Banderas: dignidad del Gobierno     
 
 Ya.    28/07/1983.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Jueves 28-VII-1983

Banderas: dignidad del Gobierno

PUEDE satisfacer la ambigua nota en que el Gobierno vasco condena los ultrajes a la bandera española considerándola como simple símbolo del «marco institucional», vigente en tanto en cuanto dicho marco institucional no cambie..., y la nota no disimula en qué dirección se quiere que cambie: la de un Estado plurinacional? No es así como la inmensa mayoría del pueblo español enfoca la llamada «guerra de las banderas», que incluso ha hecho ya acto de presencia en otras partes del país, como demuestran las dos banderas quemadas en Vigo, aunque haya sido de madrugada, es decir, casi con nocturnidad.

A esa «guerra de las banderas» nosotros y el pueblo español preferimos considerarla como pulso que se está echando al Gobierno y es justo y grato destacar la dignidad con que el Gobierno está reaccionando, puesta de relieve en las palabras inequívocas, rotundas, de su presidente ante TVE, y en las del secretario general de los socialistas vascos, señor Benegas, el cual ha calificado los incidentes de Rentería como campaña de «unos fascistas que quieren impedir que ondee la bandera nacional en el territorio vasco». Hace unos años, añadió, unos fascistas perseguían la ikurriña; ahora que la ikurriña puede ondear con libertad al aire de la tierra madre, otros fascistas quieren prohibir la bandera nacional.

LA actitud de los socialistas —a pesar de la tremenda presión a que se ven sometidos alcaldes de algunas pequeñas localidades— es por lo general la de unos hombres que están haciendo el duro aprendizaje de las responsabilidades del Gobierno: lo que podríamos llamar, con expresión tópica pero gráfica, el peso de la púrpura. Ello es perceptible en el campo económico, pero sobre todo en éste que aquí consideramos de la unidad nacional y la fidelidad a la Constitución. No faltarán tentaciones de volver atrás ante el temor de perder la clientela que podrían asegurar las fáciles actitudes demagógicas; más de una vez hemos censurado por ellas a los gobernantes socialistas. Pero ahora es el momento de aplaudirles y lo hacemos gustosamente. En esa línea tendrán el apoyo de la inmensa mayoría de la población, que lo primero que quiere es verse gobernada con dignidad.

MIENTRAS tanto, la «guerra» de las banderas continúa: ayuntamientos vascos cuyos empleados rehusan entrar en los edificios mientras en ellos ondee el símbolo de España, corporaciones que retiran la ikurriña para no tener que izar junto a ella la otra bandera, declaraciones como las del señor Bandrés, para el cual es deseable «que no muera nadie más por un trapo», y banderas nacionales quemadas en dos localidades de La Rioja y en Vigo, como antes dijimos. ¡Cuidado!; ante esos hechos y otros como los que, con el pretexto de la «Patria galega», se desarrollaron en Santiago, a pocos metros de la catedral, donde el Rey de España hacía la ofrenda al Apóstol, sospechamos que no estamos ante simples movimientos espontáneos de carácter local. Sospechamos que en el fondo se trata de una vasta maniobra de subversión cuyas raíces habría que buscar fuera de nuestras fronteras. Esto explicaría muchas cosas. Y obliga aún más a que, cuando se trata de la Patria, estemos tras los gobernantes que legítimamente la representan y han declarado su decisión de mantenerse a la altura de su responsabilidad.

 

< Volver