Autor: Pagola, Javier. 
   Extremistas de Herri Batasuna quemaron la bandera española en un acto de gravísima provocación  :   
 Garaocoechea entró en la catedral bajo una lluvia de piedras lanzada por los "abertzales". El alcalde donostiarra ha ordenado que la enseña nacional ondee en el Ayuntamiento. 
 ABC.    15/08/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Extremistas de Herrí Batasuna quemaron la bandera española en un acto de gravísima provocación

Garaicoechea entró en la catedral bajo una lluvia de piedras lanzada por los «abertzales»

El alcalde donostiarra ha ordenado que la enseña nacional ondee en el Ayuntamiento

En medios políticos v militares se espera respuesta por parte del Gobierno a los incidentes de San Sebastián

San Sebastián. Javier Pagóla

La Semana Grande de San Sebastián comenzó con gravísimos incidentes protagonizados por un millar de personas, en su mayoría extremistas de Herri Batasuna. En el bulevar donostiarra se quemó una bandera española al tiempo que el «lendakari» Garaicoechea y los miembros de su Gabinete eran recibidos bajo una lluvia de piedras y botellas. La Policía autónoma fue desbordada por los manifestantes y tuvieron que ser fas unidades antidisturbios de la Policía Nacional quienes abrieron camino al «lendakari» hasta la catedral. Ya por la noche, mientras Carlos Garaicoechea presidia la tradicional Salve, proseguían los incidentes. La «ertzaina» trataba de mantener un cordón de seguridad en torno a la catedral, bajo las piedras y los botellazos, mientras la Policía Nacional actuaba disolviendo a los grupos.

Queman la bandera

Sobre las siete y cuarto de la tarde llegaba el «lendakari» vasco al Ayuntamiento donostiarra, siendo recibido por el alcalde Ramón Labayen y por el diputado general Xavier Anzarda. Tras departir unos instantes en la casa consistorial con ¡as autoridades, entre las que se encontraban varios consejeros del Gobierno vasco, la comitiva oficial se trasladó hacia la iglesia de Santa María, en el casco viejo de la ciudad y a escasos metros de la casa consistorial, para presidir la «Salve».

Minutos antes, alrededor de quinientos manifestantes, que ya habían recibido al presidente vasco con gritos de «Gora Eta militar», «Independencia", «A favor de la amnistía» y frases tales como «Etzaina, policía, la misma porquería», interrumpiendo al mismo tiempo el tráfico, procediendo a quemar una bandera nacional. Esta circunstancia fue lo que desencadenó tos graves incidentes que se producirían a continuación.

Al poco tiempo hacían su aparición efectivos de la Policía Nacional que, tras diversas cargas, despejaban, provisionalmente, el bulevar. Momentos que aprovechó el «lendakari» y demás autoridades para, en medio de una fuerte protección de la Policía Autónoma y sin que descendiera el ambiente de tensión, dirigirse al templo situado al fondo de la calle Mayor. Los manifestantes, no obstante, volvieran a reagruparse, formando una muralla al comienzo de la calle Mayor e impidiendo el paso de la comitiva oficial. Se produjeron a partir de entonces duros enfrentamientos entre grupos «abertzales» y personas qu habían asistido a recibir al lendakari». Asimismo, los manifestantes, gritando «PNV traidor», comenzaron a lanzar piedras de gran tamaño, mesas y botellas de las cafeterías próximas contra las autoridades que hubieron de permanecer quietas en medio de una fuerte protección de la Policía Autónoma y Policía Municipal.

Ésta manifestación coincidió casi a la misma hora con un encadenamiento protagonizado por familiares y amigos de presos vascos, y con otra convocatoria lanzada en el mismo lugar por organizaciones integradas en KAS, en protesta por la amplia operación llevada a cabo por la Policía francesa contra tos etarras residentes en el país vecino. Todo ello contribuyó a que a últimas horas de la tarde, y con la llegada del «lendakari» para presidir la tradicional «Salve» que da entrada a la Semana Grande, se creará en el bulevar donostiarra un ambiente de palpable tensión.

La «ertzaina», desbordada

Ante la situación y con la Policía Nacional manteniéndose a una distancia discreta, fue la «ertzaina» la que entró en acción, registrándose duros enfrentamientos con los manifestantes que arreciaron en sus lanzamientos de objetos de gran tamaño. La Policía Autónoma, sin embargo, se vio en numerosas ocasiones desbordada, sin poder disolver a los grupos de jóvenes que impedían el avance de la comitiva oficial.

La manifestación había sido convocada por Herri Batasuna ante la negativa del alcalde, Ramón Labayen, de acceder a un pleno en el que, según esta Corporación debería pronunciarse en favor de izar, durante las fiestas, la «ikurriña» y la bandera local, y no la enseña nacional.

Más incidentes

A duras penas, y con un retraso de aproximadamente media hora, el presidente del Gobierno vasco y demás autoridades lograban penetrar en la iglesia de Santa María. Mientras se desarrollaba la ceremonia religiosa tos incidentes continuaron en los accesos al casco viejo de la ciudad. Grupos de jóvenes prosiguieron en su actitud de lanzar objetos contra tos efectivos de la «Ertzainas», que habían formado un cordón de protección en torno al Ayuntamiento, viéndose obligados los agentes a realizar diversas cargas sin lograr, no obstante, disolver definitivamente a tos manifestantes.

Sobre las ocho y media de la tarde volvían a hacer acto de presencia la Policía Nacional que. en cuestión de minutos, despejaba el bulevar tomando posiciones en fas inmediaciones para garantizar la normalidad en la salida de las autoridades de! templo.

Sobre las nueve menos cuarto de la tarde el «lendakari» Garaicoechea llegaba nuevamente a la casa consistorial en un ambiente de enorme tensión. Con todo, los enfrentamientos se sucedieron hasta la noche, con cargas de la Policía Nacional, que trataba de disolver a grupos aislados de manifestantes que intentaban el cruce de barricadas en distintas calles de la capital donostiarra.

A la hora de elaborar esta informacón en distintas fuentes sanitarias se informaba que el número de heridos era elevado.

Entre los heridos de carácter leve cabe destacar al alcalde de San Sebastián. Ramón Labayen, alcanzado por una piedra en la barbilla, y el teniente coronel Arkotxa, que tenía una leve herida en el brazo derecho.

Por su parte, el alcalde de San Sebastián, Ramón Labayen, ha decidido que sea izada desde mañana en la Casa Consitorial la bandera española junto a la «ikurriña» y la enseña local mientras se celebren las fiestas de la semana grande. Esta propuesta del alcalde es apoyada por todas las fuerzas políticas excepto Herri Batasuna y alguna reserva de Euskadiko Ezkerra.

A la salida de la iglesia de Santa María, y tras asistir a la Salve, Carlos Garaicoechea declaró: «Hay una alternativa, convertir la fiesta en una carnicería. La manifestación la podía haber despejado la «ertzaina» en diez minutos, pero se trataba de buscar el equilibrio frente a esa pandilla de agresores.» «Pienso que a las medidas de equilibrio —añadió— se le han conjugado firmeza y serenidad. Es mejor evitar una solución a la tremenda.» «Que sepan esa cuadrilla de gamberros —afirmó— que este pueblo tiene una paciencia y esa paciencia un límite. Si piensan que esa paciencia va a ser ilimitada están equivocados. Ahora bien, me alegro de que se haya podido salvar esta situación, aunque ellos hubieran querido convertirla en una masacre.»

 

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