Con el del conde de Aresti, tres asesinatos en once horas. 
 Nueva oleada terrorista en vísperas del Parlamento Vasco     
 
 Diario 16.    26/03/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

Con el del conde de Aresti, tres asesinatos en doce horas

Nueva oleada terrorista en vísperas del Parlamento vasco

Tres atentados, con tres muertos en el corto espacio de doce horas, el último de ellos el de una personalidad tan conocida en la sociedad vasca como la del conde de Aresti, hacen temer una nueva ola de violencia en Euskadi que algunos políticos inscriben en una acción contra el nuevo marco institucional que nacerá de la constitución del Parlamento vasco.

Han sido los tres primeros muertos del País Vasco tras las elecciones del 9 de marzo, y todos los indicios apuntan hacia ETA militar como responsable.

Bilbao

Fue primero el joyero durangués Dámaso Sánchez, a quien algunos vecinos de la localidad vizcaína adjetivaban de chivato y ultraderechista y del que se decía había sido amenazado en sucesivas ocasiones por ETA.

Dos individuos encapuchados le ametrallaron junto a su establecimiento, en las cercanías de ]a iglesia de Santa María, sobre las 8,30 de la tarde del lunes.

Una hora más tarde, en Escoriaza (Guipúzcoa) caía abatido por los disparas de otro comando el marmolista José Acedo Quites, al que también se le atribuye colaboración con la Policía.

Aresti: ¿Impuesto revolucionario?

Estas acciones, que pueden inscribirse en la habitual actuación de ETA (m), difieren Sustancialmente

con la realizada en la mañana de ayer contra Enrique Aresti, conde de Aresti, en el interior del edificio La Unión y El Fénix Español, compañía aseguradora de la que era gerente.

A la espera de las razones que, presumiblemente, exponga ETA en su reivindicación, se especula con la posibilidad de que se trate de una nueva advertencia hacia aquellos que no pagan el impuesto revolucionario.

Antes de ir a misa

Enrique Aresti, tercero de la dinastía del condesado fundado en 1908, había llegada al edificio de su empresa sobre las 8,30 de la mañana. Treinta minutos más tarde tenía pensado acudir a la residencia de los jesuítas para asistir a la misa del quinto aniversario de la muerte de su padre.

El cartel de «No funciona» en la puerta de entrada del ascensor le llevó a iniciar, a pie, el acceso hasta su oficina. Pero en e.1 primer piso del edificio alguien le incrustó un único disparo en la nuca. El conde de Aresti quedó tumbado en el descansillo de la escalera, mientras un casquillo de bala, calibre nueve milímetros Parabellum, marca SF, dejaba una prueba más de la autoría del atentado.

El parte médico confirmaba que la muerte se había producido por «herida por arma de fuego con orificio de entrada en región occipital y de salida en articulación frontoparietal».

Nadie se dio cuenta del atentado, ni siquiera las vendedoras de periódicos que, cada mañana, se sitúan en las inmediaciones del edificio. El portero de la finca, que se encontraba en las calderas de calefacción, escucho un disparo y subió rápidamente al lugar, sin lograr ver a los agresores. Dos policías municipales, con las motocicletas aparcadas frente al portal, tampoco se percataron de los hechos.

Únicamente un empleado de la Caja Laboral Popular, junto al edificio de La Unión y El Fénix, se precipitó sobre la alarma hacienda creer a los transeúntes en la existencia de un atraco.

Este edificio, situado en el número 3 del paseo del Arenal, rematado por el ave Fénix, fue escenario de otro crimen allá por el año 1935. El socio del padre del actual conde de Aresti, señor Maura, fue abatido a tiros por un individuo que se presentó en la compañía aseguradora sentado sobre una silla de ruedas, haciendo creer en su condición de inválido, El carácter político de aquel atentado, a la vista de los cargos que ostentaban Maura y el segundo conde de Aresti, presidente de la Diputación vizcaína, parece haberse vuelto a repetir. Sin embargo, el carácter apolítico de la última víctima hace pensar en ia posibilidad de que Enrique Aresti hubiese sido objeto de petición del impuesto revolucionario y, al negarse a hacerlo efectivo, hubiese sido objeto de represalias. Sin embargo, en fuentes familiares, se afirmó que Aresti no había recibido cartas de ETA exigiendo este impuesto.

Familiares y amigos de Enrique Aresti, socio administrador de Maura y Aresti, S.L., coincidieron en señalar que «era un buen hombre y, de alguna forma, era una presa fácil, ya que siempre andaba a golpe de reloj». Para el socio del señor Aresti, éste «era un hombre extraordinario, simpático y todo un caballero*. Además de haber actuado activamente en la reconversión industrial del País Vasco, la familia Aresti había intervenido en instituciones sociales y caritativas. Enrique Aresti era presidente del Patronato de Protección a la Mujer y miembro de la Asociación Vizcaína de Caridad.

Garaicoechea, preocupado

Ante esta relación de hechos violentos, el presidente del Consejo General Vasco y probable presidente del Gobierno vasco, Carlos Garaicoechea, se mostró profundamente preocupado y pasó la mañana de ayer en consulta con los diferentes líderes políticos.

Para el lendakari, el problema número uno a resolver en Euskadi es el de la violencia y está convencido de que si éste se soluciona «la recuperación de nuestro pais será inminente».

Para Pilar Aresti, diputada provincial de UCD en Vizcaya y prima del conde de Aresti, el atentado «constituye un vil asesinato de aquellos que no quieren que tengamos paz ni estabilidad en nuestro País Vasco».

Para el líder centrista Jesús Viana, «los terroristas evidencian con sus acciones que el proceso político para ellos no vale nada y el resultado electoral que configura un Parlamento autónomo les tiene sin cuidado». Señaló, además, que «el terrorismo afecta a toda la sociedad vasca y es toda ella la que debe reaccionar contra aquél. Si la sociedad no lo hace o contempla impasible el deterioro, yo diría que los vascos tenomos lo que nos merecemos».

También el PCE condenó estos atentados y consideró que «el terrorismo sigue siendo el elementó desestabilizador de la situación política actual».

El PCE argumentó en su favor que Xepa Olabarría había sido candidato comunista a las elecciones municipales y había participado en numerosas manifestaciones antiterroristas.

El PSOE advierte del caos

«Estos actos —dijo ayer él Partido Socialista en una nota— merecen nuestra repulsa y condena más enérgica por el desprecio que suponen del valor de la vida humana, así como por la incidencia absolutamente negativa en el nuevo proceso que se abre ahora con la constitución del Parlamento vasco y el desarrollo de nuestras instituciones de gobierno.»

El PSE-PSOE, al mismo tiempo que expresa su más profunda condolencia a los familiares de don Dámaso Sánchez, don José Acedo y don Enrique de Aresti, «llama una vez más al pueblo de Euskadi y a todas sus organizaciones e instituciones a una toma de conciencia por el deterioro que suponen para la convivencia ciudadana estos incalificables hechos».

«Las acciones de los grupos terroristas —termina la nota— pueden arrastrar a nuestro pueblo al caos total. Sólo por el camino de la paz y de la construcción democrática podrán resolverse los graves problemas socioeconómicos que padece Euskadi..»

 

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