Indignante homilía de un sacerdote en Vitoria  :   
 Justificó el terrorismo y llamó amigo a un etarra. 
 ABC.    17/08/1983.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

16/ABC

NACIONAL

Indignante homilía de un sacerdote en Vitoria

Justificó el terrorismo y llamó amigo a un etarra

Vitoria. Ep

«Javier era un miembro de nuestro pueblo que ha buscado nuestros ideales de liberación. De un pueblo que quiere caminar hacia sus propias ratees.» Con estas palabras se refirió el sacerdote celebrante durante el funeral del miembro de los Comandos Autónomos Anticapitalistas Francisco Javier Sanmartín Goicoechea, muerto el sábado en Usúrbil cuando manipulaba una carga explosiva, y a quien en repetidas ocasiones denominó «amigo» y «compañero».

El oficiante llegó a referirse durante el mensaje pronunciado al comienzo de la ceremonia a Jesucristo, quien «asumió desde el principio la liberación del pueblo y llegó a dar la vida por ello. La historia cristiana comienza con una injusticia: la muerte de Jesús, después de ser torturado y humillado». El de Jesucristo «no es —añadió— un caso aislado, sino el vértice de una pirámide, en cuya base se encuentran hombres de Guatemala, Chile, El Salvador, Euskalerría...»

El funeral, que se rezó en vasco y castellano, fue concelebrado por cinco sacerdotes. Uno de ellos dijo antes de empezar la ceremonia que Ja razón de estar allí era «dar nuestro testimonio de amistad y esperanza hacia nuestro amigo Javier, y demostrar nuestra convicción de que, a pesar de la grave situación que atraviesa nuestro pueblo, continuamos en nuestro esfuerzo de conseguir la libertad», para añadir que «somos un pueblo que caminamos con la inquebrantable convicción de la libertad».

En la opinión de este mismo sacerdote, la muerte del activista de los Comandos Autónomos «plantea muchos interrogantes» y no puede dar origen a «una condena sin paliativos, como alguno quisiera», y concluyó que «tos ideales de los hombres llevan a menudo a tomar posturas contradictorias que conducen a enfrentamientos e incluso a la eliminación».

Al finalizar el oficio, el sacerdote remachó: «Creemos en la libertad y en la fraternidad, porque desde la opresión y la injusticia nunca podremos conseguir la paz. No podemos cortar las alas de nuestra libertad porque si no no seríamos Euskalerría.»

Después del funeral tuvo lugar una manifestación por las calles de la capital alavesa en la que participaron unas 150 personas. Se dieron gritos en favor de la amnistía y de la lucha armada, y de recuerdo hacia el fallecido. Se disolvió a los veinte minutos sin que hubiera mayores incidentes y sin que la Policía hiciera acto de presencia.

 

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