La bandera de "El País"     
 
 ABC.    24/08/1983.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA BANDERA DE «EL PAÍS»

EN un extenso editorial estilo preuniversitario «progre», donde los símbolos son caracterizados frivolamente como pretextos, el diario «El país» arremete implícitamente contra la línea editorial de nuestro periódico a propósito de la mal denominada «guerra de las banderas». En síntesis, nuestro colega defiende la ambigüedad del Partido Nacionalista Vasco como un mal menor, le parece razonable que no ondee la bandera española en los Ayuntamientos vascos, critica la política de firmeza del Gobierno incluso con argumentos pretendidamente legales y propone un acuerdo bilateral entre el socialismo y el nacionalismo vasco sobre bases de confusión,

Los símbolos, y menos el de la bandera, nunca son un pretexto como titula el editorialista del autotitulado diario «independiente» de la mañana; salvo para un reducido grupo de «pasotas» y ácratas aficionados al Poder, la bandera española es una de las fundamentales realidades del Estado español como las distintas banderas para los diversos Estados. Incluso las banderas autonómicas, prohibidas en el régimen no democrático, eran una realidad que había que oficializar. Igualmente es tan erróneo amalgamar todas las variantes del nacionalismo vasco, tesis de la extrema derecha, como establecer un abismo entre ellas; de hecho el PNV realiza una política, por hablar sobre el tema de las banderas, a remolque de Herri Batasuna. Un partido nacionalista poco sospechoso de centralismo, como Convergencia Democrática de Cataluña, aplica la política opuesta, y la bandera española ondea en el palacio de la Generalitat y en aquella Comunidad autonómica no existe este conflicto envenenado,

Antes que preocuparse por los aspectos formales y legales de la orden del gobernador de Vizcaya, de izar la bandera española en el Ayuntamiento de Bilbao, hay que preocuparse por la aplicación de la Constitución que obliga a que la bandera española figure junto a las autonómicas en los edificios públicos. Y si no bastara la referencia constitucional los pro marxistas del citado diario deberían tener en cuenta la repercusión de las ofensas a la bandera española en decisivos sectores de la vida española. De la misma forma el recurso al estado de excepción, aunque probablemente se mostrara hoy completamente ineficaz, es un recurso perfectamente constitucional y que puede convertirse, llegado el momento, en vehículo para sortear otro tipo de respuestas al margen de la Constitución.

La gravedad de la situación autonómica, después de la sentencia del Tribunal Constitucional, enseña que los apaños entre dos —como los protagonizados por el PSOE y UCD con la LOAPA— no sirven prácticamente para nada. La salida que propone «El país», un acuerdo entre el nacionalismo vasco y el Gobierno, no haría mas que aumentar la confusión y agravar el panorama. Todo lo que no sea la elaboración de un pacto autonómico entre todas las fuerzas constituyentes, que dé una definición al ambiguo título octavo, es moverse en el terreno de la politiquería inútil. El tema autonómico está rompiendo el esqueleto de las fuerzas constitucionales que organizaron la transición

En realidad, no acertamos a ver cuál es la bandera de «El país» en este grave conflicto. No es la del Gobierno, que acaba de señalar la obligatoriedad de que la enseña nacional ondee en el palacio de Ajuria Enea; no es la de la Constitución y democracia, que obliga a respetar la bandera española. Entonces, ¿cuál es la bandera que enarbola «El país»?

 

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