Autor: Muguerza, J. R.. 
 La próxima vez será mortal. 
 Roberto Lerchundi, secuestrado e interrogado por los comandos de apoyo a ETA  :   
 Se trata de una acción para intimidar a los partidos que luchan contra la organización terrorista. 
 ABC.    04/04/1981.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

10/ABC

NACIONAL

SÁBADO 4-4-81

La próxima vez será mortal

Se trata de una acción para intimidar a los partidos que luchan contra la organización terrorista

Roberto Lerchundi, secuestrado e interrogado por los comandos de apoyo a ETA

BILBAO (J. R. Muguerza, corresponsal). Roberto Lerchundi, secretario general def PCE de Euskadi y parlamentario vasco, permaneció secuestrado en la tarde de ayer durante dos horas por un «comando berezi» de apoyo a ETA. La acción, según los propios secuestradores, tenía como objetivo «el intimidar a los partidos que estén en la lucha contra ETA», advirtiéndole que la próxima vez será mortal.

El secretario general del PCE, después de ser interrogado en un chalet abandonado existente en el Municipio de Guecho, adonde fue conducido, logró escapar trasladándose a la Comisaría de Policía, en donde denunció lo ocurrido. Hacia las diez y media de la noche y tras haber prestado declaración, Roberto Lerchundi sostuvo una rueda de Prensa con los diferentes medios informativos bilbaínos, a los que contó los pormenores del secuestro.

CUATRO INDIVIDUOS. Según manifestó el secretario general del PCE de Euskadi momentos después de abandonar las dependencias policiales, los hechos ocurrieron de la siguiente forma: Hacia las cinco de (a tarde y después de estacionar su vehículo en las proximidades de la iglesia de San Nicolás, Lerchundi se dirigía a pie hacia la sede del PCE, sita en el casco viejo de Bilbao, en donde tenía previsto dar una conferencia.

En la confluencia de las calles Bidevarrieta y Jardines, el líder comunista fue abordado por dos jóvenes que le entregaron un papel. «Textualmente recuerdo lo que ponía, pero venía a : Tu mujer e hijos se encuentran vigilados. Su vida depende de tu comportamiento. No hagas gestos extraños o cosas raras.»

Uno de ellos mostró- bajo un puñuelo un bulto que parecía ser una pistola.

Poco después, Roberto Lerchundi y los dos jóvenes se dirigieron por la calle Bidevarrieta, en donde le preguntaron por su coche. El secretario general del PCE señaló que no tenía. «Ellos al decirles que no disponía de coche se quedaron por unos momentos sorprendidos. Luego me dijeron que cogeríamos un taxi.» Momentos antes el parlamentario vasco fue advertido de que le seguían otras dos personas con una metralleta. El líder comunista volvió la cabeza y vio a dos jóvenes, uno de los cuales portaba una bolsa deportiva en la que podía ir el arma. «Al Ilegar a la de Arriaga, tos dos jóvenes que me abordaban y yo subimos en un taxi, mientras que los que nos seguían lo hacían en otro. Los cuatro llevaban gafas oscuras y no representaban tener más de veinte años.»

Por indicación de uno de los secuestradores, el taxi se dirigió al Municipio de Guecho. Una vez en él, s\ taxista recibió la indicación de dirigirse hasta la estación del ferrocarril del barrio residencial de Neguri, distando unos 17 kilómetros de Bilbao. Al llegar, el taxista dijo que la carrera costaba 600 pesetas. Uno de los secuestradores le dio un billete de 5.000 y como el taxista no tenía cambio, Lerchundi tuvo que pagar de su bolsillo. «Detrás nuestro venía el otro taxi, que también fue despedido en la estación.

Seguidamente y a pie nos dirigimos hasta unos chalés abandonados.» Estas viviendas se encuentran en una entrada sin acceso a vehículos en la avenida del Ejército, muy próximas a la plaza de Darío Regoyos, en donde están los surtidores de gasolina. «Uno de ellos se había adelantado, por lo que yo fui con los otros tres. Nos metimos en el chalé del medio, subiendo hasta la segunda planta. Allí se encontraba otro individuo con el rostro cubierto con una capucha roja. En la habitación donde me condujeron había pegados varios carteles de «Viva ETA», «Vosotros, los reformistas, sois los terroristas», así como otro de «Independencia».

INTERROGADO. Una vez en el interior del inmueble el comando, que se definió como «berezi» de apoyo a ETA, explicó a Roberto Lerchundi que el objetivo al secuestrarle era el de intimidar a los partidos que están en la lucha contra ETA, advirtiéndole que se trataba en esta ocasión de un aviso, pero que la próxima vez sería «mortal». Asimismo, manifestaron que era el mismo comando que en

los pasado días atentó contra las oficinas que la empresa Iberduero tiene en el barrio de Romo.

«Me dijeron que iba a quedarme secuestrado en la casa y que mañana (hoy sábado) darían cuenta del lugar donde estaba para que me liberaran. También me señalaron que habían dado orden a sus compañeros para que se retiraran de mi casa, cosa que luego he comprobado que no era cierto, ya que no fueron en ningún momento a mi domicilio. Poco después los secuestradores sacaban un cásete, llevando a cabo un interrogatorio acusador. Me hicieron unas preguntas sobre distintos aspectos políticos y las causas por las que se estaba llevando una campaña contra ETA. Yo les di las mismas contestaciones que hago habitualmente sobre mis pareceres en estos sentidos. Si la cinta se hace pública podrá comprobarse que el hecho de estar secuestrado no me cambió a la hora de manifestarme.»

Concluido el interrogatorio, los secuestradores añadieron la sentencia, la cual venía a decir: «Roberto Lerchundi, secretario del PCE, cómplice de la represión que se hace a Euskadi. Pena: arresto. La siguiente vez las consecuencias serán más graves, posiblemente mortales.» «Mientras me realizaron el interrogatorio, otro me hizo unas fotos que, según ellos, las van a distribuir a distintos medios. También señalaron que al igual que a mí esta acción podía haberse hecho a Damburenea o Txiki Benegas.»

Concluido el interrogatorio, el parlamentario vasco fue introducido en un saco de dormir, maniatándole y sujetando las cuerdas a unos agujeros existentes en la pared «Me dieron una lata de espárragos y otra de sardinas. Cuando ellos se fueron y no oí ningún ruido, rompí el saco con los codos y la cremallera con la boca. Después conseguí soltarme las manos, con lo que todo lo demás resultó fácil. Una vez liberado agarré una estaca y una piedra, dirigiéndome a la escalera. Arrojé la piedra por si aíguie~n estaba en la planta inferior y salía al oír el ruido, pero no escuché nada. Por este motivo abandoné la casa y me dirigí a la Policía, en donde conté lo ocurrido.»

Poco después y acompañado del comisario jefe de la Comisaría de Policía de Guecho, así como varios inspectores, el líder comunista volvió a la vivienda, en donde había permanecido secuestrado. Hacia las ocho y cuarto de la tarde, el secretario general del PCE de Euskadi prestó declaración. Hacia las nueve y media, su mujer, Begoña, llegó a la Comisaría, permaneciendo unos momentos con su marido. Poco después de las diez de la noche, Lerchundi abandonó las dependencias policiales para dirigirse a la sede det Partido, en donde sostuvo una rueda de Prensa.

«HECHOS COMO ESTE NOS ANIMAN». Según nos manifestó personalmente, el secuestro sufrido y las amenazas recibidas no han alterado las ideas del líder comunista. «Hechos como éste nos animan para la movilización contra el terrorismo. En vez de amedrentarnos nos enfurece y da más fuerza para buscar la paz en Euskadi. Si queremos paz tenemos que movilizarnos contra el terrorismo en una lucha sin cuartel y sin miedo. Respecto a ellos, solamente puedo decir que se mueven con escasísimos medios y que demuestran que pueden cogerte en cualquier momento.»

 

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