Carrillo y los psiquiatras     
 
 Diario 16.    22/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Carrillo y los psiquiatras

La legalización del PCE puede ir para largo si, como algunos temen, el Tribunal Supremo "devuelve la

pelota" al Gobierno rehusando decidir en base a ciertos argumentos procedimentales y a determinada

interpretación del decreto-ley que suprimió la ventanilla. El aplazamiento de la legalización del PCE,

cualesquiera que sean las razones jurídicas que se esgriman, sería lamentable porque equivaldría a

mantener una innecesaria hipoteca sobre nuestra normalización política. Si en vez de remover los

obstáculos nos empeñamos en acumularlos, la democracia puede ser aquí una realidad ad calendas

graecas.

El PCE, por su parte, va a tener que convencer con hechos contundentes de su aceptación sincera de la

democracia y de los procedimientos parlamentarios. Los euroecomunistas no deben sorprenderse de que

sus fervores verbales respecto de las libertades personales y demás principios democráticos susciten

muchos recelos. Al fin y al cabo han de reconocer que de los 50 años que los partidos comunistas

occidentales tienen de existencia, más de 30 han estado caracterizados por la devota adhesión al

stalinismo y por el respetuoso e indiscutido sometimiento a lo que representaba la patria del

internacionalismo proletario, ante la que todavía a muchos se les cae la baba dogmática. Lo peor que

podrían hacer los eurocomunistas es presentarse como demócratas de toda la vida, porque eso no va a

colar. Nadie les va a discutir su combativa oposición al franquismo, pero su democracia deben probarla

todavía, si quieren despejar todas las dudas, con realidades más palpables.

Lo primero que tienen que hacer los eurocomunistas —y la próxima "cumbre" madrileña puede ser una

magnífica ocasión para ello— es condenar de una manera inequívoca el sistemático desprecio de los

derechos humanos endémico en los países comunistas del Este y origen del presente movimiento de

protesta que demuestra las dudosas delicias de aquel modelo de socialismo. Carrillo acaba de condenar, a

título personal, la represión en la Unión Soviética y Checoslovaquia, pero hace falta una toma de posición

mucho más categórica que descalifique radicalmente a aquellos países antes presentados como

paradigmas. Ese modelo aquí no tiene clientela.

Mientras en el PCE y en los otros partidos eurocomunistas persistan sectores cunhalistas encandilados por

el Este cual devotos musulmanes, va a ser muy difícil creer en la conversión democrática de los

comunistas. Es el propio interés de éstos el que les aconseja desembarazarse de cuanto aún les queda de

su etapa de ortodoxia moscovita, porque, ¿qué sería de un Carrillo en un país comunista de los de allá? En

el mejor de los casos acabaría cultivando flores como Dubceck, que fue una especie de eurocomunista

prematuro. Si es que no caía en las garras del López Ibor local y se convertía en una especie de Heidi

corretona gracias a los milagros de la psiquiatría soviética.

Es mucho lo que han de evolucionar todavía los eurocomunistas para conseguir la credibilidad

democrática. Bettino Craxi, el líder socialista italiano, recordaba hace bien poco a Berlinguer y sus

muchachos, que tienen el prestigio de ser los que han patentado el invento, la necesidad de introducir la

democracia en su propio partido, acabando con el centralismo democrático y con una serie de hábitos y

resabios que hacen todavía de los partidos comunistas partidos diferentes encadenados por el atavismo de

sus orígenes.

 

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