Autor: Caso, José Ramón. 
   Euskadi: Ulster o convivencia     
 
 Diario 16.    31/08/1983.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

31 agosto-83/Diario 16

JOSÉ RAMÓN CASO

Secretario general del CDS

Euskadi: Ulster o convivencia

Es posible que, después de la catástrofe vasca y la solidaridad española, el clima de crispación que se había creado últimamente dé pie a otras posibilidades políticas. Sin embargo, hay que recordar los datos sociales de la realidad vasca y, frente a tentaciones de «ulsterización», reafirmarse en la vía de la negociación y el diálogo.

No se puede hablar del problema vasco sin partir del conocimiento de algunos hechos, como son, nos guste o no nos guste, que en las elecciones generales de 1979 y 1982 el 53,5 por 100 del electorado vasco se inclinó por partidos nacionalistas (PNV, EE o HB), y que ese porcentaje se elevó al 67,2 por 100 en las elecciones- autonómicas de 1980; que, según los datos del Informe FOESSA, 1975-1981, el 97 por 100 de los partidarios de HB, el 85 por 100 de los de EE y el 65 por 100 de los del PNV eran en 1979 partidarios de la independencia (lo que supone prácticamente el 40 por 100 del electorado vasco), y que, aproximadamente, el 50 por 100 de los residentes en Euskadi consideraban en esas fechas a los terroristas de ETA como patriotas o idealistas.

Había un trasfondo emocional común con raíces históricas lejanas que subyacía bajo esas definiciones: la creencia básica de que se pertenecía a un pueblo, a una colectividad nacional, perseguido y ultrajado por un invasor extranjero. Y, sin embargo, era preciso, y así se hizo, ahondar en los matices y en las diferencias entre los distintos grupos nacionalistas, y evitar la terrible simplificación de considerarlos a todos independentistas y partidarios de ETA.

Diferencias

Así, los electores del PNV se diferencian claramente en el terreno ideológico de los de EE y HB. Mientras los primeros se consideran de centro izquierda, los segundos son partidarios de un modelo de sociedad marxista-leninista. Y aún hay una diferencia más crucial entre los partidarios de HB y los del PNV y EE. Estos últimos aceptan y defienden la vía democrática y representativa para mantener sus tesis políticas, mientras que los primeros descartan el tratamiento político parlamentario, por considerar qué es un engaño al pueblo vasco y, por tanto, preconizan la violencia como único medio para la consecución de una Euskadi socialista, soberana e independiente.

Por todo ello, tenía razón Tierno Galván cuando decía en el Congreso de los Diputados, en los debates constitucionales: «Hemos de tener clara conciencia que no es sólo un fenómeno de terrorismo. Si lo fuese, podríamos aplicar tales criterios, que el terrorismo concluyese. Pero tenemos que responder al hecho de que hay un fenómeno de resistencia civil, y la resistencia crea una atmósfera, y a una atmósfera no se la fusila, ni a una atmósfera se la puede condenar al silencio o al ostracismo.»

La desconfianza de los nacionalistas vascos hacia el centralismo no se logró vencer con la Constitución, y sólo con el Estatuto de Guernica, respaldado por los partidos vascos (incluido el PSE-PSOE y excluido HB), pactado en la Moncloa con el entonces presidente Adolfo Suárez, aprobado por las Cortes Españolas y ratificado por el pueblo vasco en referéndum, se inició un proceso histórico trascendental de colaboración.

Por supuesto que HB se negó a aceptar este proceso y a sentarse en el Parlamento nacional o en el Parlamenta vasco. Y ello porque sabía, como así se produjo, que este proceso, sometido a mil vaivenes y discrepancias, iba a conducir a una disminución de las aspiraciones independentistas en el pueblo vasco.

La LOAPA

Esta situación cambió radicalmente a partir de los pactos autonómicos suscritos, pocos meses después del 23-F, por Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno y Felipe González como secretario general del PSOE La LOAPA pretendía ser, según sus autores, la ley armonizadora que acabara con las ambigüedades del título VIII de la Constitución. Pero para los nacionalistas, y para otros que no lo somos, esa ley no sólo pretendía homogeneizar incluso lo que no se debe homogeneizar, sino que, al mismo tiempo, pretendía recortar lo ya acordado en los Estatutos de autonomía.

Esta política ha dado nueva vida a HB que, ahora, maníqueamente puede dirigirse al electorado diciendo: «Teníamos razón. No existe solución política, sólo la violencia. Los dirigentes del PNV y EE son unos ingenuos a quienes Madrid ha engañado.»

En estos últimos meses se ha producido un recrudecimiento de la adhesión 3 las tesis independentistas, del apoyo a ETA y de la capacidad de movilización de HB. En este clima es natural que los partidarios de la violencia provoquen altercados, como la tristemente famosa «guerra de las banderas».

¿Cómo hay que interpretar a la luz de estos hechos las recientes palabras del presidente González, en que prometió la mayor firmeza para garantizar: el orden y, simultáneamente, recordó que muchos Gobiernos progresistas han caído a lo largo de la historia por no haber sabido preservar la paz social y el orden público? Es preciso recordar las palabras del diputado comunista catalán Solé -Tura ante el Congreso: «El problema de Euskadi no es sólo el problema de Euskadi; es el problema de toda España. Si no resolvemos este problema, no funcionará la Constitución, no funcionará la democracia. Esta democracia nuestra tan precaria, no puede permitirse el lujo de un Ulster.»

Existe un cáncer en Euskadi. Pero no se extirpará sólo con la eliminación o neutralización de los terroristas de ETA. Ni tampoco con la ¡legalización de HB. Hoy por hoy, el 16 por 100 del electorado vasco, aproximadamente 180.000 personas, en su gran mayoría jóvenes, respaldan una vía violenta hacia la independencia.

Hay que sopesar cuidadosamente las medidas que se toman, tanto políticas como policiales, porque si se producen errores, ese cáncer se puede propagar ai resto del cuerpo social. La solución tiene que venir por la capacidad de atracción que los partidos nacionalistas democráticos, PNV y EE, ejerzan sobre ese electorado. Tienen que poder demostrar que, dentro de la Constitución y del Estatuto de autonomía, en definitiva dentro de España, los vascos pueden desarrollarse pacificamente como pueblo, con altas cotas de autogobierno.

OPINIÓN

 

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