Los socialistas franceses reafirman que no habrá extradiciones     
 
 ABC.    13/06/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Los socialistas franceses reafirman que no habrá extradiciones

MADRID. El emisario Cheysson vino, estuvo apenas cinco horas en la Moncloa, fuese y, seguramente, no hubo nada; ni el más mínimo cambio respecto a la decisión francesa sobre Linaza y los otros once etarras reclamados por el Gobierno español.

Unas horas antes de que Cheysson llegara, Jean-Pierre Destrade, alto dirigente del socialimo francés, reafirmaba en Bayona la posición del Gobierno. Decididamente —vino a decir— no habrá extradiciones: a los residentes vascos se les concederá el estatuto de refugiados políticos. Que nadie se llame, pues, a engaño.

Es evidente que el ministro galo del Exterior no ha sido recibido con los brazos abiertos. Cabe suponer que habrá tenido que encajar resignadamente el largo memorial de agravios que sin duda tenía preparado su anfitrión, José Pedro Pérez-Llorca. Nada se conoce, a la hora de redactar esta información, sobre el contenido de la entrevista; tampoco se vislumbra muy claramente el significado último de este viaje literalmente relámpago. No parece, sin embargo, que Cheysson haya podido aportar en su visita elementos importantes que ayuden a suavizar la tensión de las actuales relaciones francoespañolas. Una estancia de cinco horas no da para mucho más que para una escueta notificación formal en el tema de las extradiciones. Una notificación que era ya un secreto a voces, a raíz de las tempranas declaraciones del premier Mauroy. Por eso la visita puede interpretarse también como un gesto encaminado a aliviar la descortesía del jefe del Gobierno que obligó a las autoridades españolas a enterarse por los periódicos de una decisión todavía nonata.

Y, aparte del gesto de cortesía reparadora, es probable que Cheysson haya sacado de la manga algunas promesas en la línea marcada por las primeras declaraciones del propio Mauroy.

PROMESAS, PROMESAS

El Gobierno francés proclama con énfasis que no va a permitir a los etarras pasearse impunemente por su territorio y mantiene de labios para afuera que va a cortar su trasiego por la frontera. Pero esto es una declaración de intenciones, que apenas llega a promesa y

que se queda muy lejos de suponer un compromiso. ¿Qué va a hacer el Ejecutivo de Pierre Mauroy con los doce terroristas acusados de cometer delitos de sangre, si decide por fin —y está claro que lo decidirá— dejarlos en libertad? ¿Ponerles una pareja de gendarmes a cada uno para que los vigilen? ¿Y con las otras varias docenas de etarras que están campando por sus respetos? Si no está dispuesto a entregar a la Justicia española a aquellos sobre los que pesan graves cargos mal puede entenderse que vaya a molestar, ni mucho ni poco, a tos «familiares» refugiados de cuya actividad separatista sólo tienen sospechas.

La promesa parece más bien, por tanto, una contrapartida retórica a la decisión de no entregar a los terroristas que las autoridades españolas reclaman. Porque, esto sí parece estar cada día más claro, al margen de la visita de Claude Cheysson, el Gobierno socialista no va a conceder ni una sola de las extradiciones pedidas, independientemente de cual sea la opinión de los Tribunales franceses. La resolución oficial la tomará el Ejecutivo de Cheysson tras las elecciones y será única y conjunta.

La vista de extradición de ocho de tos reclamados se celebrará en Pau e! día 22 de junio, dos días después de que se haya ventilado definitivamente la contienda electoral. Otro de los acusados, Miguel Ángel Arrageta, será juzgado, en principio el día 17, en Bayona, pero no se descarta que la vista se posponga, asimismo, al día 22.

Ni siquiera le queda al Ejecutivo de Mauroy la coartada electoralista. Los socialistas podrán adoptar la medida sin agobios ni cuidados, sin hipotecas, desde su presumible euforia de ganadores. Si pierden la decisión será paradójicamente más difícil, porque la oposición, que está a todas, recogerá la baza. Pero no cabe esperar que la postura se revise. Ni en un caso ni en otro.

 

< Volver