claire Sterling, en el que se afirma que está probada la relación entre ETA y el KGB, que fue quien conectó a los etarras con el IRA irlandés.

Mientras el Gobierno se exprimía el seso en busca de nuevos cartuchos que quemar contra ETA, el Rey don Juan Carlos arrimaba el hombro una vez más.

«No es posible limitarse a escuchar las duras condenas consabidas e inútiles o interpretar con nuestro ánimo sublevado los significativos silencios. Es necesario actuar con decisión, pasando de una defensiva paciente a una enérgica ofensiva», dijo el Rey ante los 42 generales de mayor rango de las Fuerzas Armadas. La reunión, convocada por S. M., era la primera que tenía el Rey con los consejos superiores de los tres Ejércitos, y don Juan Carlos, con uniforme de capitán general del Ejército de Tierra, pronunció un meditado discurso en el que repasó los temas de mayor actualidad. Primero, el terrorismo, «que toma una vez más a los miembros de las Fuerzas Armadas con ánimo de que sus nervios salten y la serenidad se pierda».

Luego, el estado de ánimo de los miembros de la familia militar y del pueblo y sus reflejos en la vida política nacional. «...Se trata de conseguir -dijo don Juan Carlos- que las actividades políticas nacionales no estén obsesionadas por las influencias militares, después de los graves sucesos del 23 de febrero, pero que los sentimientos de quienes integran las Fuerzas Armadas puedan ser reconocidos y valorados.»

Advirtió también el Rey de los riesgos de la exaltación de unos y de un lento proceso de descomposición, de falta de normas constitucionales. Ambos pue-

 

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