Autor: Urbano, Pilar. 
   Banderas y barro     
 
 ABC.    30/08/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

BANDERAS Y BARRO

En la letra pequeña de las pólizas de seguros americanas hay un renglón que excluye de indemnizaciones lo que ellos llaman «hechos de Dios». Y ahí entran rayos, ciclones, ventiscas, pedrizas, tifones, huracanes, lluvias torrenciales... la gama devastadora de la Naturaleza desencadenada en furias. Yo más bien los llamaría «hechos sin Dios» porque antes prefiere Dios el arco iris de bonanza que los diluvios de inclemencias. Desde que se inició la catástrofe vasca y cántabra recuerdo el dicho popular «de grandes males saca Dios grandes bienes». Nos estremece el terrorífico «suma y sigue» de cadáveres aparecidos entre el lodo y las ruinas; comercios devastados; casas derruidas; factorías destrozadas; animales muertos; altos hornos anegados; carreteras reventadas; puentes quebrados; barcas hechas astillas... Y, ¿cómo decirlo?, nos... nos consuela así palpar que, una vez más, el dolor no perpetrado por mano del hombre hace más hombre al hombre; apresta codo a codo y con un mismo denodado afán de salvamento a los que ayer se enfrentaban por banderías políticas. Es duro y tremendo el precio. Indeseable por demás, pero... el barro ha empapado de un mismo color las botas de goma de los «euskaldunes abertzales» y los botos de cuero de los guardias civiles. De un mismo color, las manos recias que desescombran y ayudan y rescatan... y, en algún momento hacen una pausa para fumarse un Ducados extraído de una misma cajetilla: «Fuma del mío, "gracias", toma de éste....» De un mismo color, las banderas que, apenas la víspera, estaban en guerra abierta.

El «lendakari» recorrió ayer Basauri, Echévarri, Bermeo, Guernica... y se reunió con el Consejo de Gobierno. Es la hora de cuantificar el daño: cientos de miles de millones perdidos, que pagará España. Es la hora de declarar el «estado de catástrofe». Junto a tan dolorosa etiqueta, palidecen los estados de excepción o de sitio o... de guerra. Hablo con alguien, y alguien del Gobierno vasco, en Vitoria y en Bilbao. Están conmocionados por la magnitud de la tragedia. Y conmovidos por la dimensión de la solidaridad: «Nos queréis... Os estáis volcando con nosotros... España nos quiere... Esto puede curar muchas viejas heridas.» Asombrosa paradoja de la vida y sus repliegues que una herida de catástrofe pueda ser (¡tiene que ser!) dolor y bálsamo a la vez, para otra más profunda herida. El alcalde de Llodio, un peneuvista, metido hasta la cintura en el fango y los escombros, sudando y, quizá, llorando, dice: «En este pueblo, ahora, se ha olvidado la política..., ¿qué importa en estos momentos lo que antes nos separaba?» y hace llegar a la familia del guardia civil que dio su vida por salvar a una muchacha de Llodio «el pésame sincerísimo de todos los de este pueblo.» ¡Vascos: no hacemos nada de más! Un pedazo entrañable y doliente de España nos necesita como nunca... y ... como siempre. ¡Y estamos ahí!

Pilar URBANO

 

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