Autor: Montaner, Carlos Alberto. 
   Contraterrorismo: cinco medidas     
 
 Diario 16.    05/09/1983.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CARLOS ALBERTO MONTANER

Escritor

Contraterrorísmo: Cinco medidas

Todos los analistas e intelectuales comprometidos con la democracia española intentan, tras las tormentas, pensar en un plan de largo alcance que termine definitivamente con el terrorismo vasco. Aquí se plantean unas bases fundamentales sobre las que apoyar esa política.

El señor González ha intuido, correctamente, que el más serio problema del Estado español es el terrorismo de ETA y los crecientes desórdenes en el País Vasco. Por ahí puede venir el derrumbe, y gobernar hoy en España consiste, fundamentalmente, en evitarlo. Si se equivoca, si fracasa, de nada le valdrán sus buenas intenciones ni su prudencia. Habrá sido un pesimo gobernante y quién sabe si el último de un hermoso paréntesis de libertad en medio de una fatigada historia de terror. ¿Qué puede hacer, entonces, el presidente en su papel de antiterrorista?

Independentísmo

Primero: Vale la pena escuchar la voz inteligente de Revel: ábrasele una puerta constitucional al independentismo. Como Canadá, que no sólo admite la posibilidad de perder la porción francófona, sino que hasta contempla serenamente a los grupos separatistas de Alberta. Como Inglatera, que está dispuesta a entregar el Ulster si lo piden los electores. Si una región española a lo largo, digamos, de diez años, y en tres referendums consecutivos, mayoritariamente opta por la Independencia, no tiene sentido intentar sujetarla por la fuerza al Estado español. Es un riesgo, pero probablemente ocurra lo contrario: si los catalanes, los vascos o los gallegos, con sólo pedirlo, tienen la posibilidad legal de independizarse, al elegir no hacerlo estarán reforzando cada vez más la téndencia españoleta.

Por otra parte, la puerta abierta detundente de quitarle toda legitimidad moral a los grupos terroristas.

Segundo: El Gobierno debe entender que terrorismo y contraterrorismo constituyen, fundamentalmente, una guerra psicológica, y se debe llevar esa guerra al bando enemigo por medio de la informática y la propaganda directa, como hicieron los japoneses para enfrentarse a la mafia. En los archivos de la Policía hay —o debiera haber— miles de nombres de simpatizantes de ETA y de Herri Batasuna. Escríbanles directamente, con nombre y apellidos, responsabilizándolos moralmente de complicidad con los crímenes. Es importante que se sientan involucrados con los hechos de sangre. Publíquense estas listas. Cúlpese personalmente a estos ciudadanos, de manera que termine toda forma de anonimato. Que cada vez que un policía o un guardia civil sea asesinado su sangre salpique directamente a quienes apoyan a ETA.

Tercero: Endurézcanse las penas antiterroristas y fíjese una fecha, a plazo medio, a partir de la cual quede legalmente prohibida cualquier medida de indulto o de rebaja de condena para delitos directa o indirectamente vinculados al terrorismo. Que sepa quien practica el terrorismo, o quien lo apoya, que no será posible conseguir la amnistía porque la ley expresamente lo prohibe. Que sepan que veinte años de cárcel serán exactamente veinte años de privación de libertad.

Cuarto: No caer en provocaciones inútiles enfrentando en las calles a los demócratas contra los totalitarios. A los demócratas sólo se les convoca a votar o a manifestarse pacíficamente, nunca a luchar contra los violadores . de la ley. Para eso está la Policía, a la que hay que dotar y pagar generosamente con primas por peligrosidad excepcional.

Ilegalizar HB, no

No se ¡legalice Hérri Batasuna, como grupo, pero llévese a los tribunales a las personas que violen la ley. La existencia de ese partido es más beneficiosa que perjudicial para la democracia. Permite identificará los cabecillas y contar a los partidarios del terrorismo. En última instancia es un valioso canal de información y uná via de negociación en el muy dífícil de que los terroristas quiérán deponer

sus armas

 

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