Una pastoral polémica     
 
 Cambio 16.    13/04/1981.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Una pastoral polémica

Algo menos de seis (olios, el texto de la pastoral conjunta de los cuatro obispos vascos sobre la situación política, han levantado en España la mayor tormenta política desde el 23 de febrero. Dividido en tres partes y un preámbulo significativo, el documento episcopal ha sido censurado, en realidad, más por su estilo —y por lo que podría connotar su lenguaje— que por su mismo contenido. Claro que esa circunstancia es la penitencia propia de la Iglesia, institución para la que, tradicionalmente, el «cómo» ha sido casi siempre el «qué».

Al analizar la situación creada en el País Vasco por la presencia de efectivos del Ejército, la pastoral hace mención de «acciones militares» de ETA orientadas a «hostigar» a las Fuerzas Armadas. Aunque sólo un párrafo después se hace mención expresa de la palabra «asesinato», los observadores han juzgado excesivamente condescendiente, tolerante, blanda y hasta justificativa la definición de las acciones terroristas desencadenadas tras el 23-F en el País Vasco.

Una comparación posterior entre el nivel desestabilizador del Batallón Vasco Español —organización ultraderechista responsable de un número de atentados al menos cincuenta veces menor que los reivindicados por ETA— y el de esta misma organización ha sido considerada muy poco afortunada e incluso malintencionada.

El diagnóstico de los propósitos de ETA es. sin embargo, preciso: ETA, dicen los obispos, pretende llegar a la dictadura por el golpe de Estado para que la población vasca vuelva a prestar su favor a la organización revolucionaria.

El documento reprueba cualquier intervención militar y reclama la independencia de la vida política con respecto al brazo armado de la nación. Veladamente se censura que algunos sectores de la población se muestren dispuestos a renunciar a la libertad en aras de la seguridad. Es gente, dicen los obispos, que añora un sistema de gobierno autoritario y que identifica «la paz con el mero orden».

Al abordar los criterios cristianos para «leer» la situación política creada en Euskadi, los obispos condenan las amenazas, los secuestros y los impuestos revolucionarios. Pero nuevamente abusan de suavidad lingüística y aluden a la cadena de asesinatos como simples «muertes causadas en nombre de una supuesta justicia o estrategia revolucionaria».

Al tiempo, sin embargo, la pastoral denuncia que ETA se reclame la representación ni el mandato del pueblo vasco para llevar a cabo sus «acciones militares». La misma reprensión a la arrogancia otarra se aplica a las Fuerzas Armadas, cuya tentación de intervención en el actual proceso es considerada por los obispos como «un serio peligro más que como una auténtica defensa del pueblo». Sobre el conflicto

creado, los obispos exigen a los fieles una postura activa y condenan la inhibición política como actitud indigna de los «discípulos de Jesucristo».

«Consolidar la libertad» es la apelación básica del documento pastoral, que considera «frágil» a la democracia y califica de insuficientes los poderes del gobierno autonómico vasco y de deficiente el modelo sociopolítico español. Tras censurar duramente que algunas leyes no respetan los derechos humanos y después de omitir una condena del mismo pecado por parte de ETA, los obispos reivindican el derecho de la Iglesia a intervenir activamente en las presentes circunstancias.

Los obispos consideran legítimo el derecho del Estado a tomar las medidas «que sean necesarias» ante la violencia armada, pero recuerdan que esas medidas deben ser fruto de una «libre decisión política» y advierten que toda presión coactiva de otras fuerzas y poderes que no sean el Gobierno legítimamente constituido es «un atropello a la libertad». La pastoral, abundando en esa idea, es exigente con el gobierno autonómico vasco y le recuerda su responsabilidad de oponerse a «todo intento militar de interrumpir o recortar el proceso democrático».

El arma que el pueblo católico vasco debe utilizar para salvaguardar la libertad, se indica propiamente en un documento episcopal, no es otra que «la fe que nace de la resurrección de Jesús».

 

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