Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   "Semana azul"     
 
 Diario 16.    15/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

«Semana azul»

ADIVINA, adivinanza: ¿Cuál es el partido que cuenta entre sus afiliados con un 70 por 100 de jóvenes, que aplaude la autoinmolación del irlandés Bobby Sands, que dice «SÍ» al Mitterrand,que anuncia las nacionalizaciones, qué se manifiesta contrario al ingreso de España en la OTAN y hace fe pública de su republicanismo? ¿El PSOE? ¿El PCE? ¿Quizá los republicanos de ARDE? Pues no, señores. Ninguno de ellos. Se trata, sencilla y simplemente de Falange Española y de las JONS, sector raimundista, que, además, dice practicar la más escrupulosa y asamblearia de las democracias internas.

Escribo hoy yo aquí de Falange Española por razones obvias, es decir, por la proximidad de los previsíblemente turbulentos actos del 18 de julio, con el peregrinar piñarista de coso en coso, como si fuera un maletilla pidiendo una oportunidad a los nuevos empresarios de la democracia. Pero Blas Pinar —al que había que llamar «el soltermic», porque funciona a base de «inflarrojos»— es una cosa, y Falange Española, según aseguran sus dirigentes, otra. Y, desde luego, ajuicio de los presupuestos ideológicos y tácticos, que dicen esgrimir, a la vista está.

De momento, en los actos del 18 de julio, Falange Española ahi están Valdés y Márquez Morrillo como segundos de un Raimundo envejecido, que cuenta ya muy poco en el partido- ha sido solamente invitada como una organización más, pero no participa en la convocatoria de los actos. Presenta, en cambio, su propio programa de actos, la llamada «semana azul», que es un nombre que parece un plan de aparcamientos y que, sin embargo, se trata de una serie de actos que comprenden desde una exposición de grabados de Dalí, una conferencia de Raimundo Fernández Cuesta y una cena de hermandad falangista, entre otras cosas.

LA voluntad dé separarse y diferenciarse de la organización Fuerza Nueva, por parte de los dirigentes de Falange Española, es clara. «Aunque F N se ha apoderado de nuestros símbolos, por razones históricas que ahora no vamos a discutir, puede decirse que ellos son la derecha de las fuerzas nacionales, y nosotros la izquierda», señala uno de ellos.

Sobre Fuerza Nueva —ante la que no desean manifestar ninguna hostilidad, pero sí un espíritu diferenciador— los líderes raimundistas consideran que la organización de Blas es un montaje exclusivamente franquista, que utiliza los símbolos falangistas en la misma medida que los utilizó el régimen de Franco en vida del caudillo, pero desechando sus postulados sociales que ellos llaman «revolucionarios»; nacionalización de la Banca y de las grandes empresas, republicanismo, etcétera.

Su vinculación a Pinar, por tanto, se enmarca en el bloque de «fuerzas nacionales», en cuyo arco ocupan «la izquierda».

Aseguran respetar la democracia y practicarla en sus órganos internos de gobierno. Y le dedican especial atención a la recluta de jóvenes que forman el 70 o el 80 por 100 de los militantes del partido, muchos de ellos procedentes, según sus líderes, de muchachos que abandonaron otras organizaciones, como la Joven Guardia Roja, las Juventudes Comunistas y hasta las Socialistas.

DICEN rechazar la violencia como sistema de acción política y, en este aspecto, discrepan con algunas organizaciones piñaristas, y su mayor dedicación se proyecta en estos momentos hacia el campo universitario, descuidado claramente por las organizaciones de izquierda y donde el SEU ha vuelto a renacer de sus cenizas, como el cisne-fénix, donde acuden enarbolando entusiastas toda la parafernalia de símbolos y banderas, la revolución pendiente y las obras completas de José-Antonio-Primo-de-Rivera-fundador-de-la-Falange. Y se quejan del manto de silencio, que «como una conspiración» se abate sobre sus organizaciones, actos y propuestas políticas.

La «semana azul» será motivo especial para recordar el 18 de julio —«donde se enfrentaron lo mejor de las dos Españas», señalan—, y su parte positiva como fecha histórica, y de paso para incrementar el número de afiliados que, según sus líderes, crece de día en día.

Y se sienten especialmente irritados cuando ven en los periódicos a «viejos carneradas» haciendo fe de democratismo y hablando de «ultraderecha».

 

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