Prioridad al antiterrorismo     
 
 Diario 16.    06/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Prioridad al antiterrorismo

Tras unas semanas de relativo sosiego —pese a los manejos de Ynestrillas y compañía— podría suceder que en los próximos días nuestra democracia volviera a vivir horas de angustia y zozobra. Bastaría para ello que los dos asesinatos de ayer en el País Vasco tuvieran nuevas secuelas sangrientas.

Es triste reconocerlo, pero a veces parece como si la ETA tuviera poco menos que capacidad absoluta para moldear el ritmo de nuestra transición política, de acuerdo con su voluntad o con la conveniencia de los intereses a los que sirve. ¡Qué diferente será, por ejemplo, el juicio contra los implicados en el 23-F, si las metralletas otarras callan los días anteriores o si en cambio más generales son asesinados en tales vísperas!

El acoso de los terroristas vascos —tanto en sí mismo como en función de su capacidad de activar la tendencia de los militares a intervenir en la vida política— constituye, de hecho, el único gran problema diferenciado de la democracia española. Digan lo que digan los apóstoles de catastrofismo, todos los demás focos de conflicto —inflación, desempleo, delincuencia común, tensiones regionales— son el pan nuestro de cada día de cualquier país occidental.

La suerte de la democracia española está demasiado unida —nos guste o no nos guste— a la lucha contra ETA como para que sigamos acordándonos sólo de Santa Bárbara cuando los truenos son aterradores. La eficacia antiterrorista debería ser la gran prioridad de la acción de Gobierno, el eje en torno al que giraran los principales esfuerzos parlamentarios e incluso el primer asunto de discusión y debate público para nuestra sociedad.

 

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