Autor: Ruiz de Azúa, Victorino. 
 Tres nuevos asesinatos en el País Vasco. En un intervalo de cinco horas. 
 Un teniente de Infantería retirado y el director de la empresa Moulinex, asesinados en Guipúzcoa     
 
 El País.    15/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Tres nuevos asesinatos en el País Vasco

Tres nuevos atentados terroristas fueron perpetrados ayer en el País Vasco, presumiblemente, por ETA Militar. Las víctimas han sido dos militares retirados y un director de empresa. La primera de estas acciones fue materializada a las 9.30 horas, en San Sebastián, momento en el que el teniente retirado del Ejército Oswaldo José Rodríguez fue abatido por los disparos que efectuaron contra él personas no identificadas. El teniente coronel retirado de la Guardia Civil

Luis Cadarso caía asesinado dos horas más tarde en la localidad vizcaína de Basauri, poco después de que le disparasen en la sien. Poco antes de las tres de la tarde, el director de la empresa Moulinex, de Usúrbil (Guipúzcoa), José María Latiegui, recibió un disparo en la cabeza, que le causó la muerte. Esta nueva ofensiva terrorista ha sido condenada enérgicamente por las principales fuerzas políticas vascas, con excepción de Herri Batasuna.

En un intervalo de cinco horas

Un teniente de Infantería retirado y el director de la empresa Moulinex, asesinados en Guipúzcoa

VICTORINO RUIZ DE AZUA,

San Sebastián

Dos personas, un teniente de Infantería retirado y el director de la factoría de la multinacional Moulinex, de Usúrbil, resultaron muertas ayer, en la provincia de Guipúzcoa, en atentados terroristas, cuya autoría nadie había reivindicado aún a última hora de la tarde. Aunque todos los indicios apuntan a ETA Militar, no se descarta que alguno de los asesinatos, ejecutados por comandos diferentes, pueda ser obra de los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

El primer atentado se produjo entre las 9.30 y las 10.00 horas, en pleno centro de San Sebastián. Cuando el teniente retirado de Infantería Oswaldo José Rodríguez Fernández, acababa de penetrar en el portal número 62 de la calle de Urbieta, para dirigirse a su trabajo, en el Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS), fue interceptado en el descansillo anterior al primer piso por los miembros del comando, que le dispararon a quema ropa con pistolas y se dieron a la fuga.

El militar fue alcanzado en la cabeza por dos proyectiles, que penetraron por la mandíbula y salieron por la parte posterior del cráneo destrozándole la cabeza. Otra bala quedó alojada en el cuello. El teniente Rodríguez Fernández falleció en el acto y su cadáver quedó tendido sobre la escalera. Junto a la cabeza podía verse un charco de sangre y masa encefálica.

Aunque no hubo testigos presenciales del asesinato, los vecinos del inmueble pudieron escuchar las detonaciones, casi simultáneas. La policía encontró en el lugar cuatro casquillos de bala, todos de 9 milímetros Parabellum, pero de dos marcas distintas, SF y Geco, por lo que se supone que los agresores, fueron, al menos, dos. Parece ser que, una vez perpetrado el atentado, se dieron a la fuga a pie hasta un automóvil Seat 124, estacionado en las proximidades, en el que aguardaba al volante un tercer individuo.

Oswaldo José Rodríguez iba a cumplir sesenta años el 1 de junio. Había pasado a la situación de retirado en la fecha citada, hace poco menos de seis años, cuando se encontraba destinado en el cuartel general de la Brigada de Montaña número 61, con sede en el Gobierno Militar de Guipúzcoa. Más tarde pasó a prestar servicio como administrativo contratado en la Delegación Provincial del ISFAS, donde era responsable de cuestiones relacionadas con la asistencia sanitaria a huérfanos y viudas de militares.

El teniente de Infantería asesinado había nacido en Rairiz, en la provincia de Lugo. Era viudo y tenía tres hijos. Destinado en San Sebastián desde marzo de 1974, residía en unos bloques de viviendas militares del barrio de Loyola, en la capital guipuzcoana.

Según manifestaciones de uno de sus hijos, había tenido conocimiento hace algunos meses de que su nombre figuraba en una lista de posibles víctimas encontrada en poder de algún militante de ETA, aunque no dio mayor importancia a este hecho. Fuentes militares señalaron ayer a EL PAÍS que no tenían conocimiento de tal extremo.

El vehículo utilizado para la huida del comando que asesinó a Oswaldo José Rodríguez había sido robado a primera hora de la mañana en el barrio de Gros, cuando su propietaria se dirigía al trabajo. Ella misma, obligada a punta de pistola, hubo de conducir el vehículo con sus secuestradores a bordo hacia el monte Igueldo, donde quedó atada a un árbol hasta que fue liberada por la policía.

Visita de Oliart

El ministro de Defensa, que se encontraba ayer en Navarra visitando a las fuerzas militares que desarrollan operaciones de control y vigilancia de fronteras en la provincia, se trasladó a San Sebastián en helicóptero para acudir a la capilla ardiente del teniente Rodríguez Fernández, que había quedado instalada en el Gobierno Civil a las quince horas. El ministro, que llegó a la capital guipuzcoana a media tarde, acompañado del capitán general de la VI Región Militar, teniente general Luis Polanco Mejorada, asistió al rezo de un responso ante el cadáver y, más tarde, mantuvo una entrevista con el gobernador civil de la provincia, Pedro Arístegui.

Al término de la reunión, Arístegui declaró que el pueblo vasco está harto y dijo que «al terrorismo sólo le queda el terror, que ahora exacerba, con víctimas cada vez más indiscriminadas».

Asesinado un directivo de Moulinex

Poco antes de las quince horas, cuando abandonaba su trabajo, resultó muerto, en otro atentado terrorista, el director de la factoría de Moulinex España, en Usúrbil, José María Latiegui se dirigía, en unión de un compañero, hacia su automóvil, un Seat 132 de color beige, estacionado en un taller contiguo a la fábrica, para regresar a San Sebastián, cuando un chico muy joven se le acercó y le disparó en la sien un único proyectil. Latiegui falleció cuando era trasladado en una ambulancia de la Asociación de Ayuda en Carretera (DYA) a la residencia sanitaria de la Seguridad Social Nuestra Señora de Aránzazu.

El sujeto que perpetró el atentado se retiró corriendo hasta un automóvil Ford Fiesta, de color naranja, con placas de matrícula falsas, a cuyo volante le esperaba otro muchacho de unos dieciocho años. La impresión de la policía es que el disparo que acabó con la vida del directivo de Moulinex fue efectuado con un revólver, ya que no se ha encontrado ningún casquillo en el lugar de los hechos.

José María Latiegui, de cuarenta años, había nacido en San Sebastián, donde estudió peritaje industrial.

Estaba casado y tenía dos hijos, un chico y una niña, de catorce y nueve años de edad, respectivamente, que estudian en ikastolas (centros que enseñan en lengua vasca) de la capital guipuzcoana. Según fuentes familiares no tenía afiliación política alguna, no había comentado nunca nada sobre amenaza o problemas relacionados con el llamado impuesto revolucionario. Antes de ocupar el puesto que desempeñaba en Moulinex, empresa líder del pequeño electrodoméstico en España, que cuenta con 125 trabajadores en la fábrica de Usúrbil, había trabajado en Mapsa, de Pamplona.

La noticia del asesinato de Latiegui produjo consternación en la Asociación Democrática de Empresarios de Guipúzcoa (Adegui), aunque Moulinex no estaba afiliada a esta patronal.

 

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