Autor: Unzueta, Patxo. 
   El alcalde de Bilbao ordenó quemar mil ejemplares de un libro de cuentos "que contenía tacos"     
 
 El País.    24/06/1981.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL PAÍS, miércoles 24 de junio de 1981

El alcalde de Bilbao ordenó quemar mil ejemplares de un libro de cuentos "que contenía tacos"

PATXO UNZUETA, Bilbao

Los mil ejemplares del libro que recogía una selección de los cuentos participantes en el certamen literario organizado por el Ayuntamiento de Bilbao fueron quemados a mediados de la semana pasada en él horno crematorio municipal de Artigas, en el barrio de Alonsótegui, por orden del alcalde nacionalista de la villa, Jon Castañares.

Juan Jesús Fernández de Retana, autor del cuento que obtuvo el primer premio en la sección de lengua castellana, y que fue el que motivó la ira incendiaria de los ediles, calificó el hecho de «hazaña digna de Torquemada». Los escritores que compusieron el jurado del certamen evocan, en un escrito conjunto difundido ayer, el Farenheit 451, de Brad-bury, y denuncian el «ultraje inferido a la cultura con esta incineración».

El alcalde no compareció ayer en la habitual reunión semanal con los informadores. En.su lugar, el primer teniente de alcalde, Iñaki Kaizada, asumió como pudo la tarea de tratar de explicar las razones de la incineración. Aseguró que la decisión —que suponía revocar una anterior resolución unánime de la comisión de cultura, acordando editar el libro— fue adoptada por el alcalde «con el apoyo de todos los concejales del PNV», por considerar que «respondíamos así al sentir de nuestro electorado».

Acosado por los informadores, el primer teniente de alcalde, añadió que «será el pueblo de Bilbao quién juzgará», aunque no precisó cómo van a poder juzgar los bilbaínos el contenido de un libro que ha sido convertido en cenizas. Para redondear la argumentación desde el punto de -vista jurídico, el también concejal nacionalista José Luis Padura precisó que el acuerdo adoptado en su día fue «editar el libro y ese acuerdo se cumplió». «Otra cosa es», añadió minucioso, «que posteriormente haya sido retirado de la circulación». Pese a la insistencia de los periodistas, los concejales nacionalistas se negaron a confirmar o desmentir si la forma concreta de retirada de la circulación elegida había sido la incineración en un horno crematorio municipal (circunstancia que para entonces estaba sin embargo plenamente confirmada por otras fuentes).

Juan Jesús Fernández de Retana, que había conocido la noticia de la edición de su obra al mismo tiempo que la de su condena al fuego, dijo estar «más triste que indignado». «La inquisición barre dé nuevo», dijo. Sin embargo, al conocer que la razón aducida por los inquisidores había sido la inclusión en el cuento de «tacos y otras expresiones inadecuadas», la sorpresa se unió a las otras reacciones: «O estos señores no han leído en su vida ni a Quevedo ni a García Márquez, por citar dos ejemplos, o es que las sacristías siguen mandando en el PNV más de lo que pensábamos».

Por otra parte, las palabras fuertes que aparecen «están puestas en boca de los personajes, porque así habla la gente de la Ribera». El autor del cuento premiado, navarro de nacimiento, pero residente en Barcelona, en cuya universidad estudia segundo curso de Historia Contemporánea, tiene diecinueve años.

«Nunca hay razón suficiente para quemar un libro, pero hacerlo además por esas razones es una bofetada a la cultura, es como reírse de todos nosotros», dijo para finalizar.

Por su parte, Luis de Castresana, Gregorio San Juan y Ramiro Pínula, componentes del jurado que premió a Fernández de Retana, denuncian, en un escrito facilitado ayer a la Prensa, «el desprecio hacia nuestros criterios literarios que supone la quema de estos libros. Parece que han encontrado ustedes palabras malsonantes. Naturalmente, les asiste el derecho de pensar que si es así, los libros deben ser destruidos.

Pero, como escritores, denunciamos el ultraje inferido a la cultura, a la cultura vasca, con esa incineración en la mejor línea´ de tiempos que creíamos pasados. No está nuestra pobre villa, señores, para destruir lo poco cultural que aquí se hace».

Por lo demás, para los tres escritores, «no se pueden realizar impunemente ciertos ultrajes al progreso». «¿Qué han podido ver», se preguntan, finalmente, Castresana, San Juan y Pinilla, «de obsceno en un texto —un excelente texto, pensamos—, cuyo lenguaje se acomoda no sólo a unos tiempos nuevos y libres, sino al lenguaje sin fronteras utilizado por la literatura clásica de todos los tiempos?»

 

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