Autor: ;Landaburu, Ander . 
   ETA te absolvo  :   
 Los obispos vascos han dado un golpe al Estado con su pastoral. 
 Cambio 16.    13/04/1981.  Página: 18-21, 23. Páginas: 5. Párrafos: 58. 

Este país

ETA te absolvo

Los obispos vascos han dado un golpe al Estado con su pastoral

La Iglesia vasca deja de ser un poder fáctico y oculto para hacer acto de presencia como fuerza política pública y militante, tal es el significado de la polémica pastoral que motivó una protesta verbal del gobierno español al Vaticano.

Enarbolando la cruz y la ikurriña, los pastores vascos recuperan el crédito de la Iglesia-Institución ante el pueblo vasco y ofrecen a las fuerzas políticas nacionalistas no violentas un apoyo de enorme peso.

Pero al reanudarse los viejos lazos entre la Iglesia y el nacionalismo en el País Vasco resurge del pasado y de los textos un modelo de sociedad que se opone radicalmente al que han elegido la mayoría de los españoles: una sociedad laica, con divorcio y tolerante en las costumbres. El pretexto: ese gobierno ha decidido extremar sus medidas contra el terrorismo separatista y contar con el ejército de la nación para combatirlo. Las jerarquías eclesiásticas y el Vaticano contemplan con muy buenos ojos la entrada espectacular de la Iglesia Vasca en la puja autonómica.

La palabra de un obispo, en Euskadi, tiene un peso fantástico. Pero esa palabra se acompaña hoy, además, de un poderío muy considerable en los medios de comunicación y de influencias directas impresionantes en tos medios económicos y en los partidos políticos vascos.

La pastoral ha sido un golpe. La Iglesia ha tomado posiciones para configurar en Euskadi un modelo de sociedad con la ikurriña y con la cruz. ¿Y ETA, en todo eso? Matar, ya se sabe, es pecado. Pero siempre queda la confesión, el propósito de enmienda y la absolución. Y en los casos más trágicos, los funerales nacionales.

Así pues, se condena a penitencia pero «ego te absolvo a pecatis tuis».

ARANZAZU y domingo 5 de abril. Tres días después de la publicación de la pastoral firmada por los obispos de Bilbao. San Sebastián y Vitoria, monseñores Luis María Larrea, José María Setién, José María Larrauri, y por el auxiliar de Bilbao, monseñor Juan María Uñarte.

Como cada domingo, de cinco a seis mil visitantes. Sin cesar se celebran misas encargadas. 300 pesetas las más baratas. 9.000 las más caras, con canto gregoriano.

En la explanada sólo se escucha una lengua, el euskera. Estamos en el corazón mismo, en el meollo del País Vasco y del vasquismo. En el templo todas las misas, menos una, se rezan en euskera. Y la misa en español, símbolo o bromazo de dudoso gusto, se dice en el sótano. En la «cripta», desangelada como un garaje y abierta al museíllo en donde se exhiben algunas chucherías misionales. Gran cantidad de los fieles solicita un favor especial: la bendición, provista de los correspondientes ungüentos, óleos y sales, del pequeño utilitario recién adquirido. El automóvil se deslizará luego, más seguro, por la abrupta, mala y peligrosa carretera que baja de la cumbre de la montaña santa de los vascos, hasta los jugosos valles de Oñate.

Hoy, uno de los predicadores ha aludido a la pastoral de los obispos. Brevemente. Ha destacado la defensa de los valores autonómicos hecha por los prelados y poco más.

Con todo, fray Pedro de Anasagasti. director de la publicación «Misiones franciscanas», asegurará que lo de que Aránzazu es un gran símbolo del nacionalismo y aún del irredentismo vasco, «es exagerado».

Sin embargo, admite que nadie ha hecho tanto como el convento franciscano de Aránzazu por mantener viva la lengua vasca, una lengua que, cada día más, es la de la Iglesia católica del País Vasco, hasta el punto de que hoy en día, el mismo catecismo y el mismo misal en euskera sirve para las diócesis del País Vasco español, para Navarra y para el País Vasco francés.

Esa Iglesia, que se define a sí misma como vasca, intervino de forma que sorprendió y acongojó a toda España el jueves día 2, en la vida política de la nación, menos en el País Vasco, en donde, por primera vez desde hacía muchísimos años, muchos sectores nacionalistas de diversas tendencias y partidos se sintieron identificados de nuevo, como en tiempos de monseñor Mateo Múgica, el obispo exiliado, con la voz de sus prelados.

evolutivo de la Iglesia vasca, natural de Galdácano fue párroco de Santa María de Guecho feudo desde tiempos del PNV.

«Ahora, dice, con esta pastoral, el episcopado de Euskadi, aunque aún falta el obispo de Pamplona, ha recuperado su verdadera línea, el auténtico estilo de una iglesia en directo contacto con la conciencia nacional del pueblo.»

La vida de Zamalloa está íntimamente ligada con ese proceso. Fue cura en franquismo y sufrió persecuciones por su militancia vasquista. En 1960 encabezaba la lista de 339 sacerdotes que firmaron una carta a los obispos vascos y fue condenado por el nuncio Antoniutti, posteriormente por el obispo Cirarda y por las autoridades civiles.

Los cuatro firmantes, en todo caso, son perfectamente conscientes de la trascendencia y de las consecuencias de un documento pastoral que ha sido calificado por una acreditada voz del abertzalismo más depurado, José Luis Zamalloa, como «el más importante de la historia de Euskadi». Zamalloa fue un clérigo de los que colaboraron estrechamente con ETA en tiempos del franquismo. Hoy secularizado, es miembro del PNV, tendencia Arzalluz y su hermano Carmelo, es secretario de la Comisión de Conflictos del Partido.

La redacción de la pastoral fue objeto de largas y laboriosas reuniones. Según una fuente muy directa, «los obispos vascos decidieron hacer un escrito asustados y escandalizados por conceptos oídos en boca de algunos de sus colegas durante la Conferencia Episcopal Española, cuya celebración coincidió con el intento fallido de golpe de Estado».

Otra fuente, muy allegada al obispo de Bilbao, añadió que «el mismo intento de golpe y el asesinato de los dos militares por ETA, inmediatamente posterior al mismo, hicieron pensar que era urgente una pastoral común, que las medidas adoptadas posteriormente por Madrid, a su juicio, justificaba aún más».

La pastoral fue objeto de varias versiones y el domingo 5 se sabía ya de fuente eclesiástica segura que el módulo adoptado fue el que propuso monseñor José María Setién, obispo de San Sebastián, a quien asesoró, entre otros, el abogado donostiarra y diputado de Euskadiko Ezkerra Juan María Bandrés. persona muy católica y muy practicante, por lo demás.

El fuerte impacto causado por la pastoral llenó de repente de sigilos y cautelas a los autores del documento y a sus diversos asesores, algunos de los cuales, rogando el anonimato más absoluto, llegaron a decir a esta revista que si bien estaban de acuerdo con el contenido, consideraban «tal vez inoportuna»

su publicación en estos momentos. Pero admitieron que antes de ser dada a la publicidad, la pastoral fue comunicada a la autoridad eclesiástica española y vaticana competente. No hubo reparos. El dato, cuando se está estudiando con minucia política exquisita la visita del Papa Juan Pablo II a España y aún cuidadosamente su paso por el País Vasco, es de una importancia capital.

José Luis Zamalloa ha vivido desde dentro durante 30 años todo el proceso

Colaborador de ETA

CAMBÍO16 publica en este reprotaje la foto postuma de José Antonio Aguirre. En su compañía hay un sacerdote. Es Zamalloa. «La foto recuerda una entrevista secreta que celebré el 2 de marzo de 1960 en París con el lendakari, a quien fui a solicitar ayuda y fondos para la recién fundada ETA. Claro que la ETA de entonces no tenía nada que ver con la ETA de ahora. La ETA de entonces era algo angelical comparado con la de ahora.»

Zamalloa no fue el único sacerdote colaborador de la ETA. Hubo muchos más. Un 10 por 100 del clero vasco, según las estimaciones más bajas. Y la colaboración se intensificó a partir de 1968, cuando, explica Zamalloa, «salieron nuevas hornadas de sacerdotes que estaban en contacto directo con una juventud revolucionaria».

Añade, «en ese momento, la colaboración con la ETA era total. E¡ obispo de Bilbao era entonces monseñor Gurpide, el más indigno, el más antivasco de los prelados que ha conocido la diócesis. Ese hombre me acusó a mí un día de tener contactos con la ETA y le respondí: cuando usted habla con los jóvenes vascos, pierden la fe. Cuando hablan conmigo, conservan la esperanza en la Iglesia».

El conflicto de Zamalloa con la jerarquía se repitió por docenas de ejemplares y se produjo «la más formidable oleada de secularizaciones que haya conocido la historia de la Iglesia vasca».

Hoy la ETA, dice Zamalloa, no cuenta ya con ese apoyo de una parte del clero, «ni lo necesita, ese apoyo se ha reducido enormemente, aunque existan casos aislados».

Sin embargo, y refiriéndose a la pastoral, estima que «no hay que esperar que el clero vasco condene a ETA con los mismos términos con que se hace en Madrid. Pretender eso, añade, es ignorarlo todo del País Vasco, de la conciencia nacionalista vasca y de las frustraciones de los vascos en estos cinco años de presunta democracia. Es no saber nada del "pathos abertzale", de la pasión abertzale, que une a todos los vascos nacionalistas. Se equivocan sin duda alguna, yerran, asesinan, hacen daño... pero sus muertos son nuestros muertos».

Si hallamos alucinantes y aún aberrantes sus palabras, lo acepta: «sí, es aberrante y alucinante, pero es así».

Le pedimos que ponga las cartas boca arriba. «No, confiesa, no me siento español. Soy vasco y nada más. Y es cierto, hay que decir la verdad, más de un 60 por 100 de los vascos piensan como yo.» La cifra adelantada por el ex sacerdote vasco corresponde al porcentaje del voto abstencionista y negativo en

Este país

Euskadi a la constitución española.

Y para el señor Zamalloa, no cabe duda, el gran mérito de la pastoral de los obispos vascos es que «incide plenamente y concuerda del todo con ese pathos, con esa pasión abertzale, quiérase o no».

Es el testimonio de un sacerdote secularizado, hoy miembro escuchado en el PNV. En tiempos, él mismo lo recuerda, daba albergue a un «guerrillero» llamado Argala...

Se puede encontrar en Bilbao, de todos modos, un análisis más frío de la situación de la Iglesia vasca. Se trata del que hace Fernando García de Cortázar, jesuíta, profesor en la Universidad de Deusto y autor de importantes estudios sobre la relación histórica entre el nacionalismo y la Iglesia en el País Vasco, así como de una «Historia de Vizcaya». García de Cortázar es definido como pensador liberal y crítico del nacionalismo.

Según él, «la Iglesia vasca de hoy, como la Iglesia en general, sabe que se puede vivir de política impugnada (es el caso de la Iglesia en Polonia) o, por el contrario, de política aceptada. Él poder hoy. en el País Vasco, o los poderes, se llaman nacionalismo en sus diversas modalidades. Es un poder por una parte logrado por las urnas y por otra, impuesto por el terror y por las armas. La Iglesia vasca, que es un importante poder institucional e ideológico, pacta con ese otro poder que se llama nacionalismo».

¿Qué Nacionalismo?

Y añade: «En este sentido, la polémica pastoral de los obispos vascos es muy expresiva: los efectos producidos por las acciones que ellos denuncian, son contemplados en el ámbito de "nuestro pueblo" mucho más que en la esfera de la persona humana individual. La libertad o los derechos humanos son contemplados por los obispos vascos mucho más como la "libertad de nuestro pueblo» que como un derecho individual inalienable" »

Sin embargo, considera, la Iglesia, al decidirse a jugar abiertamente la carta del nacionalismo, se encuentra hoy con un problema que no tenía en los años 30 y es «la diversificación del nacionalismo vasco, la diversidad de ofertas nacionalistas que presenta la sociedad vasca. Por lo cual, los curas nacionalistas son reclamados por tres tendencias principales con las siglas PNV, Euzkadiko Ezkerra y Herri Batasuna y la Iglesia que sabe jugar, prefiere por eso mismo no mostrarse hoy excesivamente peneuvista».

Coincide este observador, pues, con otros que en la pastoral episcopal han visto sobre todo una afirmación de presencia política eclesiástica nacionalista, este sentido «la reacción a la Pastoral me dice que nuestros obispos han cometido un error pastoral: no habían previsto una reacción que en nada contribuye a la concordia y pacificación del Pueblo Vasco».

La reflexión le lleva a la siguiente conclusión: «Algunos piensan que el Estado no puede contener y aislar el terrorismo sin una súbita o progresiva intervención militar o un endurecimiento del aparato represivo del Estado. Pero ¿comporta este endurecimiento un atentado contra los derechos fundamentales de la persona? Si fuera así, los obispos harían muy bien en denunciarlo. Si no la mejor ayuda que los obispos pueden ofrecer para la recuperación de la libertad perdida a causa del terrorismo, ha de ser, ponerse al lado de quienes lo pero no necesariamente afiliada o aliada a tal o cual formación, sino dispuesta a jugar su propio juego.

Así, añade el historiador jesuíta, «en los consejos que la pastoral de los obispos vascos da al Gobierno autónomo, aparte de la natural llamada de atención sobre la erradicación del terrorismo, sólo se contemplan los aspectos desarrollados con la autonomía.

Parece como si a los obispos sólo les preocupara el ser autónomos, olvidándose de los contenidos sociales, culturales, éticos de la actualización de la autonomía del País Vasco por un Gobierno y un Partido».

Pastoral nada pastoral

Los pastores vascos han sido poco pastores, estima García de Cortázar, que recuerda se enseña a los sacerdotes que han de cuidar no sólo de lo que dicen sino de cómo será entendido, y en

combaten, con la misma firmeza que la que hay que emplear a la hora de oponerse a una dictadura militar.»

Si no hubiera sido por el «tejerazo», ya existiría hoy una Conferencia Episcopal Vasca, paralela a la Conferencia Episcopal Española.

Algunos eclesiásticos y el padre Pedro de Anasagasti, de Aránzazu, entre otros muchos, desearían y encontrarían «lógico» que esa Conferencia Episcopal Vasca incluyera a los prelados de «Euzkadi norte».

Para ello, estiman los observadores de la realidad vasca y subraya García de Cortázar, la Iglesia cuenta con un arma poderosa y es el idioma vasco. «La lucha por el euskera, dice este sacerdote, sería algo así como la lucha por el poder político y también por el control interno de la propia Iglesia vasca.»

En este sentido, corre por las diócesis vascas un ácido y duro panfleto acusatorio en el que se denuncia la utilización política por la Iglesia del arma lingüística, por ejemplo, cuando transforma al euskera en norma obligatoria para las ordenaciones sacerdotales, ordena cursos de reciclaje de cultura vasca, impone la liturgia vasca, etc...

Al mismo tiempo, los cargos diocesanos y parroquiales más importantes y estratégicos son confiados sistemáticamente a sacerdotes abertzales y los mismo ocurre en las principales órdenes religiosas, en algunas de las cuales se han creado ya situaciones de crisis interna, cuando hay religiosos que no comparten el ideario eclesiástico-nacionalista.

Purga en la Radio

La pertenencia o la simpatía por alguno de los partidos nacionalistas, pero espectalmente por el PNV y EE, es también un factor de promoción en los medios eclesiásticos, y los partidos y el gobierno corresponden satisfactoriamente: Ramón Labayen, consejero de Cultura ha acordado un crédito de cuatro millones de pesetas a Radio Loyola y financiará las seis horas en euskera que produce esta emisora, controlada por un sector pronacionalista y ruralista de la Compañía de Jesús.

Por su parte, el obispado, propietario de Radio Popular, controlada por monseñor Uñarte y por el peneuvista Ander Manterola, ha procedido a una «purga» en la redacción que ahora será más obediente y católica.

Los perjudiciados por estas medidas, a menudo excelentes profesionales, ven en ellas la continuación sistemática de una acción «caciquil» emprendida desde hace un par de años por los medios eclesiásticos nacionalistas, dueños en el País Vasco de importantes medios de comunicación y de presión.

De ideas muy progresistas en ciertos aspectos y muy conservadoras en otras.

como las que atañen a la moral sexual, etc... el clero vasco se encuentra hoy de nuevo unido con sus obispos, entre Jos que destaca por su capacidad política monseñor Setién. el de San Sebastián, según todos los conocedores de la cuestión.

Esta nueva Iglesia vasca no tiene miedo alguno de las ideas y militancias socialistas más izquierdistas siempre y cuando sirvan a la causa nacional a la que todo debe estar supeditado, sobre todo, si va unida a valores católicos muy tradicionales de familia, laboriosidad, fecundidad familiar, etc... Es justamente el sector popular en el que encuentra su fuerza política el actual presidente del PNV Xavier Arzaliuz. Antes de Ja pastoral, según una fuente peneuvista, en los batzokis (casas del PNV) más populares y nacionalistas, se había por fin impuesto la idea de colaborar para erradicar el terrorismo. Hoy este estado de espíritu, ha desaparecido otra vez «puesto que los obispos ponen en el mismo saco a los "chicos" y a los militares». Y en la sede del gobierno vasco se recibieron miles de telefonazos exigiendo solidaridad con los obispos.

Muchos de los cinco o seis mil euxkaldunes que cada domingo suben a Aránzazu y hacen bendecir su coche por un fraile franciscano con sandalias, piensan así y votan así.

Se nos dice: «Mas de uno de entre ellos enciende un cirio por un hijo que anda con los chicos. Porque en estos medios, los de ETA son los "chicos" y se admite que si uno de ellos muere, la condena de la pastoral al terrorismo, no va tan lejos como para que se le nieguen funerales religiosos públicos y otras ceremonias con participación eclesiástica, a pesar de que según un clérigo de la curia bilbaína, el Derecho Canónico tiene artículos que permiten prohibir las honras fúnebres litúrgicas, a quien mata a su prójimo.

La Iglesia piensa que jugando a fondo la carta del nacionalismo incluido al más radical, logrará que otros hijos vayan al clero.»

Con la pastoral de los obispos, lo que era hasta ahora el primer poder fáctico y oculto del País Vasco, ha salido a la luz pública con fuerza política, que encuentra a sus aliados oportunos y naturales en el populismo católico de Xavier Arzalluz y en el socialismo cristiano de Juan María Bandrés.

Pero, el motor común es el nacionalismo, y, en su nombre, y por sus objetivos finales, caben siempre nuevas «alianzas objetivas» con otras corrientes nacionalistas, aunque hoy se las condene.

Xavier Domingo y Ander Landaburu

 

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