El Presidente     
 
 ABC.    26/07/1983.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

EL PRESIDENTE

LA reunión del Comité Federal del PSOE ha sido seguida de cerca por aquellos observadores que atienden más al fondo de los hechos que a las palabras. El Comité Federal es, en cierto modo, un órgano sin capacidad decisoria, pero con la posibilidad de ejercer un cierto control sobre la Comisión Ejecutiva. El Comité no se reunía desde la celebración de las elecciones, y bien se comprende que tras el triunfo electoral de los diez millones de votos las críticas a la Ejecutiva brillaran por su ausencia. Ayer, al cabo de siete meses de Gobierno, las cosas habían cambiado: no hay progresos visibles, sino más bien retrocesos en el área económica; no hay aciertos en la acción antiterrorista, no hay mayor confianza ciudadana, no han flexionado las grandes fuentes de tensión —Sagunto, País Vasco, campo andaluz, nuevo despliegue del PCE— ni se ha fortalecido el papel de España en el exterior. No hay, sobre todo, al cabo de doscientos días, una línea definida, una dirección a seguir ni la certeza de que se disponga del control, dentro del partido, para aplicar un proyecto. Y, sin embargo, hay que reconocer en el presidente del Gobierno dos propósitos claros —no dos realidades, sino dos propósitos— que demuestran, por primera vez, una afición cierta a las realidades y una alergia incipiente a las utopías. Don Felipe González parece dispuesto a dar dos enérgicos golpes de timón en dos asuntos decisivos para la estabilidad de la democracia en este país: integración plena en la Alianza Atlántica y reconversión industrial. Con pasión partidista, sus adversarios le atacan por la derecha y por la izquierda con el argumento de que esas son dos grandes bazas, dos jugadas maestras de la política conservadora. Pero don Felipe González parece adoptar aquí una actitud pragmática, más propia de un hombre de Gobierno que de un líder de partido. Parece haber llegado a la conclusión de que estas dos carpetas no pertenecen al socialismo ni a la derecha, sino al interés de la Nación. Ha necesitado para ello llegar al Gobierno.

La versión ofrecida por el presidente tras la reunión Ejecutiva-Comité Federal demuestra, al menos, tres cosas: en primer término, las corrientes críticas se han producido con sordina casi completa; en segundo término, el presidente ha tenido la habilidad de deslizar entre temas patrióticos (la bandera, Rentería) los temas conflictivos (OTAN, reconversión); por último, don Felipe González vuelve a dar prueba de habilidad cuando insinúa dos giros de largo alcance: la posición del PSOE sobre la OTAN puede cambiar en el próximo congreso del partido; y el anunciado referéndum podría no celebrarse, puesto que el señor González podría sustituirlo (lo ha dicho explícitamente) por una consulta electoral. ¿Aspirará don Felipe González a salir del avispero del referéndum mediante unas elecciones anticipadas? ¿En 1985?

 

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