Arzallus, golpista     
 
 Diario 16.    06/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Arzallus, golpista

Una de las grandes desgracias de nuestra democracia, en este delicado cruce de caminos entre la libertad y la dictadura, es haber topado con un fanático irresponsable al frente del PNV.

Afirmar indiscriminadamente, como lo acaba de hacer Arzallus, que los «cuartelillos son nidos de violencia» es, además de una provocación, una mentira sucia y abyecta.

La gran violencia, la violencia cochina y rastrera, tiene en Euskadi nombres y apellidos que Arzallus conoce muy bien. Los nombres y apellidos de esos asesinos que, semana a semana, llevan segadas ya cuatrocientas vidas humanas, ante la pasividad, cuando no la indulgencia de iluminados como Arzallus.

Si no hubiera muchas otras, una de las principales diferencias entre las salvajadas de la ETA y los excesos que algún miembro de los Cuerpos de Seguridad haya podido cometer estriba en que, mientras la democracia española saca a la luz estos últimos episodios —caso Arregui, caso Almería—, el nacionalismo vasco sigue protegiendo con un manto de oscuridad a sus malditos hijos descarriados.

Hoy mismo podrá comprobar Arzallus el efecto de sus palabras en la prensa ultradérechista. Hacía tiempo que los golpistas no se veían tan beneficiados por el comportamiento de ningún político. Es posible que Arzallus sueñe con el martirologio del exilio y haya pedido ya una plaza en la famosa motora de Herri Batasuna.

Cada guardia civil, cada policía nacional, que abnegadamente cumple con su deber en Euskadi, sirve cien mil veces más a la causa de la libertad que este desequilibrado sujeto.

 

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