Autor: Vence, Anxel. 
 Don Juan Carlos viajó directamente desde Caracas a Compostela. 
 El Rey destacó, en la ofrenda al apostol Santiago, la necesidad de honrar a la bandera de España     
 
 El País.    26/07/1983.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL PAÍS, martes 26 de julio de 1983

ESPAÑA

Don Juan Carlos viajó directamente desde Caracas a Compostela

El Rey destacó, en la ofrenda al apóstol Santiago, la necesidad de honrar a la bandera de España

ANXEL VENCE, Santiago de Compostela

La necesidad de honrar a la bandera de España, "que hemos jurado, con unción y no podemos con sentir que sea ultrajada", fue subrayada ayer, durante la ofrenda nacional al apóstol Santiago, por el rey Juan Carlos I, Quien zanjó con su presencia en la catedral compostelana la polémica abierta días atrás entre la Administración central y la autonómica por la designación del delegado del Gobierno en Galicia, Domingo García Sabell, como oferente en representación real.

Visiblemente cansado tras varias horas de vuelo desde Caracas a Santiago, el Rey instó a todos a no perder tiempo en "minúsculas rencillas", aunque en ningún momento aludió de modo explícito al conflicto que había motivado su escala en la capital gallega al regreso del viaje oficial a Venezuela.

De acuerdo con una norma no escrita establecida en la práctica por los últimos oferentes, el Rey utilizó la obligada fórmula retórica de invocación al apóstol para referirse a algunos de los problemas de España —la ofrenda se hace en nombre de la nación— y a la necesidad de alcanzar como objetivos la paz, la solidaridad, la libertad y la justicia. "Ayúdanos", dijo, en una aparente referencia a recientes sucesos ocurridos en el País Vasco, "paca que todos ««pantos respetar nuestras tradiciones singulares y nuestros símbolos gloriosos; para que honremos la bandera de España, que es representación de nuestra unidad y depósito de nuestra historia. Una bandera que hemos jurado con unción y no podemos consentir que sea ultrajada".

Ante una amplia representación oficial, encabezada, según un cuidado protocolo, por el presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, y los ministros de Justicia, Fernando Ledesma; Defensa, Narcís Serra, y Cultura, Javier Solana, el Rey reiteró en distintas ocasiones una doble petición de paz para España y el mundo.

En lo que fue interpretado como respuesta indirecta a las críticas formuladas por uno de los vicepresidentes de la Xunta a la Casa Real con ocasión del nombramiento de Domingo García Sabell como delegado regio en la ofrenda, el Rey hizo numerosas alusiones a Galicia, "tierra abierta", para la que pidió la bendición del apóstol.

Solventar "pequeños recelos"

"Es mucho y muy grande lo que hay que hacer", dijo en uno de los párrafos más significativos de su ofrenda, "para que perdamos el tiempo y el esfuerzo en minúsculas rencillas, en insignificantes preocupaciones, en pequeños recelos". El delegado del Gobierno en Galicia, Domingo García Sabell, protagonista pasivo de la polémica que decidió al Rey hacer personalmente la ofrenda, esbozó una sonrisa cuando el don Juan Carlos dio lectura a ésta parte de su invocación al apóstol. La suave reconvención aparentemente implícita en la frase no provocó, por otra parte, ningún tipo de reacción gestual en los miembros de la Xunta —prácticamente, al completo— ni en los tres ministros que representaban al Gobierno. Un "¡Viva el Rey!" a la conclusión de la lectura de la ofrenda, fue aplaudido por todos los asistentes que llenaban la catedral desde varias horas antes de la una de la tarde, hora de llegada de la comitiva real a la plaza del Obradoiro.

El murmullo de conversaciones, que no cesó siquiera durante la intervención del Rey, casi inaudible en ocasiones por un defecto de potencia de la megafonía, dio, junto a los aplausos que se repitieron tras el funcionamiento del botafumeiro, un extraño carácter entre religioso y festivo a la celebración.

El obispo auxiliar de Santiago, Antonio Rouco —administrador de la sede apostólica desde el nombramiento de Ángel Suquía como arzobispo de Madrid-Alcalá—, apoyó su respuesta, de contenido estrictamente religioso, salvo alguna ocasional alusión a la autonomía gallega, a numerosas citas textuales del papa Juan Pablo II. Monseñor Rouco agradeció de modo particular a los Reyes su presencia en Compostela, "venciendo no pocas dificultades y aun a costa de no pequeños sacrificios". Concluido el acto, que se desarrolló con algunos problemas de organización derivados en apariencia del escaso tiempo disponible para prepararlo, el Rey partió, pasadas las tres de la tarde, hacia el aeropuerto de Labacolla, desde donde reemprendió viaje a Madrid.

A su llegada a Madrid, los Reyes fueron recibidos por el presidente del Gobierno, Felipe González, acompañado por representantes de los tres Ejércitos y del Ministerio de Asuntos Exteriores. También acudió el alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván. Tras pasar revista a una unidad mixta de los tres Ejércitos, los Reyes se trasladaron en helicóptero al palacio de la Zarzuela.

Paz, solidaridad y esperanza

Santiago de Compostela

Don Juan Carlos comenzó su discurso diciendo: "Paz en el mundo, solidaridad entre los españoles, esperanza en el futuro. Con estos tres deseos y propósitos creo compartir con todos la emoción de esta ofrenda, que, como en ocasiones anteriores, reviste para mí especial responsabilidad".

El Rey rememoró "la visita ecuménica, inolvidable, con la que el Papa subrayó aquí el año santo compostelano" y la "clave concreta de europeidad" de sus palabras, "al pedir que los europeos nos encontrásemos en la idea de paz, de justicia y de fe como valores cristianos renovados para el futuro. Este mensaje, en su doble dimensión, está vivo en nosotros", dijo el Rey.

Después de señalar "nuestros esfuerzos de superación nacional" y "la tenacidad e ilusión con que, a pesar de todos los problemas, prosigue España su ideal de construir día a día, en una batalla que no debe tener descanso, nuestra propia paz, nuestra propia solidaridad, nuestra libertad y justicia", el Rey continuó: "Y como siempre he sido sincero contigo, te diré, santo patrón, que hay mucha España todavía por delante, que hay mucho trabajo por hacer, mucha ilusión que compartir y muchos hogares y plazas que ensanchar, caminos por abrir y futuro por conquistar".

"Tú", siguió don Juan Carlos, "en esa romántica compostura de peregrino, portaluz del Obradoiro, me dirás: ´¿España todavía?´ Sí, señor Santiago. España todavía. España tenaz, ancha y humilde, grande y abnegada a la vez, preocupada y abierta, vieja y joven cada día, soñadora y exigente consigo misma. Una España que merece ese esfuerzo de integrarnos en la modernidad y el futuro, presididos por la paz, la libertad, la justicia del pueblo y de sus pueblos".

El Monarca terminó dando al apóstol las "gracias por tu atención", y le pidió la bendición para Galicia, "pilar fundamental de la patria que a todos nos une. En nombre de esa España y de todos los españoles te doy un abrazo".

 

< Volver