Andalucía: una, grande y pobre     
 
 Diario 16.    27/08/1977.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 40. 

Sábado 27-agosto 77/DlARIO 16

Andalucía:

Casi un centenar de parlamentarios andaluces, además de los representantes de Ceuta y Melilla, están

citados para hoy en Málaga para tratar el tema de la autonomía andaluza. Por vez primera todos los

representantes elegidos por el pueblo andaluz podrían verse, cara a cara, para, intentar llegar a un acuerdo

sobre el tema autonómico.

En ocasiones anteriores, parlamentarios de distintos partidos andaluces celebraron reuniones para resolver

los problemas de su tierra. Hoy, todo el espectro político, desde la derechista Alianza Popular a los

miembros del Partido Comunista de España, pensarán y hablarán juntos. Eso, al menos, era lo esperado,

pues anoche surgieron algunos problemas. El ministro de Relaciones con las Regiones, Manuel Clavero

Arévalo, tenía también previsto visitar a los parlamentarios en Málaga.

Líderes de los partidos políticos que actúan en Andalucía —con representación parlamentaria o sin ella—,

tratarán en una serie de artículos el tema autonómico desde su personal punto de vista. Publicamos hoy

los trabajos de representantes del PCE, UCD, Partido Socialista de Andalucía (PSA) y el Partido del

Trabajo de España (PTE). Próximamente verán la luz los escritos del PSOE y del Movimiento Socialista

Andaluz (MSA).

Salvar Andalucía

Arturo Moya Moreno (Diputado de la UCD por Granada)

Hoy se reúnen en Málaga los parlamentarios andaluces. Un solo punto en la agenda: estudiar un estatuto

de autonomía para la región andaluza. Posiblemente, haya unanimidad de criterios en lo principal y sólo

diferencias conceptuales que en nada deben obviar el objetivo común: salvar Andalucía de la crisis

permanente que arrastra desde hace muchos años.

Tanto la Unión de Centro Democrático (UCD) como el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el

Partido Comunista de España (PCE) y la Unidad Socialista, donde se encuadra el Partido Socialista

Andaluz (PSA), tienen ante sí un papel decisivo para el futuro de Andalucía. Los trescientos mil parados,

más del millón de hectáreas convertidas en pastizales de poca productividad, la casi nula

industrialización, la falta de infraestructura y de equipamientos sociales, así como una agricultura

empobrecida y los miles de emigrantes, exigen a estos partidos algo fundamental: olvidar los parcos y

miopes criterios partidistas para poner en su lugar una sola palabra: Andalucía; "Andalucía por sí", como

dice la primera estrofa del himno andaluz.

Si los parlamentarios reunidos caen en los mismos tópicos, en los mismos altisonantes escritos, en los

lamentos y no se pasa a la acción, Andalucía habrá perdido una vez más, y quizá para mucho tiempo, el

tren del desarrollo, para convertirse, eso sí, en el mayor mercado del voto para aupar a parlamentarios y

senadores que calentarán sus poltronas en Madrid. Pero hay unos criterios básicos que no se deben echar

en el olvido. De nada vale un estatuto autonómico si no hay solidaridad interregional.

Andalucía, ahora mismo, solo puede administrar su pobreza, y la autonomía en la pobreza no la

queremos. De ahí que el estatuto autonómico debe llevar paralelo el compromiso serio y formal de todas

las fuerzas políticas andaluzas para re-dactar un plan global de desarrollo comunitario y con

plantemientos democráticos. Y al mismo tiempo conseguir el compromiso gubernamental de poner en

marcha aquello que los andaluces consideren como elemento básico para cambiar las estructuras de la

región andaluza. Todo ello, como hemos dicho antes, contando con la solidaridad de las regiones más

prósperas, muchas de las cuales se han enriquecido con el capital humano andaluz, y con su ahorro.

Exigimos previamente la aplicación del principio de igualdad de oportunidades, porque a la hora de

repartir la renta y la riqueza no hay más que una única clase: la de todos los españoles.

No quiero entrar en las posibles sugerencias para elaborar el plan global que permita salvar Andalucía. Ya

hay estudios serios al respecto. Sí es conveniente dejar en claro dos cosas: primera: el resto de las

regiones o pueblos de España no podrán alcanzar una verdadera autonomía sin que Andalucía la tenga.

Segunda, el pueblo andaluz, especialmente quien tiene el capital, debe ser consciente de que "papáestado"

no será quien saque las castañas del fuego. Habrá que exigir al Gobierno soluciones estructurales, pero

deberemos ser los andaluces quienes demos el primer paso.

El capital andaluz deberá demos trar que es capaz de aceptar el riesgo, y creer en las posibilidades de

desarrollo regional; ha de olvidar su marcado acento especulativo y de ser audaz e imaginativo. Al capital

humano pocos sacrificios se le podrá exigir, porque su capacidad de aguante ya llegó a sus últimos

grados. O quizá uno último, confiar, aunque sea una vez más, en que ahora parece que Andalucía es una

palabra seria; algo con lo que no se puede jugar. Los casi ocho millones de andaluces vuelven a depositar

su confianza, en esta ocasión, en los hombres que hace poco eligieron. Si también ahora se les defrauda,

Andalucía se pondrá en pie. Y cuando Andalucía se levanta, tiembla España. De ello deben ser

conscientes el Gobierno y los parlamentarios que se reúnen en Málaga.

Una frase, que se repitió hasta la saciedad en años atrás, quizás ahora tenga, por primera vez, su real

significado: llegó la hora de Andalucía. El pueblo andaluz, al menos, eso espera.

Los terratenientes, los culpables Isidoro Moreno Navarro (Miembro de la Secretaría Política del Comité

Regional del PTE)

El Partido del Trabajo de España (PTE) ha venido defendiendo desde hace años, y en las pasadas

elecciones formando parte importante del programa del Frente Democrático de Izquierdas, la autonomía

de Andalucía. De una región cuyo subdesarrollo, contrariamente a lo que ahora se afirma desde

determinadas posiciones políticas, no fue decretado exclusivamente desde fuera de ella, sino en el que

tiene una responsabilidad dé primer orden la propia gran burguesía terrateniente andaluza, aliada desde

hace más de un siglo con los grandes industriales y financieros catalanes, vascos y del resto del Estado,

para oprimir conjuntamente a todos los pueblos de España mediante el instrumento de un poder político

centralista, creado por ellos mismos y puesto a su exclusivo servicio.

El subdesarrollo andaluz ha interesado a la gran burguesía regional como medio de intentar perpetuar una

estructura agraria de tipo latifundista cuya existencia se hubiera visto puesta en cuestión si la región se

hubiese industrializado, ya que entonces difícilmente hubieran podido mantenerse unas relaciones de

producción en el campo basadas en la abundante mano de obra, en la eventualidad, los bajos salarios y

unas condiciones de trabajo a veces infrahumanas. Además de que ello habría ido en contra de la división

regional del trabajo sobre la que se ha venido basando el desarrollo del capitalismo en España.

Subdesarrollo con Franco

Durante el franquismo, nuestra región agudizó aún más su subdesarrollo, agrandándose las diferencias

respecto a otras nacionalidades y regiones. Ya no sólo salían de ella sus riquezas agrícolas y mineras, sino

también una parte importante de su potencial humano: más de un millón de andaluces que hacían posible

el desarrollo de otras zonas mientras Andalucía continuaba sumergiéndose cada día más en el pozo del

subdesarrollo.

Por eso hoy, cuando acabamos de salir de cuarenta años de opresión, y negación de todos los derechos

individuales y colectivos, es imprescindible que el pueblo andaluz —como los de todas las nacionalidades

y regiones del Estado— pueda incidir directamente en la idscusión y puesta en práctica de las soluciones

a los gravísimos pro-blemas de la región mediante sus propios órganos de autogobierno.

Y esto, además de necesario, es posblei ya hoy, a corto plazo, en Andalucía, porque aquí, a pesar de la

negativa de importantes partidos democráticos a ir unidos en las pasadas elecciones y a la existencia de

una normativa electoral que favorecía a la derecha, la izquierda triunfó de forma clara, tanto por el

número de votos como por el de escaños logrados.

La Asamblea de Parlamentarios, que ahora se reúne, por fin, por primera vez, debe constituirse en el

órgano provisional de representación de la región y comprometerse abiertamente a elaborar sin más

dilaciones —y de acuerdo con las demás fuerzas políticas democráticas de la región no representadas

actualmente en la Asamblea un estatuto de autonomía que recoja las aspiraciones de la gran mayoría de

los andaluces y sea el instrumento adecuado para que comencemos a avanzar por un cami-

Una, grande y pobre no de progreso y bienestar para la región.

Estatuto a plebiscito

Este estatuto debe ser prontamente sometido a plebiscito y debe contemplar la creación de un parlamento

regional, un consejo ejecutivo o gobierno autónomo andaluz y otros órganos ejecutivos, legislativos,

judiciales, económicos, educativos, etc., con facultades para decidir plenamente en todas aquellas

cuestiones que afecten exclusivamente a la región, y conjuntamente con el Gobierno central sobre los

asuntos que afecten, a la vez, a otras nacionalidades o regiones, reservando al poder central solamente las

cuestiones referidas a las relaciones y comercio exteriores, Ejército, moneda y otros temas que afecten

realmente al conjunto del Estado.

Así, estarían en manos de los órganos autónomos andaluces las soluciones más urgentes al dramático

problema del paro,a la creciente ruina de tantos pequeños y medianos agricultores, ganaderos,;

pescadoras, comerciantes y empresarios, y al deterioro general de las condiciones de vida de la clase

obrera y de todos los sectores populares andaluces. Los poderes regionales, en este sentido, han de estar

facultados para promulgar medidas que obliguen a la adecuada explotación de tantas fincas qué pueden

ser productivas y están hoy deficientemente cultivadas o convertidas en cotos de caza o a proceder, caso

contrario, a su expropiación; han de poder dictar disposiciones que impidan que, corno ahora ocurre, la

mayor parte de los ahorros de nuestros emigrantes y del resto de los andaluces salgan de Andalucía sin

producir en ella riqueza; que promuevan programas de construcción de viviendas, escuelas y hospitales, e

impulsen y planifiquen adecuadamente la industrialización de la región basan-de los planes de actuación

en la unidad comarcal para que se lleven a efecto de forma descentralizada y democrática, evitando

nuevos centralismos a escala regional y que en el futuro una parte de Andalucía pueda desarrollarse a

costa del resto de la región, desertizan-do aún más, en hombres y riquezas, grandes zonas dé ésta.

El PTE en Andalucía, cuyos plan, teamientos en las pasadas elecciones obtuvieron un importante apoyo

popular —aunque ello no pudiera traducirse en la obtención de escaños parlamentarios—, y que está

creciendo especialmente en amplias zonas de la región, especialmente en el campo, pondrá todo su

esfuerzo y colaborará estrechamente con cuantas fuerzas políticas y organizaciones de mesas entiendan

que, en estos momentos, las dos más importantes tareas inmediatas a desarrollar en la región son la lucha

por resolver los problemas cotidianos y más candentes de cientos de miles de andaluces —el principal de

los cuales es el paro— y la obtención de un estatuto de autonomía que sea instrumento fundamental para

acometer los problemas de fondo de los que deriva nuestra gravísima e insostenible situación actual.

Todos hablamos de lo mismo

Fernando Soto (Diputado del PCE por Sevilla)

Hoy hablar de autonomía es mo-neda corriente, pero merece la pena recordar que hace menos de un año

constituía prácticamente un delito, un atentado contra él Estado. Todos debemos de felicitarnos del

camino recorrido; digo todos, la derecha y la izquierda, porque ello va en beneficio de un país como el

nuestro, multinacional y multirregional, y, muy particularmente, de los andaluces, que quizá necesitemos

de la autonomía tanto como el que más.

La autonomía regional para nuestra Andalucía ha de ser concebida en solidaridad con el resto de España.

Nada hay más ridículo que confundir autonomía con separatismo. Es en el marco de esa realidad histórica

que conocemos y, sentimos como España, con estatutos de autonomías pactadas con el Estado y a tenor

de los deseos y necesidades expresados por cada región o nacionalidad, como podremos acabar con los

desequilibrios sociales y económicos tan agudos, desequilibrios que Andalucía, los andaluces de a pie,

padecemos más que nadie.

Atonomía significa autogobierno. Naturalmente que hablamos de autogobierno regional bajo una

constitución que dé al Estado lo que es del Estado y a la región lo que, como tal, le pertenece.

Un Gobierno y un Parlamento regional han de decidir sobre educación, sanidad, vivienda, urbanismo,

medio ambiente, trabajo, industria, pesca, agricultura, servicios, etc.

Desdel uego, no son de la incumbencia de un poder regional la política exterior o la defensa nacional.

En defintiva, para los comunistas, la autonomía regional significa acercar la democracia al pueblo,

facilitar que los ciudadanos puedan de verdad fiscalizar a los gobernantes que hayan elegido.

Los centralistas al margen

Alejandro Rojas-Marcos (Secretario general del PSA)

La antítesis de la autonomía es el centralismo. Hace poco tiempo la autonomía para Andalucía "la exigía

sólo el único partido andaluz": el Partido Socialista de Andalucía. Coherentemente con sus propias tesis,

los partidos centralistas se oponían a la autonomía para Andalucía, alegando que Cataluña y el País Vasco

son nacionalidades y nosotros sólo una región.

Hoy todos piden autonomía. Esto nos preocupa, porque se llame como se llame a la autonomía que venga

de Madrid, del Madrid de la derecha o del Madrid de la izquierda, no será autonomía. La autonomía es un

paso más —no el último— hacia la liberación del pueblo andaluz. Hay que temer a la autonomía

preparada por los centralistas, como hay que temer a la reforma agraria preparada por los terratenientes.

Por esto, un partido andaluz en este momento, después de las elecciones tiene que hacer dos cosas

prioritarias: mantener su identidad y concienciar al pueblo. Cada una de estas tareas tiene dos vertientes:

para mantener la identidad de un partido andaluz, hoy; tras el revés electoral, hay que defenderse de los

intentos de absorción de los partidos centralistas, y segundo, hay que superar la tentación del

oportunismo.

Para concienciar al pueblo, primero hay que atender el frente social de la lucha en los barrios, en los

sindicatos, en la juventud, y segundo, hay que abordar las elecciones municipales en unidad con todas las

fuerzas de izquierda, porque un fracaso andaluz sería que triunfase la derecha. Porque la derecha en

Andalucía, diga ahora lo que se diga, es centralista como lo fue siempre. ¿O es que de lo contrario su

dinero estaría donde está y Andalucía estaría como está?

 

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