El frío del bisturí separatista     
 
 ABC.    11/12/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El frío del bisturí separatista

Más que políticamente penosas —que lo han sido—, consideramos que las condiciones en que se ha resuelto la visita del presidente del Gobierno a Bilbao son nacionalmente inadmisibles; rigurosamente inaceptables desde el punto de vista del Estado. Sin agotar precisiones sobre lo que pueda ser ahora y resultar a la postre el «Estado de las autonomías», es para nosotros muy claro que las condiciones de diálogo entre el Poder central y el Poder regional deben derivar de cierto acuerdo previo, por imperativo de la cortesía y de la buena crianza de los interlocutores, o en su defecto de un principio de autoridad que deriva "de la primacía constitucional que corresponde al Gobierno de la nación. Lo que no cabe es aceptar el golpe dorsal propinado por el partido mayoritario en las provincias vascas, por muy envuelta que pueda llegar la puñalada en la distinción entre las competencias que corresponden al partido (PNV) y las supuestas impotencias en que se desenvuelve el «lendakari» Garaicoechea. No entender muy claro todo esto supone riesgos cardinales para las estructuras y funciones unitarias del Estado, para la viabilidad final de las autonomías y para el entero sistema de democracia política.

En toda la penosa teoría de condiciones en que se ha resuelto la llegada de Suárez a Bilbao es, sin duda, lo menos importante y lo menos grave el exabrupto batasuno declarando persona no grata al presidente del Gobierno. En todo caso se trata de una impertinencia inocua, habida cuenta lo inicuo del aparato terrorista que le subyace y las iniquidades sin cuento que son imputables a esos trotskistas de campanario. Es un mero asunto de proporciones y una pura cuestión de crédito político. Y si cierto es que HB no parece mostrar interés alguno en conseguirlo, cierto es también que su inmediato peldaño nazi-marxista-separatista, el Euskadiko Ezkerra, presenta, por el mismo género de consideraciones, peligrosidad política mayor al explotar con habilidad cierta la audiencia que se le concede por disponer de una representación parlamentaria en ejercicio. Insistir a estas alturas del gran cansancio nacional, de la gran frustración de tantos españoles que creyeron mucho más que ahora en esa occidental compatibilidad entre libertad y seguridad, entre democracias, orden y trabajo; insistir, decimos, por parte de EE, en la necesidad de «medidas de gracia» (¿cómo se las puede aplicar a los muertos, a los asesinados por una ETA y por la otra?), o en denuncias genéricas sobre la aplicación de torturas en las cárceles españolas (denuncias que Amnesty International recicla y propala mundialmente) compone´ un sarcasmo intolerable para todo español bien nacido.

Pero donde la crónica triste de este desalentador episodio vasco registra datos de gravedad más profunda, rasgos más deletéreos y peligrosidad mayor, es en lo que toca al aludido comportamiento del PNV. Y no es totalmente porque el partido fundado por Sabino Arana no entienda el tema de España, como ha dicho con valerosa claridad el socialista Benegas; es, muy posiblemente, porque el Gobierno no alcanzó nunca a comprender las limitaciones esenciales en la españolidad del PNV. Su gaseosa ambigüedad del peneuvismo en el orden de los fines y en el plano de los medios.

Hay en ese partido, interlocutor principal del Gobierno en los temas vascos, una suerte de taumaturgia inversa que se expresa en su capacidad probada de envenenar todos y cada uno de los asuntos sometidos a negociación.

Desde el tema de la Policía autónoma-al asunto de los conciertos económicos. Toda oferta que se le haga y que no lleve implícita, prejuzgándola, la hipótesis de la autodeterminación, será rechazada con un desplante hiriente. Es inaceptable la dialéctica peneuvista de pedir y pedir cuando el hambre asoma sus fauces por regiones españolas que nunca se vieron favorecidas por los aranceles del Estado centralista, antes o durante el franquismo. Es intolerable el empleo de la huelga institucional, el paro de los Ayuntamientos donde PNV, HB y EE retozan la promiscuidad secesionista, olvidando discrepancias sobre modelos de sociedad. Es inadmisible que se haya escarnecido así al Estado en la persona de quien representa al Gobierno de la entera nación.

Ese frío que dice el presidente Suárez que ha sentido en Bilbao es, se lo diremos, el frío del bisturí con que quieren sajar la unidad de España.

 

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