Los hombres que hacen posible la operación de socorro     
 
 ABC.    30/08/1983.  Página: 36-37. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

36/ABC

MARTES 30-8-83

Inundaciones—

Los hombres ojo hacen posible la operación de socorro

El pueblo vasco trabaja en estos momentos para rescatar su vida y MI futuro, enterrados bajo toneladas de barro. Pero esta actividad que agrupa a jóvenes y viejos, a gentes de todas las tendencias no hubiera sido posible, al menos tan rápidamente, si no se hubiesen puesto en marcha todas las instituciones nacionales y autonómicas que prueban, en momentos como estos, su vitalidad y posibilidades. La tragedia del norte de España ha unido a todas las fuerzas: desde la Corona a las Fuerzas del Orden,

El Rey conoció la noticia de las inundaciones que asolaban buena parte del norte de España mientras preparaba su retorno a Madrid, al termino de las vacaciones oficiales. Como en circunstancias similares anteriores, Don Juan Carlos quiso conocer de cerca la situación y, en la medida de lo posible, informarse directamente de los afectados por esta tragedia. A pesar del mal tiempo reinante, se trasladó con Doña Sofía a Vitoria, desde donde sobrevolaron los peores escenarios de la catástrofe. El Rey, que había estado en contacto permanente con el presidente González y el «lendakari» Garaicoechea desde el comienzo del problema, se mostró visiblemente afectado por el espectáculo de destrucción y muerte que pudo contemplar desde el helicóptero y garantizó a las autoridades vascas la solidaridad del resto de España con el País Vasco en estos momentos. La amenaza de nuevas tormentas y los problemas para tos vuelos impidieron a los Reyes acercarse a otras zonas castigadas por las inundaciones como Cantabria, Asturias, la zona norte de Burgos o amplios sectores de Navarra, pero Don Juan Carlos se puso en contacto telefónico, la noche del domingo, con los responsables de cada comunidad y provincia para interesarse por los daños, la marcha de los trabajos de rescate y para prestar su respaldo moral a quienes viven unas horas difíciles.

Felipe González

El presidente Felipe González tuvo una respuesta rápida para la noticia de las inundaciones: nada más conocerse la catástrofe puso en marcha todos los mecanismos y recursos de que dispone el Poder central para hacer frente a situaciones como éstas; pero, a la vez, mostró un especial cuidado en ceder al «lendakari» Garaicoechea el papel de gestor inmediato de los medios humanos y materiales para paliar la tragedia, como responsable del País Vasco. Esta actuación fulminante ha arrinconado tos recelos y dificultades que se habían creado en las últimas semanas en torno a la LOAPA o al crispado conflicto de las banderas, y amplios sectores esperan que contribuya a mejorar las relaciones entre Madrid y tos Gobiernos autónomos, en especial el de Vitoria.

El presidente González se presentó en el País Vasco pocas horas después de desatarse la tragedia y sobrevoló bueña parte de las zonas devastadas en compañía del ministro de Obra Públicas, Julián Campo, en un intento de establecer la magnitud de las destrucciones. En esta visita le acompañó Carlos Garaicoechea, a quien reiteró la oferta de poner en sus manos todos los recursos necesarios para salir al paso de la situación y pensar en la posterior reconstrucción «sin necesidad de declarar el estado de alarma».

Antes de visitar la zona castigada por las inundaciones había estado en contacto con el ministro del Interior, Barrionuevo, en cuyo Departamento se habían dado los primeros pasos oficiales para organizarlo todo. En el Ministerio del Interior, cuando se apreció la amenaza del fuerte temporal, se puso en marcha un «órgano de coordinación», encabezado por Rafael Vera, director de Seguridad del Estado, que tuvo como misión -establecer un puente entre Protección Civil y el Gobierno vasco y los diversos Gobiernos Civiles sometidos a la autoridad del «lendakari». Sobre este primer escalón se establecerían, posteriormente, todas las demás medidas de ayuda.

Carlos Garaicoechea

Carlos Garaicoechea ha conocido en estos últimos días el momento más difícil de su mandato, que no se ha caracterizado nunca, precisamente, por los días felices y tranquilos. La figura del «lendakari» ha cobrado un especial halo dramático y su papel se ha révalorizado políticamente al comparecer como cabeza visible de unas fuerzas que tratan de combatir y paliar los efectos de las inundaciones, enemigo imprevisible que ha arrasado buena parte del País Vasco.

El «lendakari» ha contado, desde el primer momento, con todo el apoyo y los medios posibles, puestos a su disposición por el Gobierno de Madrid. También se ha visto respaldado por la población vasca, que trabaja, codo con codo, en la recuperación de pueblos y ciudades. Quizá le quepa la amargura de que, una vez más, ciertos grupos políticos mantienen una actitud de mezquina intolerancia, con la que no ha terminado el agua, y que ha rebrotado ahora que la situación tiende a normalizarse en las zonas más golpeadas. De todas formas, en un gesto que quizá preludie futuros comportamientos, Carlos Garaicoechea saltó ayer al paso de algunas insinuaciones sobre el funcionamiento separado de ciertas tareas al decir, secamente: «No estamos para lujos. Ahora todos tenemos que aportar nuestros esfuerzos a una tarea común con la mayor coordinación posible.»

«Protección Civil no es un organismo más que se suma a los que trabajan por paliar una tragedia, vertido en protagonista de las últimas horas como representante cíe un organismo que era prácticamente desconocido para buena parte de los españoles, porque sólo sale a la luz en casos de catástrofe. Según el propio director general, sino que es la articulación de todos los organismos, medios e instituciones, que intervienen en el salvamento y rescate: Ejército, Fuerzas de Seguridad del Estado, Cruz Roja, asociaciones de vecinos, etc. Nuestra misión es conseguir que no vaya cada uno por su lado».

En las últimas jornadas, ni Antonio Fígueruelo ni sus colaboradores se han podido permitir el descanso, porque a sus trabajos de supervisión y coordinación han tenido que sumar el de «informadores» continuos, a los que se recurría para establecer tanto la valoración de daños como —y más trágicamene— la de pérdidas humanas. Protección Civil se ha esforzado por mantener un tono de serenidad, que suavizará la tensión existente y no aumentará la sensación de amargura y pesimismo con que se están viviendo, lógicamente, estas jornadas. ; De todas formas, el director general de Protección Civil ha mostrado repetidamente su inquietud sobre el coste de una tragedia, que podrá valorarse definitivamente cuando terminen los trabajos de descombro y limpieza, todavía en marcha.

Silencio culposo

Faltaba la «nota» de Herri Batasuna, y ha llegado. La «coalición» no se resigna a practicar su política sectaria ni siquiera cuando el dolor se cierne sobre su pueblo. Su oficina de propaganda, a la que ellos llaman de «Prensa», ha divulgado un panfleto en el que se refiere a «la población civil, los bomberos y las organizaciones populares» volcados desinteresadamente en la ayuda a los afectados. Naturalmente, silencia a otros que se están dejando la vida para auxiliar a la población: la Guardia Civil (cuatro muertos), la Policía (toda la Policía) y el Ejército.

La respuesta de las Fuerzas del Orden

A las Fuerzas de Orden Público en las Vascongadas, Cantabria y norte de Burgos les tocó hacer frente a la catástrofe en los primeros momentos. En especial, a la Guardia Civil y a la «Ertzaina» vasca. La primera, por su función eminentemente rural que la convertía, en muchos casos, en la única fuerza disponible para coordinar y llevar a efecto las tareas de rescate.

Fueron los momentos de mayor riesgo y la Benemérita pagó su tributo de sangre en las vidas de cuatro de sus miembros, arrastrados por la riada cuando trataban de rescatar a una joven. La «Ertzaína» se movilizó también inmediatamente, procurando, en coordinación con las Agrupaciones de Tráfico de la Guardia Civil, mantener abiertas las comunicaciones terrestres y facilitando e! aporte de víveres y el traslado de víctimas.

A los policías nacional y municipales tes correspondió idéntica función en los grandes núcleos urbanos. Fue en Bilbao donde se llevo a cabo el mayor esfuerzo en medio de la ruina y la oscuridad. Luego vendrían otras tareas no menos penosas: la vigilancia de los bienes de las víctimas, la persecución a cargo de los inspectores del Cuerpo Superior de los casos de pillaje, el establecimiento del orden en las colas de suministros y la colaboración general con el resto de las organizaciones militares y civiles.

Las Fuerzas del Orden, locales, autonómicas y nacionales, dieron la cara en los primeros momentos, cuando el desconcierto va camino de convertirse en pánico

El esfuerzo de estos hombres es aún más encomiable al recordar que salieron a la calle, al peligro, mientras sus propias familias sufrían los mismos riesgos que el resto de la población.

En cifras, la Guardia Civil ha movilizado un total de 5.000 hombres, de las Comandancias de Bilbao, Vitoria, San Sebastián, Santander, Logroño y Burgos; así como compañías especiales del GAR, unidades de buceadores y helicópteros. La Policía Nacional mantiene unos tres mil hombres de las Banderas de la zona norte, con refuerzos en las unidades de transmisiones. Las plantillas de las Policías locales y autonómicas están movilizadas en su totalidad, al igual que las del Cuerpo Superior de Policía.

La colaboración de la población civil, en especial de los jóvenes, y de las Fuerzas militares y Cruz Roja ha sido absoluta.

Efectivos militares en las zonas afectadas

EJERCITO DE TIERRA

• Seis mil hombres, encuadrados en ocho regimientos de Infantería, Artillería e Ingenieros. Doscientos especialistas en actividades subacuáticas y transporte aéreo.

• Doscientos vehículos y medio centenar de máquinas pesadas para trabajos de desescombro y limpieza.

• Cocinas de campaña, panificadoras, hospitales de campaña, transmisiones móviles.

• Unidades de helicópteros de la VI Región Militar (Burgos) y de las FAMET de Colmenar Viejo (Madrid), entre ellos los Chinooks para transporte pesado.

ARMADA

• Setecientos hombres de las dotaciones de destructores y buques auxiliares.

• Destructores «Lepante» y «Blas de Lezo», remolcador de altura «Mahón», dos patrulleros y un buque algibe para transporte de agua, Se encarga del puente marítimo Santander-Bilbao.

• Helicópteros del Grupo Aeronaval de la Armada con base en Rota (Cádiz). Unidad de buceadores de combate.

EJERCITO DEL AIRE

• Medios y personal del Servicio Aéreo de Rescate (SAR), con dos helicópteros Puma y otros tres Súperpuma.

• Material y personal del puesto de mando junto al presidente del Gobierno autónomo.

• Centro de Control de Salvamento para enlace e información de sus unidades.

• Están alertados los escuadrones de transporte ligero, medio y pesado de Getafe, Válladolid y Zaragoza, con aviones Aviocar, Caribou y Hércules.

 

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