Autor: Salas, Juan Tomás de. 
   Señores obispos vascos     
 
 Cambio 16.    13/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Juan-Tomás de Salas

Editorial

Señores obispos vascos

SU carta pastoral conjunta es un monumento de habilidad, de diplomacia y de lo que, con el debido respeto, en tierra europea de garbanzos podría merecer el calificativo de hipocresía. Su intento de colocarse por encima del bien y del mal, más allá del puñal y del tanque, les ha obligado a cerrar los ojos sobre la realidad, no distinguir a la víctima del verdugo y no advertir que ese templo suyo lo tienen ustedes plagado de pistoleros y no de mercaderes. Cuando alguien le está pegando un tiro por la espalda en la cabeza a alguien, parece escarnio que un tercero se aproxime a la escena del crimen y predique bondadosamente al muerto y al asesino que depongan las armas. Desgraciadamente, eso es lo que han hecho ustedes en la pastoral conjunta.

Parece cierto, y los exégetas partidarios del texto episcopal así lo recuerdan, que es la primera vez que ustedes condenan por su nombre a la ETA. Pero llegan ustedes tarde, centenares de muertos tarde. Y además de llegar tarde llegan ustedes de puntillas. Con guante blanco y habilidad de serpiente del edén, califican ustedes de «acciones militares» y de «muertes» lo que son pura y simplemente asesinatos perrunos, sin riesgo y por !a espalda. Si Lucifer hubiera estado dotado de tan supina habilidad probablemente no existiría ni la raza humana porque la pobre Eva se habría comido entero un saco de manzanas.

Ninguna razón de oportunidad, ningún motivo ecuménico, puede justificar una postura que iguala a la víctima con el verdugo. En otras condiciones y en otros tiempos, ustedes mismos podrían haber nombrado mártir al ciudadano teniente coronel que fue asesinado por la espalda por ser o haber sido militar y por empeñarse en seguir yendo a su iglesia y a su misa de frente y por derecho. Ninguna razón de oportunidad justifica ahora que, no sólo no le nombren mártir, sino que casi le nieguen el triste derecho a reconocer que ha sido asesinado. No se puede hablar de su «muerte», como si hubiera caído fulmiado por un rayo, porque no cayó fulminado por un rayo, sino asesinado de un balazo en la cabeza y por la espalda.

Colocarse tan por encima del bien y del mal puede conducir a la aberración suprema de confundir al bien con el mal y a los efectos con las causas. Hacen ustedes muy bien en condenar todas las amenazas a la libertad de los españoles y de los vascos que puedan nacer de quienes intentan recomponer por aquí la dictadura. Pero hacen ustedes muy mal en desconocer u ocultar que el terror viene primero y la amenaza de dictadura viene después, que el terror es la causa y la amenaza de dictadura el efecto, que ETA mata a militares para que nos encarcelen a todos, y no al revés.

Hasta que los vascos no se quiten de los ojos las perniciosas telarañas del terror, hasta que no sepan distinguir bien claramente sus amigos de sus enemigos, esa libertad que ustedes añoran y defienden será una libertad en peligro. Todos los pueblos de España tienen derecho a la libertad y tienen derecho a exigirles a ustedes coraje bastante para condenar al terror y defendernos también a todos de las amenazas que ETA quiere lanzar sobre nuestra libertad. A la víctima y al verdugo no se les pueden mandar cartas conjuntas. Hay que mandarle la carta solamente al verdugo y con un mensaje bien claro: ¡Por Dios, deje usted de matar!

Señores obispos, sabemos de los sufrimientos enormes de esas tierras, sabemos cómo luchan tantos vascos por reconstruir la paz, y por eso mismo hay que comprender errores y vacilaciones en el espinoso camino que concude desde Caín a Abel. Pero no lo duden, la única manera de que los vascos recuperen paz, libertad y autonomía es que ese puñado de energúmenos de gatillo fácil y alma de Gengis Kan dejen de inmediato de matar. No tengan miedo, díganlo.

 

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