Autor: Azaola, José Miguel de. 
   Una mayoría ocasional     
 
 Diario 16.    01/10/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario 16/1 -octubre-80

JOSÉ MIGUEL DE AZAOLA

Una mayoría ocasional

«La mayoría que ha votado la confianza resulta ser una mayoría ocasional. Una

cosa es que el Gobierno se satisfaga con ella y otra cosa muy distinta es que

haya logrado una mayoría gubernamental propiamente dicha.»

El Gobierno ha obtenido del Congreso un voto de confianza, que,

cuantitativamente, es no sólo suficiente, sino, incluso, holgado. Ciento ochenta

diputados a favor y dos abstenciones, en una Cámara de 350 miembros, es algo que

no pocos jefes de Gobierno, empezando por el propio Suárez y terminando por

cualquiera de sus colegas europeos, se abonarían a tener durante muchos años.

Cualitativamente, la cosa es muy distinta.

Si en algo acertó el presidente del Ejecutivo al hacer su declaración política

el 16 de septiembre, fue en identificar los cuatro asuntos más importantes de la

vida pública española en el día de hoy: política económica, política de

protección de las libertades y de la seguridad y el orden público, política

internacional y construcción del Estado de las autonomías. El voto de confianza,

para ser enteramente satisfactorio (para ser de confianza plena), había tenido

que abarcar el conjunto de la política del Gobierno, sin exceptuar este o el

otro aspecto.

Habría tenido que ser un voto de confianza al Gobierno como tal, no a un sector

determinado, o a varios sectores determinados, de su comportamiento. Pues bien:

el Gobierno, renunciando de antemano a pedir del Congreso tanta generosidad,

limitó la solicitud de confianza a unos pocos puntos: ni siquiera a los cuatro,

importantísimos, que he citado; solamente a dos.

De modo que no sabemos si en política internacional goza el Gabinete Suárez de

la confianza del Congreso. Ni sabemos si goza de ella en lo atañedero a la

protección de las libertades y mantenimiento del orden y la seguridad públicos.

Ni sabemos tampoco si puede contar con ella en una serie de sectores que quedan

al margen de los cuatro temas de marras: por ejemplo, en política de enseñanza,

en política cultural, en política de información (RTVE incluida) o en política

sanitaria, ferroviaria, etcétera.

Confianza parcial

Sólo sabemos que cuenta con la confianza del Congreso en lo relativo a la

política económica y en lo que respecta a la construcción del Estado de las

autonomías. Y aun esto, no lo sabemos de seguro.

Si de algo tenemos que fiarnos, es de lo que han dicho los propios portavoces de

los dos grupos parlamentarios que han sumado sus votos afirmativos a los de la

UCD: el de los nacionalistas catalanes y el de los andalucistas. Pues bien: el

diputado Roca Junyent, portavoz del primero de ellos, dijo el día 17, al

anunciar el voto favorable al Gobierno, algo que las tres versiones

periodísticas que tengo ante los ojos expresan de manera diversa en la forma y

coincidente en el fondo: «Nosotros, como grupo de oposición no sistemática»; «No

somos un grupo de oposición sistemática»; «Roca insistió también en que su grupo

no actúa en una oposición sistemática.»

En lenguaje parlamentario, el no ser oposición sistemática no ha equivalido

nunca a ser gubernamental. Entre la oposición no sistemática y la integración en

la mayoría, hay todavía una considerable distancia.

Y el diputado Rojas Marcos, al condicionar expresamente el voto afirmativo de su

grupo a las respuestas que el Gobierno diese a unas preguntas muy concretas que

formuló acerca de la tramitación del Estatuto andaluz, dejó en pie la sospecha

de que la confianza de los andalucistas se reducía a este punto, para ellos

fundamental.

Pues, aunque la solicitud de] Gobierno comprendía, además del tema autonómico,

el tema de la economía, está por ver si las huestes del andalucismo le siguen

por este derrotero. Es probable que apoyen el incremento de la inversión pública

o el de la construcción de viviendas sociales (cosas que también podrían apoyar

el PSOE y los comunistas); pero, ¿se atreverán a votar a favor de la subida de

los impuestos indirectos? Permítaseme dudarlo seriamente.

Oposición ocasional

Veremos lo que sucede el día en que, por el lado de los nacionalistas catalanes,

la oposición no sistemática (o la no oposición sistemática, el «Diario de

sesiones» lo aclarará) se convierta en oposición ocasional. Entonces tendrá el

Gobierno que buscar en otro sitio los votos necesarios para reunir una mayoría

ocasional. Una cosa es que el Gobierno se satisfaga con ella y otra cosa muy

distinta es que haya logrado formar una mayoría gubernamental propiamente dicha.

No existe, hoy por hoy, en el Congreso, una mayoría de este género... a menos

que unos pactos secretos —disimulados detrás del lenguaje del diputado Roca

Junyent— la hayan creado a espaldas del país Y aun así, no bastará para aprobar

leyes orgánicas, porque 174 no llegan a ser la mitad más uno de 350. Haría falta

que hubiese además otros pactos secretos con el grupo andalucista. Tendríamos de

este modo una criptomayoría gubernamental, lo que no es ni improbable, ni nuevo.

Pero a lo que, si es así, hay que llamar por su nombre. Lo que resulta

censurable es que, para llegar a reunir esa mayoría ocasional, o a formar esa

criptomayoría gubernamental, se haya echado mano del arsenal de las autonomías,

como si éste fuese propiedad exclusiva del Gobierno. No hay que cansarse de

repetir que el asunto de las autonomías no es tema de Gobierno, sino de Estado.

El Gobierno no tenía derecho a construir su mayoría (o criptomayoría) con el

ladrillo de los andalucistas, a cambio de una aplicación, traída por los

cabellos, del artículo 144 de la Constitución; y con el ladrillo catalanista,

pero sin el del PNV.

Porque cuando promete aplicar lealmente los Estatutos ya promulgados, los

catalanistas entienden por «aplicación leal» una cosa que no entienden por tal

los peneuvistas. El Estado de las autonomías o se edifica entre todos -entre

todos ¡os partidos importantes y todas las comunidades autónomas o

preautonómicas—, dejándose cada cual en el guardaropa sus intransigencias y sus

egoísmos (de partido y de comunidad, o es un fraude al país, que ni el Gobierno

ni la oposición tienen derecho a cometer. Piénsenlo una vez más, aquél y ésta,

que todavía están a tiempo para sacar el tema autonómico del palenque donde

dirimen sus querellas y poner así la estructuración del Estado a salvo de los

embates de los partidos, impidiendo —entre otras cosas- que vuelva a servir de

moneda para comprar votos o de manto de Noé para esconder el bochorno del

descalabro del 28 de febrero.

 

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