Autor: JASA. 
   La experiencia de un gobierno marxista o cómo la izquierda protege al terrorismo     
 
 El Alcázar.    05/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

La semana política

La experiencia de un gobierno marxiste o cómo la izquierda

protege al terrorismo

¿No es de risa? No solamente el Gobierno francés se niega empecinadamente a entregar los etarras acusados de actos terroristas, sino que un tribunal de Pau se atreve a... ¡a pedir que el Gobierno español devuelva a Francia varios terroristas entregados por el anterior Gabinete Giscard a la justicia española! Sí, éste fue el clima, notoriamente adverso, a todas luces frío, distante, repleto de silencios en la prensa y de huecas palabras protocolarias, con que Calvo-Sotelo realizó su anunciado viaje a París.

Era una vertiente informativa importante de la semana, aunque es cierto que ajena a toda sorpresa. Calvo-Sotelo conocía perfectamente antes de subir a su «Mystere» desde Santander que la decisión sobre extradiciones y terrorismo del Gobierno socialcomunista galo era firme. ¿Entonces? Otro gesto, una nueva iniciativa entre buenos deseos, voluntad y necesidad imperiosa de cubrir las apariencias. Pero sin el menor resultado. El presidente volvió de París con las manos vacías y un severo portazo. Justo al día siguiente, Cheysson se ocuparía de proclamarlo, para que no hubiera lugar a dudas: Francia no entregará lo que ellos consideran «refugiados políticos».

• Otro gesto fracasado

Era iluso esperar otra cosa del Elíseo o del hotel Matignon, donde ocupa plaza de ministro un antiguo abogado de etarras. Lo absurdo era seguir alentando, desde Madrid, características de espectacularidad y triunfo a una visita de justificación culminada en estrepitoso fracaso. Era absurdo esperar que una izquierda elevada al poder por la vía de las urnas pudiera ser adversaria de otra izquierda que utiliza, con notorio sentido de complementariedad, la vía de la acción armada.

Bien: se ha dicho que la experiencia marxista francesa condicionará, en buena medida, las posibilidades del marxismo en España. Pues ahí está a la vista el comportamiento de un Gobierno de izquierda ante el terrorismo: la complicidad con —en último término— unos correligionarios pesa masque los derechos humanos de tantas víctimas «ejecutadas» a traición. Es un dato. La segunda referencia inevitable es el apoyo manifiesto que a esta conducta está brindando el socialcomunismo español, escondiendo en el olvido sus pretendidas condenas ante tantos asesinatos. Con ambos elementos se puede vislumbrar qué es ETA para el marxismo, cuál es su papel en la estrategia socialcomunista y cuál sería la conducta hacia el terrorismo de un Gobierno de izquierda.

En plena euforia, Carrillo marchó a Roma para departir con Berlinguer lo que constituye el triple eje de la ofensiva comunista sobre Europa: tras Francia, Italia y España son los objetivos prioritarios. Es curioso que ambos líderes euro-comunistas se han pronunciado en términos cálidamente elogiosos en sus declaraciones a los socialistas, a quienes consideran, aparte de una prolongación suavizada de su partido, cómplices imprescindibles para su estrategia. Lástima que en los cuadros socialistas no se recuerde cuál fue el papel que el PCE les deparó en la reciente historia de España, cuando las medias tintas ya no eran necesarias y el marxismo podía pronunciarse con su inequívoca imagen de checa, paseo y purga.

• El «consenso» autonómico

Mientras tanto, mientras arreciaba el ataque socialcomunista —a la expectativa de su apogeo— una vez consumado el atentado del vecino Gobierno marxista ante una cuestión que afecta a la dignidad nacional española, la política entraba en una etapa de paulatino adormecimiento con el inicio de las vacaciones.

Con sólo una directriz fundamental: lo que se ha venido en llamar «reordenación» del proceso autonómico. Hasta el mismo Fraga, uno de los participantes en la nueva operación de consenso a cuatro bandas, ha reconocido que la solicitud a un grupo de expertos de un estudio autonómico constituye el mayor fracaso para un Gobierno en los dos últimos siglos. Aparte eso, es notable tener en cuenta sin embargo dos cosas: que las negociaciones mantenidas entre los cuatro partidos «mayoritarios» están dejando la estructura autonómica prácticamente en los mismos términos en que se encontraba antes, y que los principales interlocutores, a quienes teóricamente debería estar fundamentalmente dirigido el proceso de «armonización» han sido excluidos y se consideran ajenos a tal propósito.

El contexto final en que parece desenvolverse la política española, aún bajo la relativa molicie de un verano que, sin embargo, se presenta repleto de posibles acontecimientos y de importantes incógnitas, es el lanzamiento preelectoral. Fraga ha estimado que no se puede pasar sin elecciones del otoñó del 82.

Garrigues, que prepara sus motores, confía en un período de un año para conseguir capitalizar a UCD. Y Calvo-Sotelo intentará en el estío el abordaje de su partido, como maniobra imprescindible si quiere asumir una candidatura electoral. Ahora, el presidente es tan sólo una voluntad, unos gestos y una ostensible soledad. Merodean a su entorno el Adolfo Suárez que está controlando en las elecciones locales de su partido la base representativa y el Fernández Ordóñez que cifra su objetivo final en auspiciar un Gobierno socialista desde el ala progresista del partido. Por todo ello, este verano será cualquier cosa menos tranquilo, y lo que no se inicie ahora, difícilmente podrá sustanciarse tras el Mundial.

JASA

 

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