Muertes y barro     
 
 Diario 16.    17/09/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Muertes y barro

El asesinato del policía nacional Pablo Sánchez César, en urníeta (San Sebastián), le convierte en la primera víctima de ETA, de las Fuerzas de Orden Público, tras la «tregua meteorológica» que siguió a las trágicas inundaciones del País Vasco del pasado mes de agosto.

El crimen —uno más en la interminable cadena de muerte y horror con que los etarras aterrorizan a Euskadi— tiene, sin embargo, ribetes de singular simbolo-gía. Constituye todo el macabro «homenaje» con el que los terroristas «premian» la abnegada y sacrificada labor de las Fuerzas del Orden Público, algunos de cuyos miembros han dejado su vida en los lodos y barrizales del norte. .

Si alguna experiencia positiva puede extraerse de las terribles riadas que asolaron Bilbao, esta es, sin duda, el vasto y amplio movimiento de solidaridad que la tragedia vasca provocó en las distintas regiones y pueblos de España.

Si algún efecto produjo este amplio sentimiento de comprensión y solidaridad nacionales en el pueblo vasco, este nuevo crimen no puede por menos que provocar la repulsa unánime contra los asesinos de la capucha que en esta ocasión han mezclado el barro de la tragedia con el dolor de una nueva familia destrozada por la demencia y la intransigencia irreductible de estos locos iluminados.

El lendakari Garaicoechea, el PNV, las fuerzas políticas vascas no pueden responder a este nuevo crimen con las lamentaciones y los comunicados de siempre porque no se trata de un asesinato más —aunque sus consecuencias hayan sido similares a las de los cientos de muertes anteriores—, sino de una acción que va más allá de los límites conocidos de la infamia.

 

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