España y su estructura fiscal     
 
 ABC.    29/09/1959.  Página: 44. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ESPAÑA Y SU ESTRUCTURA FISCAL

Magnífica oportunidad, plenamente aprovechada, ha sido la inauguración del XIII Congreso Internacional

de la Asociación Fiscal para airear un tema, siempre de actualidad pero de difícil manejo, y más difícil

estudio todavía, como es el tema fiscal. Afortunadamente, el discurso científico inaugural ha estado a

cargo de un ilustre catedrático de nuestra Universidad Central, el profesor de Economía y Hacienda

D.José María Nahárro.

Naharro, uno de los últimos discípulos de aquel gran economista, estadístico y hacendista que fue

D.Antonio Flores de Lemus, sabe bien del "flavour" maravilloso que para la ciencia representa echar los

vinos nuevos en odres viejos. Quiere esto decir que Naharro ha sabido poner siempre a punto las teorías

clásicas con las teorías modernas, sacando de unas y otras, por alquitarada quintaesencia, las gotas de la

verdad y del acierto. Con una honradez suprema de quien actúa sin prejuicios ni telarañas mentales, las

críticas de Naharro son diáfanas y sólidas. Se podrá no pensar como él, pero no se le puede negar un

criterio rectilíneo y maduro. El interés con que le escuchó una concurrencia de varios centenares de

expertos en Economía y Hacienda de varios países justifica la importancia de este discurso inaugural,

dedicado a exponer en una visión rápida, pero muy completa, la estructura interna del sistema fiscal

español.

Nuestra historia fiscal comienza a tener interés con las reformas de Mon, que luego habían de ser

continuadas, siguiendo así una tradición de dignidad en nuestra Hacienda Pública, por D. Raimundo Fer-

nández Villaverde, con un asesoramiento excepcional, el de Flores de Lemus, que no obstante su juventud

de entonces, representó la más profunda renovación de la ciencia hacendística. Por eso nuestro sistema

fiscal puede ofrecer instrumentos impositivos de tan fina calidad y positiva eficacia como la antigua

Contribución de Utilidades, auténtica contribución sobre la renta de las Sociedades, que admite el

parangón con las más afamadas estructuras fiscales de otros países.

Acierto indudable en los investigadores de nuestro panorama tributario y fiscal —y el profesor Naharro se

encuentra entre ellos con borla de doctorado— es el haber sabido acoplar el carácter de nuestro Fisco al

carácter de nuestro pueblo. Quiere esto decir que el sistema tributario español .es un sistema con

características netamente latinas, más próximo, desde luego, al francés o al italiano que a los

anglosajones. Y gracias a Dios que así sea, porque nada hay tan perturbador como el querer practicar un

mimetismo en materia económica y financiera, a contrapelo del carácter genuino del pueblo al que se

aplica.

No quiere esto decir que los sistemas fiscales han de permanecer de espaldas a la evolución económica

del mundo, sino, simplemente, que todas las innovaciones, cuando están plenamente justificadas, tienen

que pasar por el estrecho tamiz de. la acomodación al medio y: a la especial circunstancia de cada país.

De esta forma, la discriminación de los ingresos presupuestarios, que antiguamente se hacía de una

manera simplista y casi dicotómica en "impuestos directos" e "impuestos indirectos", hoy es más racional

considerarlos de una manera tripartita en impuestos "sobre la, renta", "sobre la circulación" y "sobre el

gasto". En cierto modo, esto no hace más que acomodarse a un módulo tradicional de la economía, que

estima también, de una manera paralela, las tres fases típicas de "la producción", "la distribución y el

cambio" y "el consumo".

También es importante fijar de una manera muy precisa—hasta donde consienta la natural imprecisión

del concepto—lo que ha dado en llamarse la "presión fiscal". Y aquí el profesor Naharro apeló, con

indudable acierto, a unas cifras que demuestran que la participación del Estado en la Renta nacional,

medida de una manera uniforme, es decir, con una sola clase de moneda—pesetas de un año determinado,

y no en pesetas de cada año—, ha tenido que ser superior al 6 por 100 en que aparece aumentada desde el

año 1913. Finalmente, el conferenciante sostuvo la posibilidad de que, en ciertas condiciones, pueda

obtenerse el equilibrio económico y la estabilidad sin que sea indispensable el equilibrio presupuestario

previo.

 

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